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Robo de perros para peleas clandestinas

Canes de raza cara y, a ser posible, de pequeño tamaño, son las nuevas víctimas de las bandas organizadas.

Irene Ballesteros. 

Tiempo de lectura 4 min.

21 de septiembre de 2017. 08:22h

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Cuidadores y criaderos ilegales, poca información y mucho dinero en juego es lo que precede a un mercado cada vez más en alza en robo de perros. Tan sólo «el año pasado se registraron 10.000 casos en nuestro país», según Eva Pozo, presidenta de la Asociación Animalista «Moviendo el Rabito». Ahora hay un nuevo hombre del saco que se interesa por los perros extraviados. ¿El objetivo? Emplear estas mascotas en enfrentamientos de vida o muerte, criarlos de forma ilegal y venderlos en el extranjero e incluso utilizarlos para la experimentación o ensayos clínicos. «En Holanda y Bélgica no hay perreras ni venta de animales, por lo que roban perros en España y los venden en esos países donde pueden llegar a sacar entre 600 o 700 euros por la venta de un bulldog francés, por ejemplo», afirma Eva. Toda una red de profesionales del hurto que buscan incrementar sus ganancias a costa de animales indefensos.

El caso de Yareli Rodríguez, una joven a la que le engañaron y robaron su mascota, es uno de los muchos casos conocidos en Gran Canaria, donde hace unos meses la Policía desarticuló una red que utilizaba más de 200 animales empleados como «sparring» en peleas de perros. Estas bandas «suelen ser mafias de países del norte de Europa que por cada pelea pueden llegar a apostar hasta 50.000 euros», asegura Eva. Además, Matilde Cubillo, presidenta de Justicia Animal, asegura que estas mafias «roban cachorros que suelen ser de presa para entrenarlos. Les lanzan gatos o les atemorizan con otros perros para que ataquen con sangre. Es una brutalidad».

La historia de Yareli comenzó hace más de un mes cuando vio por última vez a Danko, un bulldog francés de cinco años, confiado y cariñoso, el blanco perfecto para estas mafias. Esta joven cometió el error de no informarse en profundidad y de confiar su mascota a un lugar nada seguro. Yareli dejó a Danko en una guardería para perros de la que tenía muy buenas referencias, pues iba a pasar unos días fuera de Las Palmas. «Mi confianza en la chica que regenta la guardería canina era total, de hecho, le llegué a dejar las llaves de mi casa en alguna ocasión. Ella fue la que me recomendó a este cuidador canino que, según ella tenía experiencia como veterinario», cuenta a LA RAZÓN. Y es que algunos veterinarios acaban involucrados en estos delitos, «suelen ser casos aislados, pero dentro de las operaciones que llevan a cabo estas actividades, en ocasione, están implicados. Muchos les cambian el chip y otros acaban tratando a perros de peleas ilegales que saben que proceden de ahí y no hacen nada por evitarlo», afirma contundente Matilde.

Yareli, como muchos durante el periodo estival, decidió dejar a su perro con un profesional, pero desde un primer momento «hubo algo que no me inspiró confianza. Quedamos en que hablaríamos de forma diaria para saber qué tal se encontraba Danko, sin embargo, esto sólo duró un día. Además, el cuidador nunca me preguntó sobre el historial de mi perro, algo que considero fundamental si te vas a encargar por un tiempo de un animal que no es tuyo», asegura.

Cuando volvió de sus vacaciones se llevó la gran sorpresa. Al ir a recoger a Danko, su cuidador se presentó con las manos vacías y acompañado de otro hombre que «no lo había visto en mi vida», asegura la canaria. A partir de aquí, las mentiras que la joven tuvo que escuchar se sucedieron. Le aseguraron que un supuesto golpe de calor había acabado con la vida del animal y que ya estaba enterrado. «No me podía creer lo que estaba escuchando, me dio un ataque de ansiedad y tuve que irme. Esa noche no dormí nada». La joven asegura que se trata de «una mafia de cuidadores ilegales que se dedican a robar animales para criarlos y luego venderlos. «Esto genera un negocio donde ganan mucho dinero aprovechándose del desconocimiento de los dueños», lamenta.

Pero, su historia no es la única. El pasado mes de enero Tamara vio como le robaban a Zoe, una hembra de ocho meses mezcla de bichón maltés y yorkshire. A las doce de la mañana se encontraba junto con sus otras mascotas que corrían sueltas por un parque de la zona de Orcasitas (Madrid). «De repente se acercó un hombre que parecía que quería tocarla, ella se asustó, le ladró y entonces fue cuando se la llevó. Salió corriendo hacia un coche gris donde le esperaba otro hombre y se fueron a toda prisa», cuenta a LA RAZÓN. A pesar de que Zoe no es un perro de raza, lo aparentaba, lo que le bastó a esta mafia para robárselo a su dueña. «Las bandas organizadas suelen actuar en grupos pequeños, sobre todo de dos en dos, para que uno sustraiga al animal y el otro conduzca el coche en el que huirán. Luego los revenden en Internet. En este caso, no sólo revenden animales robados, lo cual ya es ilegal per sé, sino que ejercen la economía sumergida puesto que no están dados de alta ni en Seguridad Social ni en Hacienda, y así, no emiten facturas, ni garantías», afirma Laia García, abogada en Derecho Animal.

Pero estas bandas organizadas no sólo roban en la calle, también «han entrado en perreras y refugios», asegura Eva. Muchas de ellas, incluso piden rescate por los animales. La información y la vigilancia en estos casos es vital, aunque sigue siendo un problema invisible y difícil de erradicar.

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