jueves, 27 abril 2017
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Sociedad

Náufragos en el país de las mil sonrisas

Artur Segarra (c), escoltado por varios soldados tailandeses en la provincia de Sa Kaew (Tailandia) tras su arresto
Artur Segarra (c), escoltado por varios soldados tailandeses en la provincia de Sa Kaew (Tailandia) tras su arresto
Efe

Artur Segarra, condenado hoy en Bangkok a la pena de muerte por el asesinato del también español David Bernat, llegó hace tres años a Tailandia en condición de náufrago. Segarra recaló en 2014 en el llamado "país de las mil sonrisas" huyendo de España, donde la Policía le perseguía por su presunta participación en una banda que estafó a unos noventa ancianos. El prófugo de la Justicia española se declara tan inocente de ese delito como de los cargos de secuestro, robo, extorsión y asesinato premeditado por los que, entre otros le ha condenado la tailandesa.

Pese a su atrocidad -el cadáver de Bernat apareció descuartizado en el Chao Praya, el río que atraviesa Bangkok-, ni el caso ni el perfil de Segarra son excepcionales en Tailandia.

Nueve meses después de aparecer en enero de 2016 el cuerpo de Bernat, la Policía descubrió en septiembre de ese año el cadáver de otro extranjero, despedazado en una nevera en un piso de Bangkok.

La víctima, Charles Ditlefsen, y el presunto verdugo, Herbert Le Fon, compartían nacionalidad: estadounidense.

El móvil fue el económico y Le Fon -que entre otros negocios fraudulentos falsificaba pasaportes-, estaba perseguido en su país; bajo él pesaba una orden de busca y captura de la FBI.

Hay más casos.

Dos meses antes de la condena hoy a Segarra, el australiano Antonio Bagnato fue sentenciado a muerte en febrero pasado por el secuestro y asesinato en 2015 de su compatriota Wayne Schneider.

El móvil del crimen, que tuvo lugar en Pattaya -uno de los feudos de la mafia local y extranjera-, fue asimismo el económico.

Tanto Bagnato como Schneider tenían un largo historial vinculado con la criminalidad; la Policía australiana les investigaba por diferentes delitos, entre otros, el de homicidio.

No existe evidencia estadística de que Tailandia sea destino preferente de prófugos de la justicia de otros países ni marco recurrente de crímenes entre expatriados.

Tampoco hay prueba documental de que se trate de un país particularmente peligroso para los visitantes extranjeros.

Pero existen datos sobre el número de foráneos que mueren en Tailandia con algún grado de violencia, que es sorprendentemente alto respecto al bajo índice de delitos leves de que son víctimas.

Y al elevado nivel de seguridad general en el país, donde es escasa la delincuencia común.

Según datos oficiales proporcionados a Efe por fuentes de cuerpos de seguridad, solo en enero y febrero de este año 17 extranjeros fallecieron de "muerte no natural" en 32 "incidentes".

La causa más habitual de esos "incidentes", en los que resultaron heridas nueve personas, fueron asaltos de diferente tipo, con doce casos, muy por delante de atropellos y ahogamientos, ambos con tres.

Por nacionalidades, la comunidad extranjera con mayor número de víctimas fue la china, con catorce casos, seguida de la británica, con siete, y la rusa, con cinco.

El escenario más repetido fue Pattaya, con 17 casos, seguido por otro foco de la mafia local y extranjera, Phuket, con cinco; Bangkok, con dos, figura en cuarto lugar.

Las fuentes apuntan que esos registros permiten hacerse una idea de las coordenadas en que se mueve el crimen organizado entre los expatriados, y su conexión con los bajos fondos locales.

Al menos parte de las víctimas formaban parte de un segmento de los residentes extranjeros que utiliza Tailandia como un refugio.

Un segmento que anida en "el mundo de la noche" local, bien surtido, donde opera la prostitución y el narcotráfico, y en el que, según testigos, eran asiduos Segarra, Bagnato y Le Fon.

"En general, es gente inadaptada, con dificultad para aguantar la presión en su país, donde el coste de vida es alto y mayor el control de las actividades ilícitas", subrayan las fuentes.

En contraste, Tailandia -donde Segarra no tenía oficio conocido y país al que, dijo durante el juicio, había venido a "descansar y practicar muay thai" (boxeo local)-, no carece de bondades.

Aparte de la amabilidad de la población que le ha ganado su apodo y le sirve de reclamo turístico, Tailandia ofrece buen clima, islas tropicales, playas paradisiacas y un bajo coste de vida.

También cuenta con un hedonismo desconocido en otras culturas y, según las fuentes, una circunstancia más.

El "país de las mil sonrisas" se rige por leyes severas y normas estrictas pero su aplicación es en ocasiones discrecional y con frecuencia, aunque no siempre, laxa. Efe

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