Madrid

Piso de entrenamiento para personas con discapacidad

Aprenden a cocinar, limpiar o gestionar gastos para independizarse

Paco y Javi, en el aula de la Fundación Carmen Pardo-Valcarce
Paco y Javi, en el aula de la Fundación Carmen Pardo-Valcarcelarazon

Paco y Javi se fueron a vivir juntos hace casi dos años. Se conocieron en la Fundación Carmen Pardo-Valcarce, que fomenta la integración de personas con discapacidad intelectual. Pero antes de dar este paso, adquirieron los conocimientos necesarios para independizarse en el Aula de Aprendizaje. «Lo que más miedo me daba era cocinar», reconoce Paco. «Pero ahora ya no, cocinamos bien, nos hemos soltado», añade. Y es que eso era antes de vivir durante tres meses en un piso «piloto» en el que aprendieron desde a hacer una tortilla de patata hasta poner un lavavajillas, pasando por hacer la lista de la compra, leer facturas, etc. «Aprendí a planchar, pero prefiero estirar bien la ropa», dice Javi. «Yo tampoco plancho», apostilla su compañero de piso.

«Estamos muy bien viviendo juntos. No nos peleamos por ver la tele, nos gusta el y limpiamos los dos», dice Paco. «También vemos al Chicote», añade Javi. «Ya podría venir y darnos un curso, aunque recetas sí sabemos».

Ambos trabajan en uno de los talleres de la Fundación. «Hacemos cajas, las limpiamos, las arreglamos para Correos», explican. Por esta actividad laboral «cobramos 750 euros cada uno y así pagamos nuestro piso que cuesta 400 euros, y 50 euros a Mayuca –la supervisora–, que viene los miércoles». «Tenemos una cuenta conjunta en la que tenemos todas las facturas domiciliadas y si alguna vez necesito sacar dinero, lo devuelvo», afirma Javi. Tanto en su caso como en el de Paco –de 39 y 42 años, respectivamente–, la idea de independizarse no surgió sin más. Sus padres se habían hecho mayores. Aunque al principio les costó despegarse, hoy, y esto se ve a la legua, Paco y Javi son felices.

En el caso de Ismael es porque «vivo solo con mi madre, y me quiero independizar, irme a vivir con mis amigos o con la novia, el primero que venga». «Lo más difícil para mí era cocinar. Freír huevos se me da fatal. Pero el resto bien».

Ismael también estuvo tres meses en este aula, cuya «formación se basa en tres pilares: supervivencia (aprender a comprar, a reciclar, a pedir cita con el médico...), la convivencia (resolución de conflictos, saber que si hay una televisión y son seis tienen que ponerse de acuerdo), y plan de futuro, si quieren vivir con la novia entonces tu madre tiene que dejar de hacerte el bocadillo», explica Miriam Becerril, responsable del área de vida independiente de la fundación. «Suele haber mucha resistencia por parte de los padres a que se independicen», afirma, pero hay que aprender a eliminar barreras. Tampoco son utópicos. «En algunos casos, como en el de Ariana, no van a poder independizarse por la ansiedad que les generaría, pero ha aprendido a vivir un día sola en casa», añade.

Unos logros que no podrían conseguirse sin Ana García Noblejas, terapeuta ocupacional, que es quien vive con ellos en este aula, quien les enseña, les escucha por la noche reírse... «El mayor cambio que noto es que ganan en seguridad. Al principio no se ven capaces de hacer muchas cosas, tienen miedos transmitidos por sus padres». Pero paulatinamente ganan confianza. «Les enseño a hacer tortillas de patata. Los primeros días les tiemblan las manos, pero al final siempre les sale bien. Lo que más les cuesta es aprender a gestionar sus gastos». Algo que aprenden a través de juegos, como el «Precio Justo». Y aprenden juntos. En sólo una hora uno se da cuenta de cómo se ayudan entre ellos.

Un corto social en los Goya

Entre los cortometrajes que han sido preseleccionados para los Premios Goya 2017 se encuentra «Bla, bla, bla». En él participan cuatro actores, tres de ellos con síndrome de Down. Dirigido por Alexis Morante, la idea surgió ante la situación de crisis que sufren algunos centros de atención a personas con discapacidad. Este corto ya ha sido premiado en otros festivales.