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«Teresa y Javier no pensaban nada más que en el dinero»

Teresa Mesa, la que fuera portavoz de la auxiliar de enfermería que se contagió de fiebre hemorrágica presenta hoy «Al otro lado del Ébola», su verdad sobre esos días.

  • Teresa Mesa
    Teresa Mesa / Cristina Bejarano

Tiempo de lectura 4 min.

19 de octubre de 2017. 02:04h

Comentada
Belén Tobalina 19/10/2017

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«Me senté en aquel poyete. No podía creerme lo que acababa de pasarme... Ahora debía enfrentarme a los medios de comunicación y confesarles mi cese». Así arranca el prólogo de «Al otro lado del Ébola» (Max Estrella Ediciones) de Teresa Mesa, la que fuera portavoz durante 15 días de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería que se contagió del virus, hasta que fue apartada. Ahora se resarce en este libro que presenta hoy en Madrid. Quiere contar la verdad, su verdad, sobre lo que pasó aquellos días. Mesa está dolida. «Éramos amigos desde hacía diez años. Si no hubiera sido así jamás hubiera aceptado ser su portavoz. Tengo hijos, yo ¿qué ganaba con esto? Javier Limón, el marido de Teresa (Tania en el libro) me suplicó que no les abandonase en esa situación. Le dije que eso no me correspondía, que tenía que ser un familiar. Pero me contestó que me necesitaban y se echó a llorar. “Han sacrificado a Excalibur”, me dijo sin citar a su mujer hasta que le pregunté por ella. ‘‘Sí, sobre todo por ella”».

«Teresa me comentó que se iba a presentar voluntaria para tratar de salvar a los misioneros de San Juan de Dios para más que nada tener una plaza fija, o eso pensaba ella, porque entonces se decía que el Carlos III iba a cerrar».

La conversación continúa. Según usted, «sacarle información –a Limón– suponía un esfuerzo titánico, si antes no intercedía una copiosa cantidad de dinero», ¿de qué sumas podemos estar hablando? «Eso no lo sé. Me dijo que estaban a punto de echarle de su trabajo y que necesitaba dinero y que iba a sacar el mayor provecho posible, todo lo que pudiera en exclusivas y demás». Antes de dar una cifra, Mesa explica que la primera vez que vio a Limón tras lo de Teresa fue con barba. «Me llamó la atención y le pregunté. Su respuesta fue sorprendente: “Así doy más pena. Me tengo que vengar de la muerte de Excalibur. Tienen que saber lo hundido que estoy». Me quedé sin palabras. Pasado un tiempo le contesté que lo que había que resolver es que su mujer se estaba muriendo». Es en ese momento cuando «Limón me rogó que ejerciera de portavoz porque su cuñado no decía más que tonterías». A pesar de lo que acababa de suceder, Mesa aceptó. «¿Qué iba a hacer? Eran mis amigos». Eran. No ha vuelto a mantener contacto con ellos. «Entiendo que es porque se les cae la cara de vergüenza. Llamé a los meses de salir ella del hospital. Al oír mi voz me colgó». Mesa habla desde el dolor. «Esa despedida fue tan cruel. Estuve 15 días bronca tras bronca con él (Limón). Él no quería hablar con los medios, al menos no con todos. Me dijo que “el silencio vale mucho dinero. Cuanto más tiempo calle más valdrán mis palabras’’. Y eso cuando aún no había salido la última prueba PCR que dio negativo a Teresa». «Me echaron porque yo daba información gratis. No sé las sumas que le dieron a Limón. A mí en televisión me ofrecieron hasta 80.000 euros para que fuera Teresa Romero y les dije que no. Cuando se lo conté a Javier se daba cabezazos, “¿Pero cómo se te ocurre?”, me dijo. Le respondí que lo primero que tenía que hacer era cuidar de su mujer y segundo, mantener un diálogo para hablar con Sanidad para sacar más».

«Jamás pensé que fueran así. Ni él ni ella. No veían y no pensaban nada más que en el dinero». «Fíjate, hubo una imagen que salió en un medio en la que se ve cómo las enfermeras se ponen o se quitan el traje. Esa foto la hizo Javier con su móvil. Salió de la habitación, se saltó el protocolo. Si llega a tener el virus...».

Para Mesa, ese cambio de actitud hacia ella fue por el abogado que contrataron. Pide que no se dé su nombre, teme demandas. Aunque basta con tirar de la hemeroteca. El detonante: cuando Mesa dio una entrevista a un medio de comunicación. «Limón la había apalabrado para decir lo mismo, pero con otro periódico». Después, cuando fue al hospital «no me dejaron entrar por orden de Javier. Pensé que era un error, pero me dijo que era una orden de su abogado. Cuando llevaron a Teresa a la habitación le llamé, porque ahí ya tenía móvil, y le dije que tuviera cuidado con el abogado, porque muchas personas me habían alertado sobre él. Me cortó: “Te tengo que colgar que un medio me va a entrevistar”, y luego Javier me dijo que no hablara con la Prensa».

¿Cree que ella sabía lo que hacía su marido? «Perfectamente, yo se lo expliqué. Teresa no sabía que yo había dejado de ser portavoz. De eso no le echo culpa ninguna. Pero después no sólo no me dejó ir a verla, sino que no se ponía ni al teléfono. Tras diez años de amistad dijo que no me conocían de nada...».

Entre medias la Prensa se hace eco de que Romero no alertó a la médico de familia que le atendió antes de ingresar en el Carlos III de que podía tener Ébola. «No se lo dijo y lo sabía, o al menos intuía que podía estar infectada. Tenía aislados los pomos de su casa antes de ir al médico y habían avisado a la familia para que no fueran a verles a casa. A pesar de ello también fue a la peluquería a que la depilaran y eso que eran sus amigas». «Tuvimos un ángel de la guardia en Madrid aquellos días. No entiendo aún cómo no se contagió más gente de la que lo hizo. No le importó el sufrimiento y el miedo de esas familias. Actuó de forma horrible, máxime siendo auxiliar de enfermería». «¿Sabes por qué Limón no se contagió? Porque no dormían juntos. Todas las veces que fui a dormir a su casa porque se hacía tarde y yo no tenía coche, dormían en habitaciones diferentes y te hablo ya de años».

¿Qué se ha callado? Mesa se ríe. «Muchas cosas» que prefiere por el momento guardarse para sí.

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