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«Volveremos a la calle si no se reforma la ley»

La vida es el mayor milagro, por algo jamás nos arrepentimos de darla y sí lamentamos interrumpirla

Irene Villa/ Escritora y periodista. 

Tiempo de lectura 4 min.

23 de noviembre de 2014. 02:20h

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Globos blancos, consignas como «cada vida importa» o «¡ayudas a la maternidad ya!», personas, familias, gente desde la Glorieta de Ruiz Jiménez a una Plaza de Colón abarrotada de miles de ciudadanos gritando por la vida, por los niños. Justo acabamos de celebrar los 25 años de La Convención de los Derechos del Niño, cuya declaración recoge que «el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento». Por este motivo, porque son tan indefensos, especialmente antes de nacer, en ese instante en el que son más vulnerables, miles de personas defendieron ayer sus derechos en un recorrido por las arterias centrales de la capital de España. Y se pidió algo mucho más humano, beneficioso y gratificante que el aborto: una ley de protección a la maternidad, para que ninguna mujer se sienta obligada a tomar esa drástica e irrevocable decisión de la que puede arrepentirse el resto de su existencia. En definitiva, toda esa multitud se echó a la calle para defender el valor supremo de la vida, para clamar por aquello en lo que creen y por lo que sienten. Porque además de vivir, hay que dejar vivir. Esa emocionante marea ciudadana en Madrid nos volvió a recordar para que no se olvide que dar vida es lo mejor que nos puede pasar en nuestra existencia, mientras que interrumpirla significa cargar con una pesada losa para siempre, y creo que nadie se merece arrastrar esa insoportable carga. Todo ser humano que viene al mundo, con o sin discapacidad, es un milagro que nos hace ver lo realmente importante en la existencia. Dar vida nos da una fuerza de la que carecíamos antes de la llegada de la nueva criatura. Es verdad, como dicen muchos para eludir el trascendental paso que supone un acto de íntima y suma responsabilidad, que tener un hijo cambia la vida, pero porque la llena de tal forma que uno no entiende cómo pudo vivir tantos años sin ese nuevo extraordinario ser que ha venido a enriquecernos en nuestra trayectoria como personas. En este punto, me gustaría recordar cómo describe mi amigo Pepe Álvarez la llegada de un hijo con discapacidad, lo que llega a mejorarnos como personas, a llenarnos la vida, dándole un sentido infinito: «Visto desde fuera, tener un hijo con síndrome de Down es, para la mayoría de la sociedad, una desgracia ajena. Visto desde dentro, para la mayoría de los padres, la noticia es un shock; para algunos, incluso una tragedia. Pero con el paso de los días, el drama va dejando paso a la comedia romántica y, con los años, la presunta tragedia se convierte, sin excepción, en una maravillosa historia de amor». Es una hermosísima descripción. Así es. La vida es un regalo tan fugaz que no queda otra que estar en permanente estado de consciencia, valorando lo que somos y a quien tenemos a nuestro lado. Es lo más preciado, el mayor milagro, por algo jamás nos arrepentimos de darla y, sin embargo, insisto una vez más, sí lamentamos, quizá para siempre, interrumpirla. No estar preparado para afrontar la paternidad (ya que no sólo nos corresponde a nosotras) o no tener medios suficientes, ya no son excusas para tomar una decisión dramática que no tendrá vuelta atrás. Afortunadamante, hay colectivos en nuestro país que están dispuestos a ayudar a todos los que decidan descartar la angustiosa, negativa y triste opción de poner fin a una vida. Es por todo lo expuesto y argumentado hasta aquí, por todas estas razones esgrimidas, no se comprende que se haya retirado la reforma de la Ley del Aborto que llevaba el partido gobernante en su programa electoral y por la que mucha de la gente que ayer salió a las calles de Madrid se decidió a votarle. Pero hay que tener presente que las manifestaciones seguirán hasta que se cumpla el compromiso político de derogar la norma aprobada por el anterior gobierno socialista. A este respecto, los organizadores de la marcha por la vida hicieron ya ayer mismo un llamamiento a los participantes para acudir a una nueva movilización prevista para el próximo 14 de marzo en contra del aborto. Eso, claro, si no hay novedad alguna y todo sigue como hasta ahora.

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