La cara oculta de las monedas del futuro

Las criptodivisas funcionan gracias a redes P2P (o peer-to-peer) basadas en una tecnología denominada blockchain

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09 de septiembre de 2017. 02:38h

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Si bien es cierto que el bitcoin vivió su particular agosto, un mes en el que llegó a rebasar la barrera de los 5.000 dólares, en un verano en el que casi duplicó su valor, no es menos cierto que las dudas se han apoderado ahora del mercado de las criptodivisas. Sobre todo después de que el Gobierno chino haya prohibido las «initial coin offerings» (ICO), lo que ha tenido como consecuencia el desplome de las monedas virtuales. En cualquier caso, hablar sobre las criptodivisas podría constituir el preludio de la crónica de una muerte anunciada, la de los billetes y monedas físicas, la del «cash».

En el futuro se pagará con relojes, pulseras, anillos y todo tipo de «wearables». No obstante, entre los medios de pago destacarán las criptomonedas, divisas digitales que funcionan gracias a redes P2P (peer-to-peer) basadas en una tecnología denominada «blockchain».

La primera fue el bitcoin, que se lanzó en 2009. Tras ella, aparecieron otras muchas, como Ethereum, Litecoin, Ripple, Dogecoin... La diferencia más reseñable con respecto a las tradicionales radica en el funcionamiento intrínseco de las mismas. Y Alejandro Gómez, abogado especializado en «blockchain y cofundador de Icofunding, indica que mientras que en el sistema monetario tradicional es una autoridad central la que tiene la potestad de emitir más o menos, en el caso de las criptodivisas queda prefijado en el protocolo que las hace funcionar, siendo la propia red quien valida la legitimidad de las transacciones de acuerdo con dichas reglas.

Pese a que inicialmente el bitcoin, por ejemplo, fuera concebido como una divisa con propiedades singulares típicas de los medios de pago, de las unidades de cuenta o de las reservas de valor, su uso como instrumento de transacción no ha crecido de la forma esperada. Sin embargo, Gómez advierte sobre su creciente utilización especulativa, así como de almacenamiento de valor. Además, agrega, cada criptodivisa tiene sus propias particularidades. El cofundador de Icofunding explica que Dash, Monero o Z-Cash buscan hacer intrazables las transacciones en pro de su privacidad. Otras tantas, en cambio, son variaciones sobre el protocolo del bitcoin, cambiando ciertos parámetros de su funcionamiento.

Gómez no cree que, de momento, se haya desatado una lucha entre el dinero tradicional y las criptodivisas, que son activos de acceso libre a cualquier persona conectada a internet. Y aunque algunos expertos alerten de que se esté hinchando una burbuja, el abogado especializado en blockchain considera que esa advertencia es una osadía. «Cuando un mercado está en auge es normal que los precios crezcan, incluso por encima de las expectativas». Gómez puntualiza que la última subida de precios estaba sustentada. «La tecnología tiene un potencial enorme y evoluciona a buen ritmo, tanto a nivel tecnológico como a nivel comunidad. Si las expectativas llegan a cumplirse, los precios que vemos hoy serán infinitamente bajos, teniendo en cuenta que el mercado actual de criptodivisas de forma agregada alcanza los 100.000 millones de dólares. Pero si dichas expectativas no llegan a cumplirse, podrá afirmarse que se trataba de una burbuja».

Alto riesgo

El proceso computacional por el que se «descubren» las criptomonedas se ha profesionalizado. Sea como fuere, los inversores en criptodivisas deberían tener en cuenta que se trata de operaciones «de altísimo riesgo y de un mercado muy volátil –de ahí, las rentabilidades que genera–, pero con un potencial inmenso». Por ello, Gómez aconseja no invertir ninguna cantidad que no se esté dispuesto a perder.

Ismael de la Cruz, miembro del Instituto Español de Analistas Técnicos y Cuantitativos, asevera que estas inversiones suelen ser muy interesantes y atractivas, pero no deja de poner sobre el tapete algunos riesgos asociados, como la imposibilidad de conocer en profundidad los proyectos de cada compañía que utilizan este tipo de financiación, ya que si el proyecto no termina triunfando el inversor perderá el dinero. También avisa de que un fraude muy habitual consiste en hacer creer que se está ante un ICO para financiarse, por lo que la gente puede invertir y al poco tiempo sufrir la desaparición de los responsables, sin dejar rastro alguno y con todo el dinero de los inversores.

Asimismo, recuerda que para guardar las monedas virtuales se requiere disponer de un monedero. Y señala que, para ello, hay que instalar el software en el ordenador o teléfono para obtener una dirección única, donde se crean firmas digitales y se verifica la identidad para el acceso a la cartera. «Uno de los lugares más conocidos es Coinbase, donde se puede cambiar cualquier moneda, incluido el euro, por una divisa virtual. La principal característica de este monedero virtual es la posibilidad de convertir los bitcoins en dólares o euros para evitar las caídas o subidas del precio». De la Cruz sostiene que lo más habitual es comprar bitcoins y luego traspasarlos a la criptodivisa que se desee a través de una página «exchanger», como Coinpayments, o mediante «trading», como Poloniex, Bittrex o Kraken.

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