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Renovarse o morir

Los expertos piensan que ha llegado el momento de apostar por un cambio de paradigma, de convertir en hábito y cultura lo que ahora es anormal: invertir en I+D.

  • El esfuerzo en I+D de las pymes españolas es de los mayores de Europa
    El esfuerzo en I+D de las pymes españolas es de los mayores de Europa
Raúl Salgado. 

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21 de julio de 2017. 23:02h

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Raúl Salgado.  21/7/2017

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«Hemos entrado en un periodo en el que la apuesta por la innovación es la única posible para sociedades como la nuestra». En los países más avanzados, mantener o aumentar los niveles de bienestar depende de la capacidad de generar más valor con los recursos disponibles. Y la innovación es la principal vía para crear ese valor.

En el ámbito empresarial existen dos máximas: o se hace lo mismo que otros a menor precio; o se hacen cosas distintas. La primera estrangula los márgenes empresariales y lleva a recortar costes en calidad y en salarios. Es decir, la estrategia low-cost ahuyenta el talento e incapacita a los países para sustentar estados del bienestar. Sin embargo, diferenciarse de la competencia incrementa el valor, permite exigir mejores precios, genera mayores beneficios y facilita la construcción de países más solventes y competitivos.

Pero para distinguirse hay que incorporar novedades sobre lo preexistente. O lo que es lo mismo, hay que innovar. Y es que «la innovación es un mecanismo de diferenciación estratégica que conduce a generar mayores márgenes y posibilidades de reinversión y crecimiento, con mejor calidad y salarios dignos».

Xavier Ferrás, decano de la Facultad de Empresa de la Universidad de Vic, piensa que ha llegado el momento de apostar por un cambio de paradigma, de convertir en hábito y cultura lo que ahora es anormal: invertir en I+D. En este sentido, sugiere impulsar la innovación abierta de la mano de las grandes empresas establecidas e incrementar, paralelamente, el parque de compañías en sectores de media y alta tecnología, donde tanto España como Europa tienen un déficit. Ferrás confiesa percibir una progresiva toma de conciencia social sobre la innovación como un asunto de todos y que el ciudadano medio asocia con progreso, lo que resulta muy positivo y supone un voto de confianza para traducir esas expectativas en soluciones concretas. «No hay razones para que España se resigne a ocupar sistemáticamente posiciones rezagadas en este ámbito comparado con otros países de nuestro entorno», remarca.

Aunque en nuestro país se haya apostado por un alineamiento con las políticas de innovación de la Unión Europea, la Administración debería hacer un esfuerzo por financiar aquellos proyectos empresariales de alto riesgo tecnológico que el mercado jamás financiaría y que tienen un significativo potencial de generación de crecimiento y empleo. Y es que «el Estado puede y debe ser emprendedor. La labor de la función pública comienza por generar ilusión», puntualiza.

Ya decía Einstein que quien formula correctamente el problema tiene gran parte de la solución. Ferrás considera que ha llegado el momento de superar el término I+D+i para que las políticas se orienten más hacia los resultados (i+e) que a uno de los inputs (I+D).

En cuanto a las ventajas de la innovación para el tejido empresarial, Ferrás recuerda que una compañía innovadora opera, durante un tiempo, en condiciones de monopolio virtual. «Ofrece unos atributos, un valor al mercado, que nadie más tiene. Y es en esos momentos cuando obtiene mejores retornos». El experto de la Universidad de Vic revela que los ratios financieros son excelentes cuando la empresa entra en dinámicas de innovación, aunque advierte de que innovar comporta invertir y asumir riesgos. En cualquier caso, apostilla que esa inversión y asunción de riesgos, bien gestionadas, lleva a una mayor fidelidad de los clientes, a mercados más sofisticados y ricos, y a mejores resultados económicos.

En el siglo XXI la riqueza de las naciones no va de quién posee pozos de petróleo o recursos naturales, sino de quién tiene las mayores concentraciones de talento, los mejores ecosistemas innovadores, las cadenas de valor más eficientes en convertir ideas y conocimiento en nuevos productos y servicios competitivos globalmente.

Sin embargo, España se ha quedado atrás en materia de innovación. Y es que en nuestro país la I+D continúa, por quinto año, perdiendo peso. Además, mientras que el conjunto de la UE invierte hoy en día un 25% más que antes del estallido de la crisis, nuestra economía invierte un 10% menos. De hecho, España forma parte del grupo de los cuatro únicos países que todavía no han recuperado los niveles de inversión de 2008. Del último informe Cotec se desprende que el gasto total en I+D ejecutado en 2015 creció un 2,74% respecto 2014, alcanzando los 13.172 millones de euros. Y aunque se trate de la primera subida significativa desde 2008, teniendo en cuenta que el PIB avanzó un 3,2%, el gasto en I+D en porcentaje del PIB bajó al 1,22%, frente al 1,24% del año anterior.

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