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Tecnologías para modificar el clima

La devastación del huracán Irma ha propiciado que nuevamente se hable de modificación climática por parte de gobiernos y empresas privadas pero, ¿hay algo de verdad en esto?

  •  Fotografía cedida por la Estación Espacial Internacional de la NASA (ISS), muestra el ojo del huracán Irma claramente visible desde la ISS, ya que orbitaba sobre la tormenta de Categoría 5 en el Océano Atlántico.
    Fotografía cedida por la Estación Espacial Internacional de la NASA (ISS), muestra el ojo del huracán Irma claramente visible desde la ISS, ya que orbitaba sobre la tormenta de Categoría 5 en el Océano Atlántico.
Juan Scaliter. 

Tiempo de lectura 4 min.

17 de septiembre de 2017. 23:45h

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Juan Scaliter.  18/9/2017

Esta semana en el programa de TVE Hora Punta, su conductor, Javier Cárdenas, invitó a Patricio Carrasco, de la organización «Salvemos la Biosfera» para hablar sobre las teorías de Patrick Roddie, líder de otra organización («Stop Spraying us») que asegura que los huracanes están creados por el ser humano. Sobre Roddie se sabe muy poco, se le supone químico, aunque en su web no se menciona ningún tipo de formación.

Lo que sí puede verse es una larga lista de patentes, que abarcan más de 60 años, con invenciones cuyo objetivo sería modificar el clima. El 90 por ciento de estas tienen que ver con el control de las nubes y las lluvias, lo que se conoce como siembra de nubes.

Y el resto son patentes que poco tienen que ver con la modificación climática, sino con las consecuencias que esto podría provocar. Pero hay una, muy llamativa (número US5441200 A) titulada Disrupción de Ciclón Tropical. La patente data de los años 1950 y propone un método para interrumpir este tipo de tormentas...el problema es que la patente ha vencido, nadie la ha reclamado y nunca se ha construido un prototipo que demuestre su efectividad.

La teoría de que los huracanes, al menos los recientes, son una invención del ser humano, se basa, fundamentalmente, en que no tenemos tiempo para hacernos las preguntas lógicas. De acuerdo con la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, la energía generada por un huracán promedio es de unos seis billones de vatios cada día. Anualmente, los seres humanos generamos 2.300 billones de vatios para «nuestras necesidades», según cifras de la Agencia Internacional de Energía, IEA. Es decir que un huracán genera a diario casi la misma energía que precisamos.Y eso un huracán promedio, que alcanza vientos de unos 175 km/h, porque Irma, de categoría 5, sobrepasó los 250 km/h, casi un 40 por ciento más. Si los científicos de verdad fueran capaces de crear estos eventos meteorológicos, primero los tendrían que haber probado en un laboratorio, lo que nos da la pauta que deberían controlar su «nacimiento y su muerte» y también serían capaces de dirigir sus pasos, decidir hacia dónde va... Eso o hay algún laboratorio, en algún lugar del mundo que está constantemente barrido por huracanes que unos expertos no han sabido o podido «apagar». Esto nos lleva a deducir que los científicos han descubierto un sistema para generar toda la energía que necesitamos (y más aún) y en lugar de utilizarla para eso, la liberan en determinadas fechas, en lugares muy precisos con el sólo objetivo de...destruir. Y claro, no es que la haya creado una mente maquiavélica, detrás hay decenas de expertos. Y ninguno de ellos se ha ido de boca o ha tenido remordimientos de conciencia. Suena raro al menos.

¿De dónde viene entonces la idea de que somos capaces de cambiar el tiempo meteorológico a voluntad?

Porque sí existen algunas tecnología que han demostrado cierta efectividad en este sentido. En particular la siembra de nubes. Esta estrategia persigue, básicamente, producir lluvias mediante la dispersión de sustancias en el aire. Y funciona dependiendo del tipo de nube, la altura, la temperatura y otras variables, del siguiente modo. Todo el aire contiene humedad. Incluso en regiones cálidas y secas hay una pequeña proporción de agua que permanece suspendida. Antes de que llueva, las gotas de agua en el aire se condensan y se enfrían en pequeñas partículas (como el polvo) en la atmósfera, formando nubes. Una vez que estas crecen y se hacen muy pesadas (estamos dando la versión sencilla, recordad) caen por su propio peso y liberan la lluvia.

La siembra en la nube hace esto artificialmente: se trata de inyectar productos químicos en las nubes para bajar su temperatura y darles más material sobre el cual condensar. Al hacerlo se acelera el proceso natural y se consigue (a veces) que llueva antes de lo normal. De acuerdo con Arlen Huggins, científico del Instituto de Investigación en Desiertos, aseguró en una entrevista que la práctica de sembrar nubes ha incrementado las precipitaciones hasta un 20 por ciento en ciertas regiones y en determinadas situaciones.

Hay quienes afirman que se utilizó esta técnica para garantizar que no lloviera durante la inauguración de los JJOO de Pekín, en 2008. Quienes lo aseguran, señalan que lo que se hizo fue liberar las nubes cercanas de la lluvia que podrían traer.

Otros expertos que están trabajando en tecnologías similares incluyen a Roelof Bruintjes, del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas, quien ha logrado sembrar nubes con éxito (es decir, ha llovido), en Australia, la Península Arábiga y África, todas regiones tropicales. La estrategia de Bruintjes es utilizar sales en lugar de yoduro de plata para provocar las lluvias.

Mientras que otros, como Jean-Pierre Wolf, de la Universidad de Ginebra (Suiza) ha demostrado cierto éxito, al menos en el laboratorio, bombardeando las nubes con un láser para provocar la condensación de las mismas.

Pese a estos avances, es muy poco lo que los expertos han logrado influir en el clima o en los fenómenos meteorológicos. Y menos aún se ha conseguido en cuanto a controlarlos. Si así fuera, los países con mayores posibilidades no serían víctimas también de huracanes, tornados, sequías e inundaciones.

A menos que se trate de una conspiración que los responsables deciden usar primero contra sí mismos, para ver si funciona y luego si es así, llevarla a un hipotético campo de batalla.

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