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Ángel Sánchez: «Mis regalos de Reyes siempre fueron capotes, muletas y espadas»

El joven novillero madrileño desvela el esfuerzo diario que supone dedicarse a su profesión y todo a lo que ha renunciado desde pequeño

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    Imagen de Ángel Sánchez / Connie G. Santos
Rodrigo Carrasco.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

05 de enero de 2018. 17:56h

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Rodrigo Carrasco.  Madrid. 3/1/2018

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Puesta la mente ya en 2018, parte de nuestro corazón taurino está ya ocupado por los momentos vividos en 2017. El pasado y el futuro se dan la mano cuando intentamos recordar los instantes que se nos han quedado grabados de la última temporada. Especialmente los de aquellos novilleros poco conocidos por la afición y que en unos pocos minutos logran convertirse en parte imprescindible de nuestra tan selectiva memoria.

Uno de estos privilegiados espacios lo ocupa sin duda el 4 de abril en Las Ventas, donde el novillero madrileño Ángel Sánchez, que se presentaba aquel día en la Monumental, firmó una de las mejores faenas de muleta que se recuerdan en las últimas novilladas del coso venteño. Una obra que no pudo rematar con la espada. A pesar de ello asegura no haberse obsesionado por esa Puerta Grande que se le escapó: «Los entrenamientos con la espada siguen siendo los mismos. La gente que me sigue sabe que tengo gran seguridad a la hora de entrar a matar. Prefiero asumirlo como un error puntual antes que no dejar de preguntarme por qué ocurrió»

Ahora se encuentra inmerso en la preparación de la próxima temporada, semanas después de haber hecho su presentación en América en la plaza peruana de Acho. Natural de San Sebastián de Los Reyes, vive ahora en Colmenar Viejo, donde convive con otros jóvenes novilleros, con los que comparte miedos, sueños y por supuesto rivalidad. «Reconozco que soy muy competitivo y hasta un poco picado. Como aficionado me alegro de los triunfos de mis compañeros y amigos, pero como rival no tanto».

Desde que vive en Colmenar se dedica plenamente al toro, haciendo horas por la mañana en la ganadería Flor de Jara, propiedad de su apoderado, Carlos Aragón Cancela, y por las tardes entrenando. Ángel reconoce estar interesado en que se conozca esa dedicación total que está detrás del resultado final que el público ve en la plaza: «A veces subo «directos» a Instagram para que la gente conozca el trabajo que le dedicamos a nuestra profesión, cómo entrenamos y otros aspectos del toreo que no se suelen enseñar».

Tras lidiar un total de 22 festejos en 2017, el diestro asegura que «antes de la tarde de Las Ventas en Abril, ni siquiera soñaba con hacer una temporada tan extensa y mucho menos ir a América. Me siento un privilegiado».

A pesar de todas estas buenas experiencias, asegura no ser ni sentirse el novillero revelación de la pasada temporada: «Le pese a quien le pese la revelación de mi escalafón se llama Jesús Enrique Colombo. Él ha sido quien ha triunfado en cada plaza que ha pisado y se ha ganado golpe a golpe la alternativa. En cambio, a mí me ha faltado rotundidad».

En menos de un año ha pasado de ser un alumno más de la Escuela Taurina de Colmenar, con la que sigue muy involucrado, a ser uno de sus referentes. «Intento dedicar tiempo a los más pequeños de la escuela e inculcarles todo lo que he aprendido en ella. Que los niños me tomen como ejemplo por lo que he conseguido es lo que más me llena de orgullo y de responsabilidad».

Con 21 años y la mayor parte de su vida dedicada al toro, Ángel ya es consciente de que ha sacrificado una infancia y unas navidades que ya no volverán. «Mis regalos de reyes siempre fueron capotes, muletas y espadas. Yo nunca tenía juguetes nuevos. Mientras mis amigos los estrenaban yo estaba entrenando para cumplir mi meta, por la que hoy sigo luchando».

En una profesión que supone tantos gastos, los novilleros de hoy tienen que hacer malabares para que les salgan las cuentas. Ángel, que reconoce considerarse «mileurista», es muy sincero al hablar de la importancia que para él tiene el dinero en su profesión y confiesa que este tema es su eterna discusión con sus compañeros.

«Aquí tanto el que más como el que menos está por dinero. A nadie le gusta jugarse la vida gratis. Lo cual no quita que, como dice el maestro José Tomás, haya una satisfacción más alta que el dinero, porque jugarse la vida no tiene precio».

Ángel también tiene ya en mente la temporada 2018, la que será su quinta en el escalafón de novilleros y la que espera que le dé el impulso para ascender al circuito de matadores. «En el escalafón de novilleros se está de paso y yo ya llevo cuatro años viendo cómo mis compañeros dan el paso. Estoy convencido de que pronto podré volver a enfrentarme a ellos».

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