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Cuando no fallan los refranes

Solitarias orejas para Ventura y Juli en la corrida estrella del serial

Paco Delgado.  Albacete.

Tiempo de lectura 2 min.

15 de septiembre de 2017. 21:50h

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Albacete, 15 de septiembre. Octava de feria. Lleno.

Dos toros de Guiomar de Moura para rejones, de buen juego, y cuatro de El Vellosino para lidia a pie, serios y deslucidos.

Diego Ventura, pinchazo y rejonazo, ovación; rejón y descabello pie a tierra, oreja.

El Juli (de sangre de toro y oro), media y descabello, silencio; pinchazo, media, aviso, oreja.

Roca Rey (de marengo y oro), aviso, pinchazo, media y corta, silencio; seis pinchazos, pinchazo hondo, aviso, media, tres descabellos, silencio.

De las cuadrillas destacaron Antonio Chacón y Álvaro Montes.

Desgraciadamente se cumplió el refrán y la corrida de más expectación de la feria -en la que ha habido varias de mucho interés y atractivos- acabó si no siendo una decepción, sí que con menos contenido del esperado y deseado. Como decían antes los robagallinas, no todos los días hay gallinas en el gallinero.

El ganado, especialmente el destinado a la lidia a pie, no dio el juego esperado. Se corrió un encierro de El Vellosino, grande, con kilos y alzada, pero muy apagado y sin gracia que dio al traste con las ilusiones de todos.

Hubo que esperar a la segunda parte de la función para que la cosa medio se arreglase. Fue Diego Ventura quien levantó al público de sus asientos con una actuación impecable que alcanzó su cénit con las banderillas a dos manos y su caballo “Dólar” sin cabezada.

Y otra oreja arrancó El Juli del quinto, un toro justo de fuerza y raza al que con toda la paciencia del mundo, llevándole con mimo y suavidad, cuidándole a mas no poder, le fue convenciendo para afianzarle y alargar su recorrido a fin de exprimirle totalmente en una faena científica y con sentido.

Antes sólo Diego Ventura tuvo oportunidad de tocar pelo, lo que le hubiese permitido volver a salir a hombros de esta plaza en esta feria. Pero tardó en matar y estropeó una labor en la que exhibió una monta extraordinaria y un temple inaudito, dando el pecho de sus cabalgaduras para citar y clavando siempre arriba. Y sin renunciar a su estilo y dando mucha fiesta a la gente.

El Juli no tuvo opción alguna con la mole de casi 700 kilos que le correspondió en primer lugar, manso en varas, esperando en banderillas y a la defensiva en el último tercio, y Roca Rey poco o nada pudo hacer con su soso y deslucido, primero y pese a que lo intentó todo y más con el feo y desgarbado sexto, parado y distraidó, no consiguió nada, costándole mucho, además, acabar con él y dando un sainete con la espada.

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