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Faena cumbre de Perera en Sanse y despedida soñada de Ortega Cano

El pacense, que formó un lío en el segundo, corta tres orejas como Talavante en el día que se cortó la coleta el figurón de Cartagena, oreja en ambos

  • José Ortega Cano, que hoy se corta la coleta, durante el primer festejo taurino en San Sebastián de Los Reyes
    José Ortega Cano, que hoy se corta la coleta, durante el primer festejo taurino en San Sebastián de Los Reyes / EFE

Tiempo de lectura 4 min.

27 de agosto de 2017. 01:04h

Comentada
Ismael Del Prado 27/8/2017

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En San Sebastián de los Reyes (Madrid).

Primera del Cristo de los Remedios. Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, terciados y desiguales, pero de buenas hechuras. Enclasados y muy nobles, salvo el 5º, más deslucido y a la defensiva. Ortega Cano, que se despedía de los ruedos, oreja en ambos; Miguel Ángel Perera, dos orejas y tras vaviso; y Alejandro Talavante, dos orejas y oreja.

Media entrada.

José Ortega Cano cerró ayer el círculo. Una vida de figurón máximo del toreo que tuvo ayer su Omega con un último paseíllo soñado en el que cortó sendas orejas y dejó una gran dimensión en dos faenas en las que hubo detalles caros y buenas tandas al natural. Uno, eterno, que ligó con una trincherilla de cartel de toros. Se gustó a la verónica y hasta en un quite por chicuelinas en los mismos medios con un lote para soñar

el toreo de una excelente corrida de Núñez del Cuvillo.

La faena grande, sin embargo, fue obra de Miguel Ángel Perera, que formó un lío mayúsculo al importante segundo en una faena cumbre de principio a fin. Más montado y altote, más cómodo por delante, este segundo de Cuvillo tuvo mucha movilidad en los primeros tercios. Largo el saludo a la verónica de Miguel Ángel Perera, ganando terreno en cada lance y con cadencia, que terminó en los medios con dos medias. Aprovechó esas inercias del toro en el quite, largo, en el que combinó chicuelinas, cordobinas, gaoneras y brionesas. Brindó al público y comenzó con dos cambiados por la espalda en los que supo hilvanar esas querencias del toro. A base de de dejarle siempre la muleta muy puesta, girando sobre los talones, logró firmar un trasteo marcado por la economía de movimientos. Quietud para ligar en un palmo de terreno. Tuvo duración y nobleza el de Cuvillo, que amagó varias veces con abrirse en busca de la querencia. Logró retenerlo Perera, que estuvo muy importante con el toro. Pareció un juego de niños. Sobrado. Faena cumbre. Estocada hasta la yema. Dos orejas incontestables.

Bizco del pitón izquierdo, otro toro armónico, bajo y de lomo recto, el quinto empujó en el peto del caballo. Metió los riñones el de Cuvillo, que luego apretó hacia las querencias en banderillas. Se lo sacó a los medios Perera y ahí construyó una faena en la que apareció ese Perera de muleta poderosa. Hubo mando. Faena porfiona en la que volvió a dejarle puesta la tela en el hocico para ligarle las tandas. Un látigo por muleta y obligando al toro a perseguir el engaño, porque el burel estaba como loco por rajarse. Se terminó poniendo a la defensiva, pese a ello, sacó petróleo de él el de la Puebla del Prior. Pinchazo, estocada y tercera oreja.

Alejandro Talavante, por su parte, también cortó tres orejas. Desorejó a su primero, que abrió algo más la cara, un colorado bizco del izquierdo que tuvo prontitud y buen tranco en los primeros tercios. Se hizo presente Talavante en la tarde con un quite por saltilleras. Mantuvo esas virtudes en el comienzo de faena, que aprovechó el pacense para correr bien la mano por ambos pitones. Mejor al natural. Se apagó hacia la mitad del trasteo el toro, pero mantuvo la nobleza y Talavante recortó las distancias para a base de quietud sostener el interés del tendido. Variedad en los remates. Cambios de mano, arrucinas, naturales mirando al tendido... Buena estocada y dos orejas. Otra más logró del colorado listón que cerró plaza, que humilló en los primeros tercios. Se dejó hacer en varas y apretó a Valentín Luján a la salida del primer par que, muy dolorido, pasó a la enfermería. Comenzó Talavante de rodillas toreando en redondo e intercalando dos cambiados por la espalda. Le buscó las vueltas al toro, que tuvo bondad y transmisión, aunque le faltó una brizna más de poder. Dejó una estocada casi entera y paseó su tercera oreja.

Pero todas las miradas huyeron, sin embargo, de uno y otro extremeño. Les esquivaron. Era el día grande de Ortega Cano, al que sus tres hijos cortaron la coleta en los mismos medios, segundos antes de salir a pie del coso de La Tercera tras no querer salir sólo en volandas, como pretendían, en señal de respeto a su enorme trayectoria, sus compañeros de último paseíllo. Comienza otra vereda, otra vida, para Ortega. Que vaya bonito, maestro.

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