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La gran fiesta de los Rivera en la despedida de Francisco

Triunfa y se corta la coleta en buena tarde con destacadas actuaciones de Perera y Cayetano en Ronda.

  • Francisco Rivera Ordoñez "Paquirri" que se retira hoy de los ruedos, da una vuelta al ruedo llevado a hombros por su hermano el diestro Cayetano.
    Francisco Rivera Ordoñez "Paquirri" que se retira hoy de los ruedos, da una vuelta al ruedo llevado a hombros por su hermano el diestro Cayetano. / EFE/Jorge Zapata

Tiempo de lectura 4 min.

03 de septiembre de 2017. 17:28h

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Patricia Navarro Ronda (Málaga). 2/9/2017

Tradicional Corrida Goyesca. Se lidiaron toros de distintas ganaderías, desiguales de presentación. Por orden de lidia, el 1º, Cortés de Moura, manejable; el 2º, Daniel Ruiz, complicado; el 3º, Garcigrande, encastado; el 4º, Torrealta, manejable; el 5º, Juan Pedro Domecq, noble y a menos; el 6º, Juan Pedro Domecq, noble, de buen juego y flojo; y el 7º, sobrero de regalo de Jandilla, deslucido y complicado. Lleno de no hay billetes.

Diego Ventura, de gris y azabache, rejón (dos orejas).

Rivera Ordóñez «Paquirri», de azul marino y oro viejo, dos pinchazos, media (saludos); pinchazo, estocada (dos orejas).

El Fandi, de azul y plata, buena estocada, aviso (oreja).

Sebastián Castella, de turquesa y azabache, buena estocada (oreja).

iguel Ángel Perera, de blanco y azabache, estocada perpendicular (dos orejas)

Cayetano, de malva y plata, buena estocada (dos orejas).

Llegó a Ronda Francisco con toda la historia de sus antepasados para decir adiós. En la misma plaza, sobre el ruedo que su abuelo, el mítico Antonio Ordóñez, dio a conocer al mundo y universalizó, a pesar de que fue su bisabuelo el Niño de la Palma quien fundó la Corrida Goyesca. Asistimos a la LXI edición del tradicional festejo al que Antonio Ordóñez dedicó un buen puñado de años a situar en el planeta taurino como cita fundamental. La bella Ronda. Y lo logró. Cita ineludible. Desde el año 99, el nieto de la saga, Francisco Rivera Ordóñez cogió el legado y compatibilizó sus compromisos en los ruedos con las funciones de empresario. Los quince paseíllos sumaba ayer. Los quince hasta encontrar el punto y final a su trayectoria, desde que en 1992 debutara en esta misma plaza, en este mismo lugar, como novillero, todavía con el respaldo, todavía bajo la batuta del abuelo, del gran Ordóñez, cuyas cenizas descansan sobre la arena de la plaza, en la boca de los miedos, frente a frente a la puerta de toriles.

Aquel torero clásico que no encontró límite en el valor. El toreo. Y justo ahí, a la puerta de los miedos, se fue Francisco Rivera a recibir al que se preveía su último toro. A portagayola. Salvó el trance y se estiró a la verónica después con el toro de Daniel Ruiz. Compartió tercio de banderillas con El Fandi, que justo reaparecía ayer, y encaminaba el último tramo. Expectación ante el brindis, que fue a parar a un hombre de su confianza, Juan, su chófer de toda la vida. Emocionado se le veía, aun en la distancia del palco de prensa. No fue el de Daniel Ruiz después toro para una retirada soñada. Y de hecho no es que galopara en las embestidas sino en las complicaciones. Y de las medias arrancadas con ese punto de brusquedad pasó en un pispas a pararse en seco y medir cada viaje al milímetro. En una de esas, Francisco, que estaba en Ronda y mirando cara a cara al ocaso, resultó cogido de fea manera. No hubo forma de meter en vereda al toro y no quiso tampoco entrar después la espada. Salió a recoger la ovación y ya anunció que pedía el sobrero. Las cosas no se iban a quedar así. Brindó a su hija Cayetana el de regalo visiblemente emocionado. El Jandilla no fue cómplice del momento, parado y con muchas complicaciones, y Rivera hizo el esfuerzo y se la jugó. Comprometido hasta el final. En la estocada. Se cortó la coleta después y le sacaron a hombros los compañeros. Emocionante momento, como cuando Cayetano le llevó sobre los suyos. De hermano a hermano.

El menor de los Rivera se entretuvo en armar un lío gordo en la fiesta de su hermano. Fue en banderillas. Invitó a Francisco y Fandi. Y el tercer par para él. Venido arriba partió las banderillas. Quebró y al segundo quiebro le sopló un par monumental con las cortas. Fueron el propio David Fandila y Francisco quienes le aplaudieron. Entrañable momento. La ocasión lo merecía. Y se arrebató después y toreó bonito Cayetano a este toro de Juan Pedro, que mató de una pedazo estocada después de una faena de mucha cadencia y torería, por la que pidieron las dos orejas y el rabo. Fueron suyos los mejores muletazos de la tarde. Cayetano había toreado en honor a su hermano Francisco.

Fandi reapareció en Ronda de una lesión que le ha obligado a parar unos días. Compartió banderillas con Francisco y se las vio con un tercero de Garcigrande, repetidor y encastado que no lo puso fácil. Tomaba el engaño muy por abajo y quería viajar hasta el final, pero no perdonaba errores. Hubo más de un susto y grandes desafíos en el ruedo. Fandi se justificó y le pegó una buena estocada. Castella se animó a banderillear al cuarto, terciado de presentación lo miraras por donde lo miraras, y compartió el tercio con Fandi y Rivera. No tuvo muchas opciones después con el toro, que brindó, también a Francisco, y a pesar de que se dejó hacer se partió una mano antes de que levantar al vuelo. Una buena estocada y un trofeo.

Ajustadísimo fue el quite de Perera al quinto. Entrega y decisión a borbotones tuvo con un Juan Pedro tan noble como soso y desfondado. Se lo pasó por donde le dio la real gana y se ganó el doble premio.

Diego Ventura estrenó la tarde y lo hizo cortando el doble trofeo del toro, que fue noble, colaborador y sosote. La faena logró mantener la atención en todo momento, a pesar de abrir plaza, y se ajustó en los embroques. El rejón de muerte al primer envite no dejó lugar a dudas. La emoción vino después. Los Rivera estaban en casa. Y echaron el resto.

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