Oporto

Joao Moura, oreja a ritmo de fado

El rejoneador portugués clava una banderilla al cuarto de la tarde
El rejoneador portugués clava una banderilla al cuarto de la tardelarazon

Las Ventas (Madrid). Vigésimo tercera de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros, reglamentariamente despuntados para rejones, de Benítez Cubero, el sexto, sobrero del mismo hierro, y uno de Pallarés (3º), de correcta aunque desigual presentación. El 1º, con movilidad, terminó aquerenciado; el 2º, desrazado y de nulas opciones; el 3º, noble y colaborador; el 4º, desrazado, aunque con transmisión; el 5º, mansurrón; el 6º, con fijeza y movilidad. Menos de tres cuartos de entrada.

Joao Moura, rejón trasero (saludos); y rejón muy trasero y caído (oreja).

Andrés Romero, pinchazo (silencio); y pinchazo, medio rejón, dos pinchazos más, rejón muy trasero y caído (silencio).

Luis Valdenebro, dos pinchazos (saludos); y medio rejón, cinco pinchazos, rejón trasero y caído (silencio).

A ritmo de desgarrador fado. Dimos un único sorbo de dulzón Oporto. La tercera de rejones en San Isidro habló ayer portugués. El dinástico Joao Moura paseó en el cuarto el único trofeo de una tarde amena y entretenida, en la que el luso supo llegar al tendido en una faena a más, que pudo refrendar con un efectivo, aunque en los blandos, rejón de muerte. Espoleó al toro, suelto de salida y desclasado, el de castigo. Se vino arriba el burel, que echó siempre la cara por las nubes en los embroques, y propició un buen tercio de banderillas con «Aquiles». Nada sencillo. Inteligente, el carrusel final de cortas sobre «Dalí» terminó de avivar al respetable, que pidió el trofeo hasta aflorar el pañuelo blanco.

Previamente, se dejó crudito, con un solo rejón, al que rompió plaza. Un animal con movilidad, pero que terminó aquerenciado. Clavó muy desigual al quiebro sobre «Aquiles» de nuevo y animó más el tendido con el castaño «Diestro» con el que logró los mejores pasajes toreando a dos pistas. Dejó un rejón trasero antes de saludar desde el tercio, pues la petición, aunque la hubo, fue liviana.

Gustó mucho el sevillano Luis Valdenebro en el tercero, noble y colaborador. A ello colaboró también el amplio margen de peso que le separaba con sus hermanos de camada, con mucho más cuajo. El jinete hispalense llevó cosidas a dos pistas las embestidas de su adversario con «Escondido». Una vuelta al anillo y luego media más. Vibrante y muy templado. Quebró en paralelo a tablas por dos veces. Repitió luego quiebros, esperando en parado, sobre «Mosca». Muy puro y clásico todo. Tenía la oreja en su mano, pero se le escurrió de ella por culpa de los aceros. Descordado el sexto, saltó un noble sobrero del hierro titular, con fijeza y movilidad, que permitió templar de costado sobre el albino «Truhán». Vistoso también con «Bailarín». Buenos mimbres que, otra vez, barruntaban la opción del premio. Pero se repitió el ingrato desenlace y todo se esfumó al realizar la suerte suprema.

Un año después de confirmar alternativa dejando un grato sabor de boca, Andrés Romero volvió a Madrid para toparse con la mala suerte en un segundo toro parado y sin celo. Lo esperó en chiqueros a lomos de «Bavieca» con el marsellés, pero el burel hizo caso omiso y deslució la suerte. Arriesgó en la cara del distraidísimo animal, pero marró varias veces con los garapullos, especialmente, sobre «Cheque». Tras un pinchazo, el toro se apagó del todo y se echó antes de que pudiera enterrar el rejón. En el colorado y mansurrón quinto, «Guajiro» demostró porqué es una de las estrellas de la cuadra del onubense en dos banderillas citando muy en corto. Ceñidas ambas. Fueron los mejores pasajes de una faena irregular en la que se le atragantó el rejón de muerte. Silencio en ambos.