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La verdad desnuda

Ureña y Pinar salen a hombros con una gran corrida de Torrestrella

  • Paco Ureña y Rubén Pinar salen a hombros por la Puerta Grande de Albacete
    Paco Ureña y Rubén Pinar salen a hombros por la Puerta Grande de Albacete / Alcolea
Paco Delgado. 

Tiempo de lectura 4 min.

12 de septiembre de 2017. 22:07h

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Paco Delgado.  12/9/2017

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- Albacete. Quinta de feria. Toros de Torrestrella, desiguales de presentación. El 1º, noble; el 2º, a menos; el 3º, codicioso; el 4º, repetidor; el 5º, bravo y muy a más. Premiado con la vuelta al ruedo; el 6º, noble y con menos gas. Tres cuartos de entrada.

-Paco Ureña, de rosa y oro, entera (oreja); entera (dos orejas).

-Rubén Pinar, de azul pavo y oro, pinchazo y estocada (saludos); estocada (dos orejas).

-José Garrido, de espuma de mar y plata, dos pinchazos, aviso, media y descabello (saludos); entera (oreja).

De las cuadrillas destacó Candelas.

Recobró su tono triunfal la feria de Albacete, no por nada una de las de más prestigio de cuantas componen el calendario, y también en la quinta función del abono se abrió la puerta grande. Por ella salieron dos toreros que demostraron que, aunque a veces no es conveniente y puede traer problemas a quien la tiene como norma, la verdad es camino recto y casi siempre infalible. Se lidió una corrida de Torrestrella de desigual presencia pero con su seriedad y, sobre todo, de gran juego, con toros que embistieron aunque no siempre esa virtud significó facilidad para sus matadores.

Fue el primero el más noble y con él se lució al veroniquear Ureña. El murciano, que toreó siempre con mucha pureza, puso el punto de emoción que le faltó al de Álvaro Domecq, dejando al final de su faena que los pitones pasearan por su barriga. Volvió a brillar al torear de capa al cuarto, que empujó y apretó en el caballo y tomó con prontitud el engaño de un estoico Ureña, clavados los pies al suelo, ligando los muletazos y siempre con mucho mando, siempre con mano muy baja. Con expresión y profundidad, dando todas las ventajas al toro. El lote de Pinar resultó muy de contrastes opuestos. Su primero fue a menos y con él anduvo firme y mandón, enganchándole a la muleta desde el primer momento, tirando de él con templanza y seguridad, siempre muy por encima de un animal que se acabó antes de lo deseado.

El quinto, mucho más en tipo, muy serio y astifino, en cambio, fue a más. No acabó de entregarse en el caballo pero en el último tercio fue siempre creciendo, embistiendo con rectitud, ganas y humillación, en parte también porque Pinar le sometió y le bajó la muleta, gobernando sus embestidas con temple y sin violencia. Sin artificio alguno, con esa verdad desnuda que siempre convence. No escatimó esfuerzos y no se dejó llevar por los cantos de sirena que pedían otro indulto, tirándose a por todas sobre el morrillo y dejando una estocada en todo lo alto que le valió otra vez salir a hombros. El tercero fue ovacionado de salida por su estampa y arboladura, siendo también ovacionado José Garrido en su recibo capotero. Un toro que obligó mucho, atacando con fuerza y brío. El extremeño fue encauzando ese potencial con firmeza y disposición, dejando una faena de sinceridad brutal que estropeó con la espada. Con sus dos compañeros ya triunfadores, salió a ser él también triunfador con el sexto, un toro que blandeó, aunque tuvo buen son. Administró su energía y le sacó todo el jugo, aunque insuficiente para acompañar a Ureña y Pinar por la puerta de la Feria.

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