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Miguel Ángel Perera: «El toreo es tan grande que en él caben los Beatles y los Rolling Stones juntos»

Con éxito pasó de nuevo el examen de la afición venteña en San Isidro, y mañana vuelve a vestirse de luces en Pamplona por San Fermín. El torero habla sin rodeos sobre los antitaurinos, la tragedia en el ruedo, los políticos, las nuevas tecnologías...

Tiempo de lectura 8 min.

13 de julio de 2017. 18:05h

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Vuelve a vestirse de luces en Pamplona. Será su única tarde en San Fermín. ¿Y después? «Lo más seguro es que prepare una escapada de cuatro días con la familia», dice. «Ellos viven en cierto modo sacrificados por mí, así que hay que darles todo el valor que se merecen». Aún no ha elegido el destino, «lo más seguro es que vayamos a la playa». Un descanso. Un chute de energía en plena temporada. Su decimotercera. Con la afición de Madrid volvió a reencontrarse en San Isidro. Una oreja que le supo a gloria. «No tengo margen para relajarme. Debido al hecho de no estar amparado por una casa empresarial, mi carrera depende de esos triunfos día a día». Ahora lo buscará de nuevo en la Feria del Toro. Irá a por su tercera Puerta Grande del Encierro.

–¿Cómo se encuentra?

–Es un tópico decir que uno está en el mejor momento, pero muy contento, estoy a gusto.

–Tiene una cita con la afición de Pamplona. ¿Es la fiesta un hándicap para los toreros?

–Para mí no. La idiosincrasia de Pamplona es muy singular. Me gusta torear allí, incluso sabiendo que hay una zona de sol donde la gente está completamente a su bola y de fiesta. Pero aparte de ellos, en la sombra hay muy buenos aficionados. Es una plaza de gran responsabilidad y compromiso.

–¿Correría el encierro?

–No me gustaría el día de mañana, cuando me retire, pensar que nunca lo corrí. Pero pienso en el barullo y la cantidad de gente que hay en el recorrido y se me van las ganas. Me da más miedo la gente que el hecho de correr delante de los toros.

–¿Qué es el toro para un torero?

–Como animal, es el más bello que existe. No te lo definiría ni como un amigo ni como un enemigo. El toreo es una forma de vida, y gracias al toro me he podido sentir como artista y desarrollarme como hombre. Pero por delante de él está la familia. No soy de los que dice que su vida es el toro.

–¿Qué hubiese sido de Miguel Ángel sin ruedos?

–Habría estudiado. O a lo mejor me hubiese dedicado al fútbol, que también me gustaba mucho. De pequeño jugaba de portero en el equipo del colegio.

–Ahora que saca el tema del fútbol, ¿debería ganar más un torero que un futbolista?

–Si lo medimos según lo que se expone, probablemente sí. No hay nada que valga más que la vida y la vida es lo que los toreros exponemos cada tarde que salimos a ejercer nuestra profesión.

–¿Cree que se les están infravalorando a ustedes y al toro?

–Actualmente estamos siendo atacados y nos sentimos desamparados. Y el toro como animal, si no fuera por las corridas, no existiría. ¿Para qué? ¿Para consumo? Para eso hay otras razas más rentables. Yo crío ganado de carne y nada tiene que ver con el valor genético del bravo. Los que pretenden defenderlo pensando en no matarlo en la plaza están equivocados. Viven en un desconocimiento brutal.

–¿Está de moda ser antitaurino?

–Sí. Me han llegado a enseñar fotografías de gente con camisetas que ponía: «Soy antitaurino». Yo no pretendo cambiar a nadie ni que le guste a todo el mundo. Solo pido que se respete a quienes nos dedicamos a ello. Si tienen que desaparecer, que desaparezcan, pero de manera natural. El problema viene principalmente de partidos que se abanderan como progresistas y lo único que abanderan son las prohibiciones. La pregunta es: ¿para que tú seas feliz me tienes que hacer a mí un infeliz?

–¿Teme a los políticos?

–Son los peores. El mundo del toro se ha politizado y ha sido lo peor que le ha podido pasar. Esto no es ni de derechas ni de izquierdas. Es del pueblo. Los toros se han empezado a utilizar como arma política para ganar votos. Y hoy hay problemas muchísimo más importantes: la corrupción, el paro, el abuso de menores, el yihadismo...

–¿Cómo le explicaría los toros a Puigdemont?

–Más que explicárselo, le enseñaría cómo es de verdad el mundo de los toros por dentro. Cómo vive el animal y cómo nos entregamos a él los toreros. Estoy convencido de que su información al respecto es cero. Pero no fue por nada de esto por lo que los toros se prohibieron en Cataluña, sino por una mera cuestión política y de imposición de una determinada identidad. Está pasando con otros ámbitos también.

–Y respecto al Rey, ¿debería Felipe VI ir más a los toros?

–Sí. Para nosotros es siempre un honor recibirle y su atención para con nosotros es exquisita y del máximo respeto. En cualquier caso, también nos sentimos muy bien representados por diversos miembros de la Familia Real que, no solo vienen a los toros, sino que presumen de ser aficionados.

–¿Le parece correcto que baje el IVA en los toros y no en el cine?

–No me parece normal que ninguna expresión cultural y artística como son el cine y los toros soporten una carga impositiva tan alta. La gente necesita la cultura y la cultura, a la gente. Por tanto, el camino debe ser para acercarles, no para alejarles.

–Hábleme de usted. ¿Cómo es su día a día?

–Los toreros no somos seres extraños como algunos quieren hacer pensar. Yo vivo en casa con mi hija y mi mujer, en el campo. Allí entreno diariamente, estoy con mi grupo de amigos, salgo a dar una vuelta cuando tengo tiempo, me pego mis borracheras cuando puedo, me voy de vacaciones... Una vida normal.

–¿Se siente anacrónico?

–Para nada. Creo que visto de forma actual, estudié en un colegio de jesuitas, tengo un iPhone, viajo muchísimo... No me considero una persona que no encaje en esta sociedad.

–¿Cómo es su entrenamiento?

–Tengo un entrenador personal para ello. En este aspecto nos hemos profesionalizado mucho los toreros. También me gusta hacer boxeo y andar en bicicleta. Y luego, lógicamente, toreo de salón e ir a los tentaderos.

–¿Es el toreo una profesión de vida al límite?

–Vivo al límite cuando estoy delante de la cara del toro, que ahí es cuando no hay nada seguro. Pero luego, en el día a día, todo se normaliza. Aunque sí es cierto que mi profesión es muy absorbente y necesita mucho de tu tiempo.

–¿Se torea por vocación o también por dinero?

–Por vocación. Sólo por dinero sería imposible ponerte el traje de luces. No hay cosa más ingrata que hacer algo sin sentir la necesidad de ello.

–¿Cuáles son las peores cornadas?

–Para el titular queda muy bonito decir que las que no se ven. Pero son muy dolorosas las físicas, las reales. No comparto la opinión de otros compañeros de que las cornadas sean medallas.

–¿Cuántas tiene?

–Dieciséis.

–¿Y le teme a la tragedia?

–Muchísimo. Le mentiría si le dijese lo contrario. Me repatea cuando escucho algunos compañeros las gilipolleces que llegan a decir a los medios de que se van a jugar la vida o que salen a morir a la plaza. Me revuelve el estómago hablar con esa naturalidad y esa frivolidad de la muerte. Yo me quiero morir en mi casa, en mi finca y rodeado de hijos, de nietos...

–¿Dónde está la meta?

–En la ilusión. No te podría decir que está en cinco años, en quince, en mil corridas... Está en la ilusión. Cuando a un torero se le acaba y siente que no tiene nada más que decir debería retirarse.

–¿Y ha pensado usted en eso?

–No. Pero sí que es cierto que cuando estás solo te paras a pensar: ¿cuántas temporadas aguantaré con esa ilusión? Piensas, solo eso. Aunque lo que sí sé es que el día que no tenga esa ilusión me retiraré.

–¿Es supersticioso?

–Soy más maniático. Siempre dejo la luz de la habitación encendida, empiezo a vestirme por el lado derecho, arranco el paseíllo también con ese pie, y luego, en la calle, no paso por nada en el mundo debajo de un andamio.

–¿Y creyente?

–Sí. Suelo pasar por la capilla.

–¿Cómo vive su mujer el que usted sea torero?

–Ella apoya mis decisiones al 100%, aunque en algunas tenga otra visión. Nunca me ha dicho que lo deje. Y nunca me lo dirá. Está conmigo en todo. Lo vive al pie del cañón y viaja a verme.

–¿Qué aficiones tiene?

–El acoso y derribo principalmente. Luego hubo una época en la que me dio por el pádel, pero lo dejé.

–¿Los toros son más de los Beatles o de los Rolling Stone?

–El toreo es una concepción artística y el arte, para serlo, no debe tener límites. Ni encasillamientos. El toreo es tan grande que en él caben los Beatles y los Rolling Stone, y además, juntos.

–En febrero de 2014 dejó las redes sociales, ¿Por qué?

–Por mi desacuerdo con tantas cosas que se vuelcan en ellas sin control. Son bastantes los aspectos negativos que tienen. El principal, que cualquiera te puede cuestionar tu profesionalidad y tu dignidad. Y hablo tanto de antitaurinos como de taurinos. Nadie es quién para cuestionarme nada. Una sociedad que se dice moderna no puede consentir que se sobrepasen determinados límites. Y quien desea o celebra la muerte de otra persona solo puede ser un miserable. Soy una persona que en ese sentido se calienta muy pronto y prefiero no entrar al trapo. Además, si pudiera cambiar el iPhone por el Nokia también lo haría. Me da mucho miedo el poder de la información. El mundo está loco. Y no sé hasta dónde vamos a llegar. Yo me pregunto: ¿qué sociedad se va a encontrar mi hija? Antes no lo pensaba, pero ahora, que ves a niñas de 13 o 14 años que se quedan embarazadas, las numerosas violaciones, el tema de la Ballena Azul... Las redes e internet me preocupan. Antes el mundo era mucho más puro, más salvaje, tenía otra esencia.

–¿Cómo le gustaría que le recordasen de aquí a unos años?

–Como una persona, ante todo, leal y honesta con los compañeros y la profesión. Y luego por mis triunfos en los ruedos. Hasta ahora creo que puedo levantar la cabeza y sentir que no me voy defraudado.

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