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Orejas, vueltas y un disgusto

Colombo abre la puerta grande e Isiegas da tres vueltas al ruedo con buenos novillos de Juan Pedro Domecq

  • Colombo, en una imagen de archivo
    Colombo, en una imagen de archivo
Paco Delgado. 

Tiempo de lectura 2 min.

29 de septiembre de 2017. 04:23h

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Algemesí, 25 de septiembre. Tercera de feria. Lleno.

Cuatro novillos de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de buen juego, excepto el cuarto, muy flojo.

Jesús Enrique Colombo (de purísima y oro), dos orejas y vuelta al ruedo.

Jorge Isiegas (de blanco y plata), dos vueltas al ruedo y vuelta.

De las cuadrillas destacaron Raúl Ruiz y Marco Galán.

A la tercera volvió a funcionar la puerta grande. Lo hizo para que por ella saliese Jesús Enrique Colombo. Pero también lo hubiese podido hacer Jorge Isiegas, para el que se pidió una, por lo menos, de su primero y apenas nada pudo hacer con el inválido que cerró el festejo.

También vibró ya la gente. Los tendidos de la peculiar y extraordinaria plaza de Algemesí ya parecieron los de siempre, los del bullicio, los de la gente contenta, generosa con los toreros -siempre que estos den motivos- y dispuesta para el triunfo.

Un triunfo que propició, en primer lugar, el buen juego del ganado lidiado. Un encierro de Juan Pedro Domecq, lustroso, cómodo, sin asustar a nadie y noble y bonancible.

Ya al ser arrastrado el primero Colombo tenía la salida a hombros garantizada. Se enfrentó en su primer turno a un astado nobilísimo y obediente con el que se lució en su recibo de capa y en los quites. En banderillas entusiasmó, llegando mucho, dejándose ver y haciendo un verdadero alarde de facultades físicas. Luego con la muleta volvió a mostrarse muy puesto, muy hecho, muy rodado, no en vano le quedan apenas dos semanas para tomar la alternativa. Echó siempre la muleta adelante, tirando de su oponente con temple y suavidad, luciendo al torear en redondo y sin alargarse innecesariamente antes de cobrar una estocada inapelable. Con el tercero no varió de una táctica que también se le había dado, si bien ahora se encontró con un novillo que duró menos y acabó rajado y al amparo de toriles.

Jorge Isiegas, que vino a torear con más de cuarenta puntos de sutura en su anatomía tras una fea cornada en Azuqueca de Henares de hacía menos de dos días, derrochó ilusión y ganas. Tiró de repertorio con el capote y dejó una primera faena animosa y decidida, sin renunciar a efectismos y guiños a la gente en un trasteo que acabó siendo muy largo y que no tuvo premio pese a que no mató peor que su colega.

Pero el colmo de la mala suerte llegó con el cuarto, un animal alto y más serio que el resto pero que se derrumbó en el segundo tercio. Pese a los cuidados y esfuerzos del novillero aragonés por mantenerlo en pie, fue ello misión casi imposible, teniendo que recurrir a un quehacer de cuidados intensivos, llevándole por alto, con muchísima suavidad pero sin posibilidad alguna de sacar partido. Se le reconoció en interés con una gran ovación que no le quitó el disgusto..

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