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Reencuentro...pero a medias

Tarde importante pero sin espada de El Cid con el mejor lote de una notable corrida de Adolfo Martín, que sorteó hasta cuatro toros con opciones, en la Feria de Santiago.

  • Manuel Jesús «El Cid» toreando con la muleta, ayer, en Santander
    Manuel Jesús «El Cid» toreando con la muleta, ayer, en Santander

Tiempo de lectura 4 min.

27 de julio de 2017. 23:52h

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Santander. Cuarta de la Feria de Santiago. Se lidiaron toros de Adolfo Martín, desiguales de presentación. El 1º, noble, lo quería todo por abajo, pero duró poco; el 2º, con movilidad, pero deslucido; el 3º, de buen pitón izquierdo; el 4º, toro importante y exigente, con fijeza, transmisión y poderosa embestida; el 5º, humillador y codicioso, se terminó orientando; y el 6º, reservón y complicado, midió mucho. Dos tercios de entrada.

El Cid, de marino y oro, dos pinchazos, estocada (silencio); tres pinchazos, aviso, estocada (ovación).

Paco Ureña, de rosa y oro, estocada contraria y trasera (ovación); pinchazo, estocada casi entera (silencio).

José Garrido, de blanco y azabache, pinchazo, estocada caída, aviso (saludos); estocada desprendida, ocho descabellos (silencio).

Con «Madroñito» en la memoria de todos, regresaba un año después El Cid a Cuatro Caminos. Sendero de gloria para el de Salteras con el indulto –primero en la más que centenaria historia del coso santanderino– del toro de Adolfo Martín. Ayer se cerraba el círculo. Mismo escenario, misma ganadería para el cantado torero. Y volvió a funcionar la simbiosis. Pocos en el escalafón entienden a los «Albaserradas» como Manuel Jesús. Lo vio claro con el «Borrador» que rompió plaza. Tuvo nobleza el animal, que humilló de lo lindo. Ya hubo entendimiento entre ambos primero a la verónica y luego en el quite por delantales. Todo lo quería por abajo. El Cid se lo dio. Muletazos de mano baja. Echando los vuelos y enganchando al toro hasta recogerlo en la cadera. Pureza del sevillano. Lástima que duró poco, pese a ello, tenía el trofeo en su mano, pero encontró hueso el acero por Dos veces. Hasta tres, como Pedro, le contradijo la tizona en importante cuarto. De nuevo, la maldita espada. Había hecho un esfuerzo mayúsculo con un toro de apuesta. Exigente. Echó la moneda al aire y lo agradeció el toro, tardo, pero que cuando arrancaba iba con franqueza. Series largas de siete u ocho muletazos. Los de pecho, a la hombrera contraria. Preciosos. Luego, llegó el amargor del acero. Pese a todo, saludó una justa ovación.

Paco Ureña comenzó el esfuerzo antes siquiera de salir del hotel. Tres costillas rotas y las secuelas en la frente de una horrible voltereta en Valencia. No volvió la cara el murciano y se plantó en el patio de cuadrillas. Se le vio mermado, a merced, en su lote. Tanto con un segundo que tuvo movilidad pero resultó deslucido, con el que saludó desde el tercio, como con un quinto zancudito que humilló por bajo y con codicia, reponiendo incluso. Lo intentó y porfió con él Ureña –que incluso le robó algún natural con desmayo marca de la casa– para justificarse, pero no estaba la tarde ayer para él.

Por su parte, José Garrido se apuntó a la corrida de Adolfo, encaste al que no está acostumbrado. Lo acusó en el reservón sexto, que midió mucho y no fue sencillo. Mostró las costuras lógicas del pacense con los Albaserrada. Más entonado estuvo con el tercero, un tío, que tuvo un buen pitón izquierdo, aunque le faltó finales en el viaje. Tras un comienzo arrebatado de rodillas, ligó una gran tanda de naturales, que fue lo mejor de su tarde y le sirvió para saludar una ovación. Poco más, porque el idilio, sin espada ni indulto, de los «Adolfos» fue por segundo año con El Cid.

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