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Román pone argumento al deshecho ganadero de Albarreal en Guadalajara

  • Román debutaba en Las Cruces en sustitución del Fandi
    Román debutaba en Las Cruces en sustitución del Fandi / Efe
Javier López. 

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2017. 09:54h

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Javier López.  15/9/2017

FICHA DEL FESTEJO.- Cinco toros de Albarreal, de muy desigual presentación, descastados, mortecinos, totalmente vacíos, de juego muy deslucido. Tercero y sexto, los menos malos. El quinto fue un sobrero de Monte la Ermita, en la línea de los titulares.

Sebastián Castella, de grana y oro: estocada desprendida y trasera (silencio tras fuerte petición de oreja); y estocada baja y muy tendida y dos descabellos (silencio tras aviso).

Alberto López Simón, de carmín y oro: estocada trasera y descabello (silencio tras aviso); y estocada tendida y atravesada, y dos descabellos (silencio).

Román, que sustituía a David Fandila "El Fandi", de nazareno y oro: pinchazo, casi entera atravesada que escupe y descabello (silencio tras aviso); y estocada desprendida y tres descabellos (silencio tras aviso).

La plaza registró casi tres cuartos de entrada en tarde fresca.

Que el nivel ganadero en Guadalajara lleva varias temporadas de capa caída ya no sorprende a nadie. Una feria que no es ni sombra de lo que fue, cuando se cuidaba al verdadero protagonista de la fiesta, el toro bravo, y se ofrecía al aficionado espectáculos dignos en todos los niveles.

Pero de un tiempo a esta parte todo se ha desmoronado como un castillo de naipes. Se opta por carteles con toreros conocidos, a los que se destina prácticamente todo el presupuesto, y abaratar costes con un ganado de saldo. Como lo de Albarreal, el verdadero culpable de una tarde que hubiera sido para el olvido de no ser por Román.

El valenciano, aunque afincado en la provincia de Guadalajara, debutaba en Las Cruces en sustitución del Fandi, supuestamente lesionado, aunque su dolencia es de las más atípicas que se recuerdan, porque un día está en un sitio, al siguiente se quita, al otro vuelve de repente, y así se supone que va a estar lo que queda de temporada. El juego del descarte según conveniencia.

Su primero fue un toro que, sin ser un dechado de cualidades, al menos se dejó más que sus hermanos. Román mostró el buen momento que atraviesa al cuajarlo sobre todo por el pitón derecho, por donde ligó varias series de buena compostura, que llegaron mucho a los tendidos.

Al natural también hubo algún "fogonazo" suelto, aunque por ese lado el animal fue menos franco. Cerró faena por manoletinas, tenía el triunfo en la mano, pero su mala espada se lo arrebató

El sexto, que derribó aparatosamente en el caballo, no tuvo tampoco mal aire lo poco que duró, y Román lo aprovechó en una faena templada y bien conjuntada a derechas, por donde extrajo muletazos de buen corte. Volvió a perder premio con los aceros.

Abrió corrida un toro de mortecinas e insulsas acometidas, un manso que no quiso pelea, pues a la mínima buscaba también la huida. Castella se alargó en un sinsentido. Faltó oponente, y, en consecuencia, fue imposible el lucimiento. Mató a la primera y le pidieron con fuerza la oreja, pero el "palco" no accedió.

¿Antirreglamentario no atender una petición unánime? Sí. ¿Coherencia con lo que realmente pasó en el ruedo? También. Lo ilógico fue que ni le aplaudieran tras el arrastre del astado, de ahí que tampoco tuviera mucho sentido la bronca final al usía.

El cuarto fue un sobrero de@Monte la Ermita que tampoco se prestó. Castella volvió a eternizarse a lo largo de un trasteo insulso y de muy poco contenido artístico.

El primero de López Simón fue otro toro descastadísimo, sin vida, al que ya le costó arrancarse al caballo, agarrándose el piso de malas maneras. El madrileño, no obstante, anduvo muy tesonero, por encima de las condiciones de su birrioso oponente, al que extrajo muletazos sueltos de buen corte dentro de una faena de largo metraje y ayuna de emoción.

El quinto fue ya un insulto a la casta brava, un toro moribundo, de ganadería cárnica. López Simón volvió poner voluntad en su quehacer, pero sin lograr nada del otro mundo ante semejante muerto viviente.

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