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Toros para encumbrarse

  • Pedro Gutiérrez, «Niño de la Capea»
    Pedro Gutiérrez, «Niño de la Capea»
Pedro Gutiérrez, «Niño de la Capea». 

Tiempo de lectura 2 min.

03 de octubre de 2017. 16:21h

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Victorino ha sido un hombre especial, con una inteligencia afín a las tradiciones de España que fue capaz de darse cuenta de que su encaste no era para el matadero si no que podría hacerse su hueco. Y vaya sí lo hizo. Victorino logró con el paso del tiempo una de las cosas más difíciles que es ganarse el respeto del aficionado, que es el que sostiene la Fiesta, y se subió a las barbas del «establishment». Victorino era un hombre despierto, simpático y con un don de gentes especial que supo mantener las características de un encaste muy particular durante 50 años y a lo largo de estos ha proporcionado éxitos imborrables a muchos toreros y también ha servido para hacer una criba en el escalafón. Esa es la importancia: al que ha sido capaz le ha encumbrado y al que no le ha desengañado rápido.

Los toros de Victorino tienen la misma inteligencia que él como ganadero, yo diría que tienen un punto superior al resto de encastes. Hay que estar muy despierto con ellos. Si pienso en mi carrera, en todos los años que he estado en activo, para mí la guinda de mi pastel fueron esos seis toros con los que me encerré en Las Ventas de la ganadería de Victorino. Fue un reto muy importante y, quizá como yo soy también como él un luchador desde la niñez, en aquel momento creo que acertamos todos: él me echó una corrida muy variada y yo estuve muy despierto con ella. Fue en junio de la temporada de 1988. Logré cortar tres orejas y salir a hombros de la plaza de Madrid. Un sueño cumplido. Como Victorino ha visto cumplidos muchos de sus sueños.

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