martes, 25 abril 2017
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Un coloso Manzanares replica al genio Morante

  • El alicantino indulta a "Esquivo" de José Vázquez en la reaparición de Pepe Luis Vázquez

Manzanares durante la corrida en Illescas
Manzanares durante la corrida en Illescas
Jesús G. Feria

Illescas (Toledo). Se lidiaron toros de José Vázquez, bien presentados. El 1º, desigual de ritmo; el 2º, gran toro, premiado con la vuelta al ruedo; el 3º, de buen juego; el 4º, deslucido; el 5º, como sobrero, manso y malo; y el 6º, gran toro, indultado. Lleno de «no hay billetes».

Pepe Luis Vázquez, de grosella y azabache, estocada (vuelta al ruedo); estocada perpendicular (saludos).

Morante, de negro y oro, pinchazo, estocada punto delantera (dos orejas); cuatro pinchazos, media defectuosa, descabello (pitos).

Manzanares, de azul noche y oro, media estocada, estocada caída (oreja); dos orejas y rabo simbólicas.

No habrá lugar para el olvido. Sólo rencor de haberlo pasado por alto. Fueron tantas las emociones, son tantas, viven todavía por aquí, anidan, crecen, se reproducen, que revolotea lo sentido, amado y odiado en dos horas de festejo. Las dos horas mortales que nos catapultan a la inmortalidad. Primero fue Morante. Rey Morante. Dueño Morante. Genio Morante. Dios Morante. Imborrable el farol con el que despejó el saludo de capa al primero y el recital con el que se despachó después. Le salía el toreo a borbotones y nos hizo presa, nos destrozó, qué bárbaro este Morante. ¿Dónde andaba metido? Meció el capote como si no hubiera tiempo porque el compás era suyo, su dueño. Uno, dos, tres, musicalidad en las muñecas y poesía en la cintura hasta llegar el coloso de la media verónica. Y el andar, hasta el caminar es toreo cuando el torero es. Y Morante huele a torería por la gracia de dios. Brutal a la verónica e hiriente en la media. Le supo a poco: felices nos íbamos ya unos pocos rumbo a Madrid. Nos despojó de los tópicos con un quite eterno. Uno de cinco, más el remate. De locos aquello. Lo suyo y lo nuestro. A Vargas Llosa el brindis. De Nobel la faena; para la vida la emoción. Qué buen cómplice el de José Vázquez, cómo voló en el capote, entregado, con ese ritmo sincero, noble, verdadero, como las tandas que vinieron. Templadas siempre. Soberbio el toro en los derechazos, grandioso Morante con la diestra. Y cuando bajó intensidad, cuando remitió el furor, vino entonces la fascinación de la lentitud, la magia de otros tiempos en estos. Todo tan perfecto, tan rotundo, tan mágico, que ilusión Morante volver a verte. Qué fascinación cuando el toreo dispara de lleno. El descenso a los infiernos hizo en el quinto, bis de la misma ganadería. Manso y malo.

Y cuando casi dejábamos de creer Manzanares nos abrumó. De entrañas para afuera. Esa fue la intensidad. Grandioso el toro "Esquivo". Sedoso a la verónica, grácil por chicuelinas. Lo llevaba escrito en la cara. El toro y el torero. Pero luego fue que la realidad nos empujó a soñar y todo se confundió. Sublime el prólogo de faena, el pase de pecho, el toreo en la distancia, la reunida reunión del toreo en el que la chispa te salta, te hace daño, te levanta del asiento, porque el olé lleva el retraso de la pura emoción. A cámara lenta al natural camino de la eternidad y la eternidad en muletazos tan largos que nos perdíamos para encontrarnos en derechazos de puro goce. La mejor versión de un pedazo torero: José María Manzanares. La gente empezó a pedir el indulto, Josemari alargó el trasteo, el toro, que pasó con simple correción por el caballo y fue muy bueno en la muleta, amagó con rajarse, el presidente no quiso y soltó el pañuelo blanco. Manzanares se negó y el usía tragó. Más allá de merecimientos hubo mucha emoción. Y un faenón. Cierre de oro a la tarde. Irregular había sido la faena al buen tercero.

Volver a ver a Pepe Luis formaba parte de los sueños cumplidos. Un robo del pasado, un regalo del presente. Retazos, un cambio de mano, una trinchera al primero, con ese punto incómodo de calamocheo. Ese clasicismo, la naturalidad que nunca muere. Pepe Luis, el misterio. No le puso fácil el trance un cuarto deslucido. Nos quedaban los ecos del pasado y una tarde inolvidable.

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