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Vuelve Dávila a la medida de Miura

Eduardo Dávila volvía por una tarde y cortó una oreja en su destacado paso por Pamplona, en el último festejo de los sanfermines

  • Dávila Miura, preparado para dar un pase, en la última de San Fermín
    Dávila Miura, preparado para dar un pase, en la última de San Fermín

Tiempo de lectura 4 min.

14 de julio de 2016. 21:58h

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Patricia Navarro 14/7/2016

San Fermín (Pamplona). Última de feria. Se lidiaron toros de Miura, bien presentados. Lleno en los tendidos. El 1º, muy peligroso, orientado y sin querer pasar; el 2º, muy noble por el derecho; el 3º, protestón y desigual en la embestida. Mejor por el derecho; el 4º, protestón por falta de fuerza; el 5º, va y viene sin humillar; el 6º, complicado.

Rafaelillo, de azul pavo y oro, estocada (saludos); estocada caída (vuelta al ruedo).

Eduardo Dávila Miura, de azul marino y oro, buena estocada (oreja); aviso, pinchazo, pinchazo hondo, segundo aviso, dos descabellos (saludos).

Javier Castaño, de nazareno y oro, buena estocada, aviso, descabello (vuelta al ruedo); estocada, descabello (silencio).

Una década hacía, salvo el paréntesis sevillano del año pasado, que Eduardo Dávila Miura se retiró. No lo pareció. Como anillo al dedo le iba tarde y es mucho decir cuando hablamos primero de Pamplona y segundo de la ganadería de Miura. “Arenoso” se apiadó de las circunstancias, de esta vuelta profesional con el único propósito de ajustar cuentas, las suyas. Qué ganas. El segundo fue toro noble y de buen pitón derecho, pero la verdad es que la actitud de Eduardo estuvo por encima, antes de que ocurrieran las cosas. Se está o no se está. Y estuvo. Hasta en la suerte suprema con una estocada en la yema que le dio el pasaporte para un trofeo. El primero de la tarde. De aprieto en aprieto fue Rafaelillo con el primero, que pisaba la arena con la lección aprendida. Muy orientado, mirón y sin querer pasar. Qué mala ecuación contra el miedo. Y eso pasamos. Lo sufrió Rafael y le dio muerte con dignidad. Con una estocada caída le pasaportó al cuarto. El toro de la merienda. No hay manera de sacar palmas ni brindando el toro al respetable. La gente está a otra cosa. El miura fue protestón en la muleta por la pura falta de fuerzas que tenía, no sacó maldad. Lo intentó Rafaelillo, por un lado, por toro y de rodillas. El pack completo para salvar su paso pamplonés. No están las cosas como para dejar pasar las tardes en balde, demasiado bien lo sabe él. Pero el palco le negó el trofeo que pedían. A Eduardo el quinto le metió el pitón por el chaleco y se lo rompió. Volvemos al abismo. Suerte infinita. Iba y venía el toro sin humillar y de vez en vez se enredaba entre los muletazos. Tiró de oficio Eduardo y se le complicó la suerte suprema y al toro, con dos avisos, le dio muerte. Y respiramos. Otra alternativa no era buen final.

Con una buena estocada, punto contraria, con encontronazo incluido puso Javier Castaño fin a la faena al tercero. El toro se había dejado por el derecho, protestón y desigual pero pasaba por allí. Amplio repertorio sacó a relucir el torero. Eficaz con la espada, tónica de la tarde, acabó por darse una vuelta al ruedo en este casi fin de fiesta. Espléndido pareó Fernando Sánchez al sexto. En el cuello le puso los pitones y la gente reaccionó. Ovación de gala y saludos al cielo. Embistió por arriba el toro y el mismo camino tomó la muleta. Raudo se revolvía por el zurdo. Y así se nos acabó Sanfermín. Día a día, tarde a tarde, lleno a llenazo. Adiós al blanco, y al rojo. Adiós Pamplona. Qué gusto volver a verte, aunque la vuelta a casa esta vez es más triste. Perdimos a uno de los nuestros. Y no se olvida. Seguiremos brindando al cielo.

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