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¡Vuelve Talavante, el verdadero!

Emocionante tarde del extremeño que corta una oreja; sufre una espectacular cogida y se va dos veces a portagayola; Rafa Serna, herido de gravedad en la axila en su alternativa

  • Instante de la cogida de Talavante en el cuarto toro
    Instante de la cogida de Talavante en el cuarto toro / Efe
Patricia Navarro.  Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

25 de septiembre de 2017. 09:58h

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Patricia Navarro.  Sevilla. 24/9/2017

Sevilla. Segunda de San Miguel. Toros de Hermanos García Jiménez, Olga Jiménez, 1º y 5º, y 6º, de Peña de Francia, bien presentados. El 1º, noble y de buen juego; el 2º, bueno y de mucha calidad; el 3º, noble pero sin poder; el 4º, noble y con temple; el 5º, va y viene pero sin entrega ni empuje; el 6º, manso y complicado. Casi lleno.

Alejandro Talavante, de azul noche y oro, seis pinchazos, aviso, estocada (saludos); buena estocada (oreja); estocada baja (palmas).

Roca Rey, de celeste y oro, pinchazo, estocada caída (saludos); pinchazo, estocada (saludos).

Rafael Serna, de marfil y oro, que tomaba la alternativa, estocada y herido (saludos que recoge la cuadrilla)

Parte médico de Serna: «Cornada en axila derecha de 12 cm con arrancamiento de rama de vena axilar. De pronóstico grave».

Hay tardes en las que las emociones se agolpan y te forman una revolución de la que no quedas impasible. Ayer asistimos a una de ellas por momentos. Fue justo después. Justo después de que el cuerpo se desazonara ante el desgarro del dolor, ajeno y tan cerca, se cementaba el miedo en décimas de segundo, los mismos que tardamos en perdernos en el limbo de no saber, de desconocer desde la distancia que da el tendido, la travesía de ese pitón en la axila de Rafa Serna. Fue “Almendrito”, el buen toro de su alternativa, el que le dejó marcado para siempre. A fuego la suerte suprema. Navajazo en el joven cuerpo que no caerá en el olvido. Raudos fueron a la enfermería e imposible abandonar los malos pensamientos que nos acompañan en los últimos tiempos. (Seguirás en la memoria, Iván). Se había ido a portagayola y anduvo correcto en la faena, aunque sin llegar a fundirse los ritmos, y con toda la verdad del mundo se fue tras la espada. Y la verdad, a veces, tiene un duro precio.

Con la congoja metida en las venas, el cuerpo movido, removido, la sangre negra que asomaba por axila de Serna, los tiempos del descuento, la incertidumbre, la ilusión partida, se fue Alejandro Talavante con el paso sereno a cruzar el ruedo. Dueño de sí mismo, de sus miedos, sin ser preso, a la puerta del miedo, desafiante, hiriente incluso. Figura en Do mayor. Y con ese mismo ritmo salió el toro y esperó Talavante y la larga cambiada fue a ralentí mientras se nos secaba la boca en el tendido. Tuvo el toro una calidad extraordinaria: era un canto contenido a las distancias y al buen pulso. Las dos reglas de oro que quería el toro para darlo todo. Fueron labrándose un camino, ambos, y en él dejó el extremeño pasajes de abrumadora belleza, descarnado toreo al natural. Buscando en su propia tauromaquia para que el muletazo le fuera más libre, más entregado con el toro, más del animal que suyo, y fue nuestro. A veces. Talavante encontró su sitio y se había puesto en un imparable modo conquista. Dio mala versión con la espada, pero lo habíamos gozado al natural.

Sí hundió el acero, en lo alto, en el lugar sagrado donde el rito es glorioso. Pero todo lo que vino después fue sobrecogedor. El toro, noble hasta entonces y con buen ritmo, fue un depredador en busca de presa y como un pelele le lanzó cornadas por todos lados, herido ya. Desmadejado, ido, hastiado, confundido retomó el contacto con la realidad Alejandro, de haberla tan cerca de la tragedia, y se puso en pie, con el cuerpo marcado pero no rajado. El milagro era para celebrarlo hasta las luces del alba. Cortó una oreja, le pidieron las dos. La faena tuvo sus intermitencias dentro de una voluntad de acero ante esa embestida noble y con temple y un final abrumador.

A portagayola de nuevo en el sexto. ¿En serio? Así fue. Y una odisea plantar cara al animal que manseó sin taparse y llegó a la muleta no midiendo sus fuerzas sino su franqueza. Y en ese territorio se dirime toda la angustia de quedarse justo ahí donde sabes que cada segundo cuenta a tu favor. O en contra. Aguantó el tipo hasta que el toro destapó todas sus cartas y entre ellas no se encontraba la bravura.

Roca Rey hizo todo lo que estuvo en su mano con un tercero, noble y sin poder y con en quinto, que tampoco sacó muchas virtudes para la envidia. Talavante había organizado su propia revolución, se había echado a la espalda la tarde y le pudo salir carísimo. Estremecedoras quedan todavía las imágenes en la memoria. Celebremos la vida. Y las emociones.

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