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Manuel Ríos San Martín: «Perseguimos la noticia morbosa»

Presenta su primer libro, una inquietante novela donde la televisión, las redes sociales y las tribus antisistema se convierten en protagonistas. Una historia que se lee, pero también se ve.

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Marta Robles. 

Tiempo de lectura 5 min.

10 de junio de 2017. 23:50h

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Marta Robles.  10/6/2017

Cada vez que enciendo la tele y veo los mil y un «realities» que nos hipnotizan desde la pantalla pienso en lo que nos gusta a los seres humanos contemplarnos los unos a los otros, y más aún contemplar el sufrimiento ajeno, sobre todo si los que lo protagonizan lo hacen en la tele y les pagan. En los últimos días, una conversación próxima me hizo reflexionar: «Pero, ¿estos de la isla no están comiendo demasiado este año? –decía alguien. ¡Poca supervivencia y poco peligro hay ahí! ¡Parece mentira, con lo que cobran!». Igual lo que esperaban era que ya que iban a ganarse un dinero, se metieran todos al agua y a alguno lo devorase un tiburón, por ejemplo. Algo parecido sucede en el arranque de la inquietante novela de Manuel Ríos San Martín, «Círculos» (Summa de letras), donde la televisión, las redes sociales y las tribus antisistema se convierten en protagonistas.

Se trata de una novela absolutamente visual, en la que su autor, un hombre de la televisión, nos muestra con una destreza narrativa espectacular hasta los poros de la piel de sus personajes. Una historia que se lee, pero que también se ve: «Recuerdo que de pequeño, cuando iba al colegio, mi madre, que no me dejaba ver películas por la noche si eran un poco fuertes, por la mañana me las contaba. Así es como me gusta escribir a mí, como si yo ya hubiera visto lo que estoy contando; por eso la novela es tan visual. También porque habla del mundo de la televisión. Aunque no es tan fácil escribir sobre lo que ves en la pequeña pantalla. Hay pocos sinónimos para las palabras de televisión, como ‘‘ver el plano’’, ‘‘primer plano’’, ‘‘se acerca la cámara’’. Es un reto escribir sobre ello, pero creo que lo he afrontado y estoy contento», afirma Ríos.

En internet

Es para estarlo. Se propuso escribir esta novela y la autopublicó en internet. Al poco tiempo le contactó la editorial. Está claro que su historia, incluso antes de publicarse, llamó la atención. «Yo no conocía a nadie del mundo de la literatura, trabajaba más en televisión, así que hice una serie de fotos y vídeos que acompañan a la novela como material extra y lo colgué todo en la web circulosnovela.com. No estaba en Amazon ni en ningún otro sitio, sólo ahí, desde donde podías descargártelo directamente. Hice campaña en Twitter y en Facebook y se empezó a vender. A los pocos días recibí una llamada de Penguin Random House diciéndome que querían leerla», recuerda. Después de un breve paso por «talleres», en donde los profesionales aconsejaron al autor que alargara la historia un poco y la hiciera más policiaca, que ampliara el perfil de los personajes y que se tomara algo más de tiempo para no dejarse cosas por contar, la novela salió a la venta. El impacto no se hizo esperar. Normal: de pronto todos nos vimos frente a ese tanque de tiburones sobre alimentados en el que el concursante de turno del enésimo «reality» debe encontrar las llaves del apartamento. De repente algo sucede y las bestias se vuelven más voraces que nunca y devoran al concursante. Todo se vive en directo, a través de la pantallas de televisión, los monitores del control de la realización y los insólitos comentarios de las redes sociales. Realidad pura, aunque algo sobredimensionada, gracias a Dios. «Sí, hay momentos que lo son para dar interés; pero bueno, hay conversaciones de audiencia que pueden ocurrir, desde luego. Por ejemplo, qué pasa si un hecho da más audiencia pero es demasiado morboso y hasta dramático, pero todos los que hacemos tele nos lo planteamos, como también los que la ven; y yo supongo que eso generará un debate y habrá directivos que digan: “Oye, vamos a un poquito menos”, mientras otro contestará: “No, que no da audiencia, mejor un poquito más”. Ese debate seguramente existirá y es muy difícil de saber ahora quién actúa mejor, porque si no se enseña en la tele eso que tiene tanto morbo y que es tan dramático lo buscamos en las redes sociales». O lo que es lo mismo, que esos programas no existirían si no tuvieran respuesta.

Es decir, que Manuel Ríos no sólo pretende criticar a directivos o a cadenas, sino a todos nosotros, que somos los cómplices perfectos. «Claro, porque si no lo emite la cadena lo buscas en Internet y si no en Twitter o donde sea. Perseguimos la noticia morbosa. Es fácil echar la culpa al directivo, pero lo que yo prefiero es que miremos a la sociedad, a nosotros mismos y nos preguntemos qué vemos», afirma. Está claro que si nos miramos al detalle podemos darnos miedo. Incluso encontrar por sorpresa a ese psicópata del que según los expertos podemos tener características y no llegar a desarrollarlas. «Eso lo aprendí mientras trabajaba el perfil psicológico de mis personajes. Hay psicópatas que tienen una familia muy estructurada, con padres muy estables y, aunque no tienen mucha empatía con ellos y son personas frías, su entorno y su educación impiden que lleguen más allá. Sin embargo, si un psicópata además sufre maltrato de niño, por ejemplo, luego no hay quien lo pare, se dispara», asegura Ríos.

Lo que parece que también se dispara es el contagio porque anda que no hay psicópatas en las redes. A mí me impactan mucho. Sale un actor o alguien que ha defendido una causa y de repente hace una película que no tiene nada que ver y las redes sociales ordenan un boicot a su serie. Se acabó la libertad de opinión. Es terrible. La gente debería poder opinar sin que se le boicotee si no está de acuerdo con algo. Sobrevivir en esta sociedad tan mediática donde todo se ve, se cuenta, se lee y crece como la espuma es complicado, «claro, porque si se retuitea cien mil veces una mentira, ¿qué se puede hacer luego para volver a la verdad?», dice. Es como esa frase inquietante que forma parte de la historia que se cuenta en «Círculos»: «Os voy a joder la vida a todos». Cuando Manuel la colgó en Facebook, la red la censuró porque pensó que era una frase cierta. «En la novela ocurre y Facebook lo entendía como una amenaza real a su cliente... Tuve que cambiarlo un poco porque si no, no me dejaban que lo pusiera... ¡pero no era algo real, pertenecía a la novela!».

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