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Un asesino anda suelto en la Sevilla del siglo XVI

Movistar+ estrena mañana la esperadísima primera temporada completa de «La peste», el «thriller» histórico dirigido por Alberto Rodríguez.

  • Paco León (izquierda) y Tomás del Estal, en una de las escenas de la serie
    Paco León (izquierda) y Tomás del Estal, en una de las escenas de la serie

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10 de enero de 2018. 22:51h

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Cecilia García 10/1/2018

Hace unos años, el director Alberto Rodríguez–responsable de «La isla mínima» (2014)– y el guionista Rafael Cobos paseaban por Sevilla fantaseando con la posibilidad de hacer un viaje en el tiempo cuando, en el siglo XVI, la capital hispalense era la puerta de América gracias al comercio de Indias. «Pagaríamos dinero por visitarla», comentaron entonces. El destino ha querido que no hayan tenido que desembolsar ni un euro; al contrario, han cobrado por ello. El resultado es «La peste», la serie original de Movistar+ de seis capítulos cuya temporada completa se estrena mañana. Mientras la escribían, las tramas se ramificaban. «Aunque formalmente es un ‘‘thriller’’ acerca de los crímenes diabólicos que se producen en la ciudad durante la eclosión de la peste, nos dimos cuenta de que la vida en Sevilla entonces era tan rica que no podíamos dejar de contarla», explica Rodríguez. Normal, porque convivían –con sus hipocresías religiosas y morales a cuestas– nobles, plebeyos, cristianos, judíos moriscos, esclavos, prostitutas, traficantes de esclavos y comerciantes. Es más que destacable la presencia de los niños, cuya vida no valía nada, y cuya crueldad hacia los demás recuerda mucho a la de los protagonistas de «El señor de las moscas».

Una urbe caótica

El resultado es un fresco de una urbe caótica, sucia, cuyas calles están embarradas, en la que abundan los enfermos vestidos con harapos, las mancebías y los bares de mala reputación adonde van los aristócratas. La dirección y el trabajo del equipo artístico es tan minucioso que el espectador puede oler el hedor de la metrópoli, algo en lo que coinciden los actores Paco León –que interpreta a Zúñiga, un arribista social que escapa de la miseria con sus chanchullos– y Pablo Molinero, que sorprende con su interpretación de Mateo, un impresor al que la Inquisición le acusa de hereje por publicar libros protestantes y que solo conseguirá el perdón de Santo Oficio si descubre quién o quiénes están detrás de los crímenes. «Me olía peor cuando la vi en el Festival de San Sebastián que al rodarla, y eso que íbamos de mierda hasta el cuello. Es una experiencia sensorial que me transmitió desasosiego y amargura», comenta León.

En esta ficción la peste es una enfermedad física y una dolencia moral que se propaga por todas las clases sociales. Rodríguez y Cobos también han querido que sea una alegoría del mundo en el siglo XXI. «No es cierto que la crisis signifique una posibilidad para buscar nuevas oportunidades, al menos no es así en las clases media y baja. Sí que es una coyuntura que favorece que los ricos lo sean aún más, como sucede con Zúñiga», puntualiza Rodríguez. Cobos añade que «los momentos históricos críticos son más interesantes en sus inicios, como ocurrió en la ciudad hispalense: tenía las ínfulas de convertirse en la capital del Reino y la plenitud convivía con el peor de los escenarios».

Rodríguez no quería que el reparto estuviese plagado de actores conocidos, ya que este factor podría jugar en contra de su credibilidad. «Me inspiré en la ‘‘Trilogía de la vida’’ –formada por «El Decamerón» (1971), «Los cuentos de Canterbury» (1972) y «Las mil y una noches» (1974)– de Pier Paolo Pasolini. La protagonizaron rostros anónimos, de los que el espectador no tenía ninguna referencias, y eso le aportó mucha frescura. De ahí que esta producción descubra a intérpretes con una escasa filmografía como Pablo Molinero (Mateo), Sergio Castellanos (Valerio), Teresa (Patricia López) y Lupe del Junco (Leandra). Sin embargo, no faltan rostros populares como Paco Tous («Apaches») y Paco León, que regresa a la televisión tras «Aída». El intérprete resuelve con solvencia la interpretación de un personaje dramático. Zúñiga no se hizo a su imagen, puesto que es un miserable con el que cuesta empatizar. «Me propusieron presentarme a la prueba y acepté. Para mí, intervenir en un ‘‘thriller’’ minimalista, seco y austero, es un gran cambio. Desde mi primera aparición, el espectador se tenía que olvidar del ‘‘Luisma’’. Ese reto me gustaba».

Con un presupuesto de diez millones de euros, los responsables han utilizado muy bien el dinero: se ha rodado en 130 localizaciones de la provincia de Sevilla y Extremadura, intervienen 190 actores y cientos de extras y el equipo técnico está formado por 400 personas. El resultado es una ficción en la que muchos de los planos tienen una estética bellísima, como si fuesen unos lienzos colgados en un museo. Rodríguez le da varias recomendaciones a la audiencia: «Que la vean en una televisión de dimensiones generosas, con la luz baja, y que la consuman poco a poco. Es una serie que entretiene e invita a pensar».

La ruta interactiva

Los usuarios podrán encontrar en la LarutadelaPeste.com más de 350 minutos de contenido extra distribuidos en ocho formatos: «podcast», web series y documentales interactivos, entre otros. No falta un mapa que localiza en la ciudad actual dónde surgieron los brotes de peste, y los hospitales en los que recalaban los enfermos, además de las recetas de la época. A través de una «wikipeste», se podrá acceder a artículos e imágenes que amplían los datos de la ficción y del contexto histórico.

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