Incendios

Los bosques de España, «listos para arder»

WWF avisó este miércoles de que España tiene “bosques listos para arder” debido a su abandono, a la acumulación de biomasa y a la previsión del aumento de temperaturas por el cambio climático, y auguró un incremento de los grandes incendios forestales (los que queman más de 500 hectáreas) debido a la falta de medios para la prevención y la restauración. Así lo recoge en su informe ‘Bosques listos para arder’, presentado en una rueda de prensa en Madrid. El estudio destaca que, pese a la eficacia de los medios de extinción en la última década, sólo será posible evitar el impacto de los incendios más devastadores si las administraciones apuestan por la recuperación del uso de los montes.

El secretario general de WWF, Juan Carlos del Olmo, señaló que los incendios forestales son, “sin duda, la mayor amenaza” para los montes por su impacto en la biodiversidad, en los beneficios que estos lugares aportan a la sociedad y el “alto coste” en vidas humanas. Del Olmo apuntó que en la última década ha habido avances en la lucha contra los incendios forestales, como la creación de la Fiscalía de Medio Ambiente, la persecución penal a los incendiarios y la detección temprana, pese a lo cual cada año hay cerca de 14.500 fuegos, “una cifra absolutamente inaceptable” y más cuando únicamente en el 0,18% de los siniestros (los grandes incendios forestales) se quema el 44% de la superficie incendiada. Reclamó a las administraciones públicas que “no bajen la guardia” y olviden el “espejismo” de que el riesgo de incendios forestales está bajando ante el descenso de la superficie quemada en los dos últimos años. “Cada vez hay más montes listos para arder. España está llena de bombas incendiarias y nuestro territorio está esperando a que se den las circunstancias precisas para ello, es decir, la acumulación de biomasa, el abandono de la gestión y el calor. Las administraciones no han invertido en gestión en los últimos años, los fondos han ido destinados al negocio de la extinción de los incendios y tampoco se ha cumplido la ley en el sentido de identificar las zonas de mayor riesgo de grandes incendios forestales. Además, los escenarios sobre el cambio climático prevén un aumento de temperatura en España a finales de este siglo”, explicó.

El 96% de los incendios, con origen humano

Por su parte, Lourdes Hernández, autora del informe y experta en incendios de WWF, apuntó que España cuenta con “bosques absolutamente listos para arder”, pese a que las administraciones públicas han hecho “grandísimos esfuerzos” en los últimos años, hasta el punto de que el 65% de los incendios se apagan antes de que el fuego recorra una hectárea y el 99,8% antes de que se conviertan en gran incendio forestal. Además, en la última década ha caído en un 30% el número de siniestros, la creación de la Fiscalía de Medio Ambiente y la reforma del Código Penal han logrado disuadir a los incendiarios, y se han puesto en marcha campañas de concienciación, a pesar de lo cual detrás del 96% de los incendios está la mano del hombre y el 55% se originan de forma intencionada. Otro aspecto positivo es que la superficie quemada se ha reducido en un 10% en la última década y en un 58% respecto a hace 20 años, de manera que la media actual es de 107.300 hectáreas arrasadas menos que hace 10 años. Sin embargo, Hernández comentó que “el verdadero problema de fondo” son los grandes incendios forestales debido al abandono de los montes y al cambio climático, que dificultan la rápida extinción de las llamas, y agregó que numerosos expertos coinciden en que si no se cambia el enfoque en la lucha contra el fuego no se mantendrá la actual tendencia positiva de reducción en una o dos décadas. “Tarde o temprano vamos a vivir episodios verdaderamente catastróficos”, auguró. En este sentido, indicó que los grandes incendios forestales han aumentado un 13% en la última década y son “cada vez más grandes, destructivos e ingobernables”, síntoma de que “tenemos bosques altamente vulnerables”. De hecho, el tamaño de estos fuegos que arrasan más de 500 hectáreas se ha incrementado en un 30% desde las 1.300 hectáreas de hace 20 años hasta las 1.700 de ahora. A ello se le une que el Panel de Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) prevé que España tendrá a finales del siglo XXI un aumento de 4ºC en invierno y 6ºC en verano, más olas de calor y sequías y un 25% menos de lluvias, lo que se traduce en mayor sequedad del suelo, más desecación de la vegetación y una mayor inflamabilidad.

Paradoja de la extinción

Además, Hernández agregó que la prioridad de las administraciones públicas está en la extinción de los incendios (64% del presupuesto del Gobierno español entre 2001 y 2013) y no en la prevención (23%) y la restauración de los montes (13%), y no se han identificado las zonas de alto riesgo de incendios, como obliga la Ley de Montes, con el fin de poner en marcha programas de desarrollo rural. “La prevención no puede ser concebida como un gasto, sino como una inversión de futuro”, apostilló. Recalcó que ello desencadena la llamada “paradoja de la extinción”, es decir, la rápida extinción de la mayoría de los siniestros provoca la acumulación de combustible en los montes, que, sumada a la ausencia de gestión, aumenta la probabilidad de que se produzcan grandes incendios. Por otro lado, el director gerente de la Asociación Forestal de Soria, Pedro Medrano, destacó que “los incendios son el síntoma y la enfermedad es el abandono de los bosques”, y abogó por los montes de socios, es decir, aquellos cuya titularidad corresponde 'pro indiviso' a varias personas, de las cuales al menos una no está identificada, y que representan alrededor de 1,5 millones de hectáreas en toda España, como fórmula para poner en marcha medidas de desarrollo rural. El in de WWF incluye un plan de acción con 20 medidas concretas con fecha de cumplimiento que las administraciones competentes podrían impulsar hasta 2018 para reducir la vulnerabilidad de los bosques, como la identificación de zonas de alto riesgo de incendio, ventajas fiscales para estimular la gestión del medio forestal, transparencia en las áreas quemadas y en los fondos distribuidos, y terminar con la impunidad de los incendiarios porque el número de condenados por quemar el monte es, según Del Olmo, “ridículo”.