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Gambia: la costa de la eterna sonrisa

El país más pequeño de África continental, y también uno de los más seguros, es el destino perfecto para romper el miedo de visitar este fascinante continente

  • El viajero puede adentrarse en las aldeas típicas del interior, con cabañas hechas de adobe y paja
    El viajero puede adentrarse en las aldeas típicas del interior, con cabañas hechas de adobe y paja / Reportaje gráfico: Julio Castro
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Julio Castro.  Banjul.

Tiempo de lectura 5 min.

10 de marzo de 2017. 17:11h

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Julio Castro.  Banjul. 10/3/2017

Gambia, no problem... Gambia, no pasa nada! No es un slogan turístico, es toda una declaración de intenciones; un mantra hipnótico que, a fuerza de ser repetido hasta la saciedad, se ha convertido en la panacea universal con la que los gambianos intentan curar los temores de los turistas, sobre todo cuando se acercan a ellos, mostrando su eterna sonrisa, para ofrecer algún trapicheo o intentar venderles algo. Para aquellos que nunca han estado en África porque siguen considerando este continente como un territorio plagado de peligros, Gambia es el paraíso, el destino perfecto para romper esos miedos y adentrarse en esa montaña rusa de sensaciones que representa África. Gambia es parte esencial de este continente y, aunque no pueda presumir de mucho, si puede hacerlo de ser uno de los países africanos con mayor índice de seguridad.

Gambia es un país pequeño (el de menor superficie de África continental), una sinuosa lengua de tierra que se adentra en Senegal siguiendo el curso del río que le da nombre. Las fronteras del país se decidieron a cañonazos desde el río: donde caía el proyectil, se establecía el límite. El resultado es una estrecha franja de tierra de 400 kilómetros de largo y 50 de ancho que sigue el cauce del río. A vista de mapa, podría parecer que se trata de una provincia más de Senegal, con quien estuvo a punto de fusionarse en los años 80 en lo que hubiera sido Senegambia.

Se trata de un país pequeño, que permite recorrerlo sin grandes dosis de carretera y en pocos días. Las dos principales ciudades son Serekunda, la más populosa, y Banjul, su capital administrativa. Esta última está situada en la orilla sur del delta del río Gambia y todavía conserva algunos retazos de la población colonial de antaño. Sin demasiados atractivos que ofrecer, su mayor reclamo es el Albert Market, un bullicioso mercado callejero situado junto la orilla del río, donde se puede comprar prácticamente de todo, desde comida hasta tallas de madera o los coloridos tejidos artesanales. En Banjul tiene su residencia habitual el dictador Jammehm, que gobierna con mano de hierro desde el golpe militar de 1994, una especie de mesías moderno capaz de anunciarse como sanador de la homosexualidad y el ébola, entre otras excentricidades.

Siguiendo la costa atlántica dirección sur, llegamos al pueblo de Tanji y su mercado de pescado. Lo que sucede en esta playa cada tarde es un espectáculo de difícil descripción: poco antes de la caída del sol, cientos de cayucos pintados con colores chillones llegan hasta Tanji repletos de pescado, para ser descargado y vendido. Lo primero que nos invade es un intensísimo olor; una dura y difícilmente soportable mezcla de aromas a pescado fresco, pescado ahumado y humo de leña que penetra hasta embotar los sentidos. No en vano, la playa de Tanji es uno de los enclaves más importantes de Gambia para la descarga, comercio y ahumado para la flota que faena en la costa gambiana.

Frenético espectáculo

El trabajo es frenético y el ambiente todavía lo es más. Los cayucos, por su calado, no pueden llegar hasta la arena y son los jóvenes los que deben adentrarse en el mar, con el agua hasta la cintura, para recoger los cubos repletos de pesca. Muchos de estos jóvenes van vestidos con camisetas de los mejores equipos de fútbol europeos, con los nombres de multimillonarios futbolistas a sus espaldas. Es curioso, y triste, ver a decenas de Messi, Ibrahimovic o CR7 rompiéndose el lomo a cambio de un par de piezas de pescado por cada cubo descargado. La pesca que no es vendida pasa a los ahumaderos, cercanos a la misma playa; es la única forma de conservar el pescado decente para ser comido, debido a la alta temperatura constante y la escasez de neveras.

Los ingresos obtenidos por la pesca y el turismo son los dos grandes pilares que sustentan la economía gambiana. No demasiado lejos de esta playa está Kachically, lugar sagrado para los gambianos que adoran a los cocodrilos. A cambio de una pequeña propina podemos acercarnos a estos prehistóricos animales y hacernos fotos con ellos. En lugares como estos, el Islam (la religión más practicada en Gambia) se mezcla con la brujería y ritos tribales ancestrales.

Janjabureh, antes llamada Georgetown y mucho antes isla MacCarthy, es un islote selvático en medio del río Gambia; su nombre estará para siempre tristemente ligado a uno de los capítulos más terribles y vergonzosos de la historia de la humanidad: la captura y venta de esclavos. Janjabureh era la primera parada para los mandingas capturados; un auténtico almacén humano, donde los desdichados aguardaban, en condiciones paupérrimas, a ser exhibidos y vendidos al mejor postor. Los mandingas eran hombres corpulentos y vigorosos, perfectos para el duro trabajo que les aguardaba en el «nuevo mundo». Las mujeres con pechos grandes y dientes sanos, también eran piezas cotizadas en las subastas. Todavía son visibles los restos de este siniestro mercado, con los grilletes que servían para inmovilizar a los más rebeldes esparcidos por el suelo.

Cerca de este infame edificio está el monumento más importante de la ciudad, el Freedom Tree, un árbol que simboliza el final de la esclavitud en Gambia. Una vez realizada la subasta, los esclavos eran trasladados hasta otra isla, Saint Andrews (ahora James Island o isla Kunta Kinteh), a 50 kilómetros de Banjul, en la que eran custodiados antes de partir, hacinados como pescado, hacia las plantaciones de Norteamérica o del Caribe. Según cuentan los gambianos, en James Island nació Kunta Kinteh, el esclavo que sirvió de inspiración al escritor Alex Halley para crear su novela Raíces y la posterior serie televisiva que triunfó en los 70. La isla lleva su nombre en su honor. Para llegar a Gambia, Air Europa, junto con Binter Canarias, realizan vuelos a Banjul con escala en Gran Canarias (www.aireuropa.com y www.bintercanarias.com). Más información en la página web www.visita-gambia.com.

LAS POSTALES
Símbolo nacional

En Wassu están los Círculos de Piedra, monumentos funerarios megalíticos convertidos en símbolo nacional al ilustrar los billetes de 50 dalasis.

Zoco de esclavos

Los grilletes de hierro en la isla de Janjabureh servían para inmovilizar a los esclavos mandingas que oponían mayor resistencia.

Animal sagrado

Los gambianos van hasta Kachically para hacer plegarias a los cocodrilos, animales venerados, mezcla de religión, brujería y ritos ancestrales.

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