Oppland, la noruega desconocida

Pocos han escuchado hablar de esta provincia, pero fascina por su diversidad: siete parques nacionales, cientos de lagos, islas, cataratas, tumbas vikingas, iglesias de más de mil años...

  • Carlos Rodríguez Zapata
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Carlos Rodríguez Zapata.  Oppland.

Tiempo de lectura 4 min.

25 de agosto de 2017. 00:14h

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Noruega es un destino que gracias a sus espectaculares fiordos, sus pueblos costeros, su gastronomía y su amor por la conservación de la naturaleza, es uno de los destinos predilectos de toda Europa. Pero hay una parte del país que curiosamente los visitantes suelen pasar de largo, aunque no tiene nada que envidiar a lo mencionado anteriormente. Nos referimos a la región de Oppland, enclavada en el corazón del país y al norte de Oslo.

Nuestra primera parada en Oppland es en la pequeña piscifactoría de Noraker Gard, cerca de Beitostolen, para probar el Rakfisk, una trucha fermentada y asalmonada típica de la región, que probamos junto a una cerveza de elaboración artesanal. Es sólo un aperitivo para la cena que tomaremos en Beito Camp, junto al lago Oyangen. Una vez aquí, nos esperan con algunas actividades que entroncan con la cultura vikinga, como tirar hachas a un madero, tiro con arco, o un circuito por los árboles con tirolina incluida. Cenamos en una cabaña al más puro estilo vikingo, con el fuego en el centro y los asientos de madera recubiertos de piel de ciervo, alrededor del mismo. Mientras, disfrutamos de la gastronomía noruega, donde no puede faltar un guiso de reno con patatas, quesos, mermelada de abeto, cerveza y, por supuesto, un «Aquavit», el mítico licor nacional.

Desde la cabaña, vemos cómo las aguas del lago Oyangen mecen las barcas atadas a los árboles, mientras el sol se oculta muy lentamente, pero sin llegar a hacerlo del todo, ya que inmediatamente empezará a subir por el horizonte, como si no quisiera dormir, ya que estamos disfrutando del sol de media noche.

A la mañana siguiente, toca bordear el más grande de los parques nacionales noruegos: el Jotunheimen, y bajo la atenta mirada de unos renos salvajes, tenemos la suerte de disfrutar de otra de las atracciones más interesantes en esta zona, que es llevar un trineo con ruedas y tirado por los perros. Una actividad que se ha convertido también en una atracción respetuosa con el medio ambiente, donde se puede conducir el propio trineo o sentarse en el mismo y disfrutar de las vistas como las de este lago de Vinstre, uno de los más grandes de Noruega.

Al final de esta carretera llegamos a Lom, considerado uno de los pueblos más interesantes del país. No sólo por su iglesia de madera de estilo normando, una de las más antiguas del país, sino por disfrutar desde un puente de madera de los rápidos del río Bovre, antes de desembocar en los lagos Skim y Ottaelva.

El camino de San Olav

Antes de llegar a Lillehammer, hacemos una parada en Dale-Gudbrandsgard, para alojarnos y ver de cerca uno de los centros de peregrinación del Camino de San Olav. Desde Oslo hasta Trondheim, lugar de enterramiento del Santo, el camino se puede hacer andando en unos 25 días, y transcurre por caminos muy bien señalizados, con la cruz de San Olav como estandarte principal. Nosotros decidimos hacer una parte del recorrido desde Favang hasta Ringebu, en poco menos de tres horas, a través de un camino fácil y con unas vistas fantásticas. Como colofón, al llegar a Ringebu, nos encontramos una de las iglesias de madera más bonitas de toda Noruega.

Desde Ringebu nos dirigimos a Lillehammer, la capital de Oppland y recordamos que en 1994 fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno. Ciudad muy tranquila y aunque no tiene grandes monumentos artísticos, fuera de la temporada de invierno, la urbe se llena de turistas para visitar los enclaves olímpicos, incluido el Museo Olímpico Noruego, con una exposición de todos los celebrados hasta la actualidad, y el Museo Etnográfico de Maihaugen, un museo al aire libre donde se reconstruye una pequeña típica población.

Si circular por las carreteras noruegas es todo un espectáculo, los recorridos en tren no se queda a la zaga. El tren de Rauma, considerado como el más paisajístico de Europa, según Lonely Planet, se inauguró en 1924 y va desde Dombás hasta Andalsnes ya en los fiordos, en un trayecto de una hora y 40 minutos. Escarpados precipicios, cascadas, puentes, túneles y picos, muchos de ellos con nombres relacionados con los trolls, como Trolltindene (Cima de los Trolls), contemplamos atónitos desde la ventanilla del tren. Si a esto le añadimos que el convoy reduce su velocidad, para que los pasajeros puedan disfrutar mejor de las vistas, y además que se escucha por los altavoces cuáles son los enclaves más interesantes del recorrido en español, la experiencia resulta inolvidable. Más información en la página web de la Oficina de Turismo de Noruega en España: www.visitnorway.es.

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