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Viena: Al calor de las luces

Mercadillos, galletas, globos de nieve y la música que acompaña al vienés hacen que la Navidad en Viena sea única

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Manena Munar. 

Tiempo de lectura 4 min.

21 de diciembre de 2017. 23:00h

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Manena Munar.  21/12/2017

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Viena se viste de Navidad y el despliegue luminoso de más de cuarenta calles a lo largo de veinte kilómetros con 2,2 millones de bombillas LED es tan armónico que parece que hubiera estado siempre allí. Los pinos navideños se venden por cada esquina, siendo una estampa habitual la del ciudadano eligiendo el tamaño de su abeto que decorará con cariño una vez marcado el comienzo de la estación navideña, cuando se enciende por todo lo alto el árbol de 30 metros a las puertas del Ayuntamiento.

Si luces multicolores embellecen las calles vienesas, los mercadillos marcan el qué hacer de sus habitantes, que durante Adviento se reúnen en alguno de los veinte que existen distribuidos por las zonas relevantes de la ciudad, para disfrutar con la familia y los amigos, taza de glühwein (vino caliente) o ponche en mano, de una buena conversación a la par que de un delicioso codillo, salchicha o asado.

Es el momento idóneo para recorrer los atractivos puestos como el Mercadillo navideño y Magia de Adviento de la Plaza del Ayuntamiento que tiene 150 casetas, y empezar a pensar en los regalos que Christkindl, un ángel navideño femenino, depositará para los infantes a los pies del árbol. Artesanía variada, galletas de todos los sabores, adornos navideños, gorros y guantes, calendarios y dulces corazones de tamaño considerable se salpican por los puestos de madera. El rey de los puestecillos sin duda alguna es el de las bolas de nieve que Erwin Perzy III comercializa desde que su abuelo Erwin Percy I, por un afortunado error, las inventó en su afán por crear una bola reflectante que aumentara la luz a la hora de iluminar las operaciones quirúrgicas. La bombilla, que al principio iba rellena de semolina y agua, no logró el efecto para el que estaba destinada, pero con el tiempo –y el secreto de los blancos copos que Erwin Percy III no cuenta a nadie– terminó convertida en la famosa bola de nieve austriaca que Erwin y su hija venden allende los mares, la última con un copo de nieve de plata flotante, y pie de caoba a Tiffany & Co.

A la hora de elegir mercadillos no hay que dejar de subir a la terraza del tejado del Ritz Carlton, donde entre un par de acogedores puestos y otra taza más de glühwein para entrar en calor se observa una espectacular panorámica de Viena y sus pistas de patinaje sobre hielo. En el mercado de Karlsplatz se encuentra comida orgánica y artesanía de diseño en cristal, joyas, sedas pintadas y un entrañable taller donde los niños pueden crear sus propios diseños. A los infantes, auténticos protagonistas de la Navidad, les encanta dar una vuelta en tren o subirse en el carrusel del mercado de Riesenradplatz, o en el del Palacio de Belvedere, mientras escuchan los villancicos de las bandas de música y los coros de gospel. El famoso «gingerbread» tiene su fama en el mercado de Spittelberg, que con 100 puestecillos sitos en las calles empedradas a la antigua usanza, un teatrillo de marionetas, taller de velas y cuenta cuentos de hadas, logran un efecto retroactivo y, por unos instantes, la Navidad se traslada a aquellos tiempos en los que los coches eran carruajes y los móviles ni siquiera se predecían.

Entre museos

El pueblito navideño levantado en la Plaza de María Teresa es de los más grandes y solemnes, pues se encuentra entre el Museo de Historia del Arte y el de Historia Natural. Música, con sus puestos de todo un poco, y la imponente estatua de María Teresa amparando a sus súbditos, lo hacen un ineludible. Y más con la ventaja de tener el Museums Quartier de Viena (MQ) enfrente. Múltiples pinacotecas forman el espectacular ring de los museos, antiguas y majestuosas caballerizas donde entender la historia de Austria a través de su arte y diseño. Véase el Modernismo, una época relevante y fascinante en la historia de Austria, cuando se convirtió en un centro intelectual liderado por figuras de la talla de Klimt, Schiele, Wagner y Moser, cuyas obras se deben disfrutar en el Museo Leopold y en el de Artes Aplicadas (MAK).

Las galletas navideñas son un motivo más de reunión, tradición y de competencia también, pues hay verdaderos piques a la hora de elaborar las más decorativas y sabrosas, tal y como explica Bianca Gusenbaur-Hoppe, «Food Entertainment & Consulting», en su entrañable cocina, hablando de las diferentes formas de celebrar la Navidad de sus internacionales huéspedes, mientras les enseña a hornear galletas de vainilla, adornar las bolas de ron austriacas Stroh con semillas de calabaza o copos de coco, para terminar ofreciendo una suculenta cena navideña a base de salmón marinado, estofado de corzo, un delicioso postre de vainilla, todo ello regado con vinos austriacos y el imprescindible «snapp» de pera como digestivo con villancicos de fondo.

Un concierto irrepetible

Emocionante es el adjetivo que mejor define el Concierto de Navidad en el escenario palaciego del Wiener Konzerthaus, adornado con abetos luminosos y coronas navideñas. Al son de la ORF Radio-Symphonierorchestaer Wien, el coro de Wier Singakademie, tenores, sopranos y mezzosopranos de la categoría de Olga Peretyatko-Mariotti, Anne Sofie von Otter, Juan Diego Flórez, y Günter Haumer , bajo la dirección de Stefan Gootfried y con el acompañamiento casi onírico de Wiener Sängerknaben Los Niños Cantantes de Viena se declara el comienzo de la estación navideña. A un conmovedor Adeste Fidelis, le sigue Noche de Paz en diferentes lenguas y hasta un delicioso Mi Burrito Sabanero a cargo de un grupo peruano, en una velada irrepetible con un público que no cesa de aplaudir en el intento de que el concierto no se termine nunca.

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