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Los feriantes dejan sin coartada a “El Chicle”: a ninguno les robó gasoil

Los testigos van desmontando la versión del asesino de Diana Quer. Cuando decía a su mujer que salía a robar, en realidad, iba a buscar chicas

El miércoles fue su amigo de toda la vida, Manuel Somoza y ayer fueron los feriantes. «El Chicle» está viendo en directo cómo, entre todos, le van desmontando su versión sobre qué hacía a las 2:30 de la madrugada en A Pobra do Caramiñal aquel 22 de agosto de 2016. A lo largo del juicio, que esta mañana ha celebrado su tercera sesión en los juzgados de Santiago de Compostela, se está dejando entrever que José Enrique Abuín salía a robar gasoil muchas menos veces de las que le decía a su mujer Rosario. Tampoco iba a mariscar de manera furtiva. Era otra de sus excusas más recurrentes. En realidad, la mayoría de noches que salía por la puerta a esas horas era para intentar ligar, bien en discotecas, locales de alterne, mirando a menores en la puerta del instituto, molestando a chicas por la calle como a las (casi) víctimas de Boiro o, simplemente, de «caza» aleatoria. Y eso es lo que parece que andaba haciendo la fatídica noche en la que se topó con una Diana volviendo a casa casi sin batería en el móvil, según se desprende de las declaraciones de los testigos que han ido pasando por el salón de bodas de los juzgados de Santiago. Hoy ha sido el turno de nueve feriantes cuyas caravanas estaban aparcadas solo a unos metros de donde Abuín se encontró con Diana. Se trata de una calle paralela al paseo marítimo pero queda detrás de unas naves y está muy poco iluminada. Allí, muy cerca de una torreta blanca, dice Abuín que aparcó el Alfa Romeo. Durante la primera sesión del juicio, el acusado explicó que, cuando vio que no pasaba nadie, cogió las garrafas de gasolina y fue a mirar los depósitos de los camiones. «Abrí el primero y no tenía apenas gasoil. Miré el segundo, metí la manguera y saqué garrafa y media». Fue al volver hacia el coche cuando «me encontré con la chica de frente», dijo, dando a entender que fue un encontronazo fortuito, que se puso nervioso pensando que le habían pillado robando y que «sin darse cuenta de la fuerza que hacía» la mató al apretarla “demasiado” el cuello. «El Chicle» busca así una simple condena por homicidio. Pero las cosas no pintan bien para él. Los nueve feriantes que esa noche estaban aparcados en la zona han explicado que ninguno había notado que le faltara gasoil, desmintiendo así al acusado. La mayoría son gitanos de Porriño con ascendencia portuguesa. La única mujer, Clarisa, ha dicho que no notó que les faltara gasoil en la furgoneta ni en la caravana. Si lo hubieran hecho se vería forzada la goma. “No escuchamos que ningún compañero comentara que le habían forzado la tapa”, ha dicho. Y así, los otros ocho: ninguno fue víctima de robo por parte de “El Chicle”, probablemente porque nunca llegó a hacerlo. La vía por la que la defensa intenta llevar esto a su terreno es que se tratan de tanques de gasoil con capacidad para unos 500 litros y 25 litros (lo que se supone que robó Abuín), hubieran sido imperceptibles.

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Entre estos testigos estaba Diego, un joven que trabajaba para Clarisa y que en su día llegó a manifestar en varios programas matinales que sí escuchó cómo una mujer gritaba “¡Déjame en paz!”. Sin embargo, el chico cambió de versión hasta en tres ocasiones ante los agentes de la Guardia Civil, según ha explicado el abogado de la acusación, por lo que nadie en la vista le ha preguntado por ello. “Había estado tomando unas cervezas y fumando unos porros”, ha dicho. Los feriantes también se han puesto de acuerdo en que la zona no estaba especialmente bien iluminada y que era bastante tranquila. En cualquier caso, la mayoría aún no estaba durmiendo en las caravanas a la hora en la que se produjeron los hechos, por lo que nadie vio ni oyó nada del momento en el que Abuín aborda a Diana.

El mariscador que encontró el iPhone

Francisco Manuel González es el mariscador que encontró el móvil de Diana el 27 de octubre de 2016 entre el sexto y séptimo pilar que hay debajo del puente de Taragoña, por el que cruza la autovía AG-11. Usaba un rastro y, una de las veces que lo sacó, se encontró con el iPhone de la joven, que su asesino había lanzado al mar dos meses antes cuando iba con ella en el coche, aún viva según Fiscalía y acusación; ya muerta, según la defensa.

Todas tenemos miedo”

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También hoy ha sido el turno de escuchar (por videoconferencia desde Madrid) a las dos últimas personas que vieron a Diana con vida. Una fue su amiga Nerea, de 20 años, que explicó lo que habían estado haciendo esa noche. “Estuve con ella en el parque que hay cerca de la gasolinera, donde solemos hacer botellón, y ella tenía frío. Le dejé mi jersey gris oscuro, para que se lo pusiera debajo de la chaqueta vaquera”. Luego, sobre las 2:20 de la madrugada Diana le dijo que se iba casa. Estaba cansada y, además, se estaba quedando sin batería. “Ella me dejó su chaqueta vaquera y se quedó con mi jersey”. Diana llevaba, según esta joven, un pantalón corto blanco, una blusa blanca y unas zapatillas de deporte. Se fue andando a casa, como solía hacer todas las noches. De hecho, esta misma chica junto con un grupo de amigos la acercaron con el coche a casa justo la noche anterior, cuando regresaban de fiesta sobre las 4:30 horas y también se la encontraron andando sola. Cuando le han preguntado si Diana era una persona miedosa, la joven ha contestado que “a todas las mujeres nos da miedo ir solas por la calle pero es lo que nos toca”. La hermana de la víctima, Valeria Quer, ha comenzado a llorar cuando la abogada de la defensa le ha preguntado si Diana no estuvo en actitud cariñosa con algún joven aquella noche, pero el magistrado presidente del tribunal la ha cortado: “La vida privada de esa chica no nos interesa”.

Pero en realidad, la última persona que vio a Diana, aunque fuera a lo lejos y no hablara con ella, es una menor de edad que la situó a las puertas de la pizzería Mi Manda Picone, en el paseo marítimo. Ella estaba unos 100 metros antes, volviendo a casa y supuso que, como hacen todos los jóvenes que van de veraneo a A Pobra y no tienen internet en casa, estaba tratando de conectarse a la wifi del establecimiento. “Estaba parada frente al restaurante ella sola. Luego empezó andar dirección a su casa”. Eran, dijo, sobre las 2:30 horas de la noche. Apenas diez minutos después, se encontró con su asesino.

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El último WhatsApp

Jorge Gutiérrez, un amigo de clase de Diana, fue la última persona con la que la joven se envío un mensaje de móvil. Según declaró habían estado hablando durante todo el día porque los dos habían suspendido la misma asignatura y esa noche penaban incluso hacer una videollamada pero ella le dijo que le quedaba poca batería. Fue Jorge al que puso el mensaje: “Me estoy acojonando. Un gitano me estaba llamando”. Jorge le preguntó que qué le había dicho y ella contestó el tristemente famoso: “Morena ven aquí”. Ahora sabemos que es una de las “marcas de la casa” de Abuín. Él le volvió a escirbir: “¿Y qué le has dicho?” Pero ese mensaje Diana ya no lo leyó. “Solo salía un tic. No estaban los dos tic azules. Creo que no lo leyó”. Como ella le había dicho que estaba sin batería no le dio importancia. Además, pensó que “era el típico chico con dos copas que le dice una tontería”.