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La profesión con más futuro y menos candidatos

En el 2050, España será el país más envejecido del mundo y más del 40% de los españoles superará los 60 años. Por eso, los cuidados a las personas mayores suponen una de las grandes oportunidades de empleo que existen en este momento, y además, el imparable envejecimiento de nuestra población provocará que el sector demande cada vez más profesionales.

Los cuidados a los mayores son profesiones vocacionales ya que implican un contacto muy personal y cercano. Requieren habilidades, no sólo profesionales, sino también sociales pero conllevan un enorme grado de satisfacción entre los trabajadores que ven cómo su labor genera un gran beneficio en las personas que están a su cargo.

El servicio más demandado de la Ley de Dependencia es el de Ayuda a Domicilio para el que hay una permanente macrooferta laboral. Sin embargo, en un país castigado por el desempleo, el sector atraviesa serias dificultades para cubrir la demanda de profesionales cualificados. ¿Qué está ocurriendo?

Cinco profesionales de Clece que trabajan en distintos servicios de Ayuda a Domicilio, ofrecen cinco razones por la cuales, muchas personas que buscan empleo rechazan esta profesión.

1. Sueldos generalmente bajos

Es una reivindicación de los profesionales de este sector, un aumento de su salario. Es necesario dignificar esta profesión y esto pasa, en primer lugar, por una mejora de sus condiciones salariales. Pero solo las administraciones públicas pueden hacerlo.

Ana Isabel, jefa de servicio de Ayuda a Domicilio, considera que la revisión salarial al alza de las Auxiliares: “Debe realizarse con carácter de urgencia, ya que el servicio social que presta es imprescindible y, sin embargo, la demanda de auxiliares no se cubre. Contra lo que generalmente se cree, no somos las empresas sino las Administraciones públicas las que pueden aumentar el salario de las auxiliares a través de los pliegos de condiciones de los contratos. Prueba de ello es el vaivén de salarios, es decir, la brecha entre comunidades. Como ejemplo, el sueldo medio en Vizcaya es un 77,08% más alto que la media del Estado”.

2. Dificultades para conciliar

Las jornadas laborales están marcadas por los técnicos y trabajadores sociales de la Administración pública. Son poco flexibles, muy difíciles de compaginar con la vida familiar porque se concentran en franjas de 8:00 a 12:00 y de 20:00 a 22:00 horas.

Carlos, Jefe de Grupo de Servicios Sociales, considera prácticamente imposible la conciliación de las auxiliares: “La Ayuda a Domicilio es el único servicio en el que no se tiene en cuenta la organización laboral. Las empresas estamos obligadas a prestar el servicio a la hora que pida el usuario, aunque eso impida organizar turnos para las auxiliares. Es como si la Administración hubiera trasladado a este colectivo, el antiguo y sacrificado rol del ama de casa que atendía cualquier necesidad a cualquier hora, lo que conlleva que este sector, feminizado en un 99%, no tenga ninguna posibilidad de conciliación familiar, porque para obtener un sueldo mínimamente útil, debe cumplir varios turnos fragmentados, o trabajar menos horas, pero casi todos los días de la semana”.

3. Traslados constantes

Las auxiliares pueden comenzar su jornada muy temprano y pasar todo el día pendientes de sus servicios. Por ejemplo, pueden tener una jornada de tres horas pero han de desplazarse tres veces: mañana, mediodía y tarde, para ganar poco salario y no poder compaginar estas horas con un segundo empleo. Además, el desplazamiento de un domicilio a otro no siempre está considerado como tiempo efectivo de trabajo. Este problema se agrava en las zonas rurales donde hay que recorrer grandes distancias.

Laura, Auxiliar de Ayuda a Domicilio, realiza su jornada entre distintos pueblos: “Tengo usuarios por toda la comarca y ocupo mucho tiempo entre servicio y servicio. Entiendo que muchas compañeras prefieran trabajar en una residencia porque esto es duro. Aunque a mí me guste más el trato tan directo de la ayuda a domicilio, a veces dudo de si soy más conductora que cuidadora”.

4. El usuario confunde la función de su auxiliar

Las funciones del Auxiliar de Ayuda a Domicilio no están bien definidas. Y con frecuencia, tanto la persona que recibe la prestación como su familia, se extralimitan en la demanda de servicios. El trabajo del auxiliar es proporcionar la atención necesaria en el hogar, para que el usuario lleve una vida lo más autónoma posible.

Inmaculada, Responsable de Coordinación del Servicio de Ayuda a Domicilio, revela que existe una gran confusión entre los usuarios: “Con frecuencia piden tareas que nuestras auxiliares deben rechazar, lo que, en ocasiones, genera tensiones. Hacer curas, suministrar insulina o subirse a escaleras y superficies inestables, son demandas que no tienen que cubrir porque entrañan riesgo, bien para el usuario, bien para la trabajadora. Aunque lo más habitual es la solicitud de atención (planchar, cocinar) a otros miembros de la unidad familiar, así como a las mascotas. A varias de nuestras auxiliares les han llegado a pedir que encalaran la fachada del domicilio”.

5. Falta de prestigio profesional

Pese a que en los últimos tiempos el sector se ha profesionalizado con la exigencia de acreditaciones de experiencia y formación, el trabajo de los auxiliares no obtiene el reconocimiento social que merece.

Eva, Auxiliar de Ayuda a Domicilio, lo lamenta: “Cuando se habla de nuestro trabajo casi siempre se dice que consiste en limpiar culos. Yo suelo responder: sí y a mucha honra. En realidad, hacemos mil actividades, todas imprescindibles, el aseo es una de ellas. Pero la fundamental es el acompañamiento. Varias de las personas de las que me ocupo me confiesan que muchos días soy la única persona con la que hablan. Cada una tiene sus necesidades específicas pero todas necesitan calor humano. Trabajas en sus casas, entras en sus vidas y dejas que ellas entren en la tuya. Esa es nuestra función esencial”.