Estados Unidos reconoce 53 años después la contaminación radiactiva de una playa española consecuencia del accidente de Palomares

En 1966 un bombardero dejó caer cuatro bombas nucleares en la playa de Palomares (Almería) contaminando el agua y enfermando a muchos de los soldados que participaron en la limpieza

Manuel Fraga en el conocido baño en la playa de Palomares tres el accidente aéreo que provocó la caída de dos bombas atómicas en la costa de Palomares
Manuel Fraga en el conocido baño en la playa de Palomares tres el accidente aéreo que provocó la caída de dos bombas atómicas en la costa de Palomares

El Tribunal de Apelaciones de EE.UU ha dictaminado que los soldados que enfermaron por limpiar la playa española de Palomares (Huelva) tienen derecho a demandar indemnizaciones por discapacidad. Muchos de estos soldados acabaron desarrollando distintos tipos de cáncer y según los magistrados que llevan el caso esto fue consecuencia de su alta exposición a material radiactivo.

Víctor Skaar, un veterano de la Fuerza Aérea que participó en la limpia de la playa almeriense padece ahora de una grave leucemia. Él ha liderado la demanda colectiva que ha dado como resultado el reconocimiento de la contaminación fruto del accidente.

Durante años las demandas realizadas por los afectados fueron desestimadas. Décadas de silencio en las que, tanto Estados Unidos como España, negaron rotundamente que las aguas del Palomares hubiesen quedado manchadas de radiación.

Foto de archivo del accidente Foto de Archivo

Aquel 17 de enero de 1966

En plena Guerra Fría, las decisiones militares, socio-políticas y/o económicas de Estados Unidos y de la Unión Soviética acaparaban los titulares de medio mundo. España no iba a ser una menos al momento de posicionarse en un bando u otro, eras capitalista o comunista. No había más opciones.

En nuestro país, el gobierno de Francisco Franco perseguía con dureza a todo movimiento que se acercase lo más mínimo a las ideas comunistas, por lo que no era difícil esperar que España se declarase abiertamente como aliado de EE.UU.

Por su parte, el país norteamericano, entonces presidido por Lyndon B. Johnson, vio en España una oportunidad de poder asentarse en un territorio que servía de nexo entre Europa y África, además de contar con una muy buena posición marítima para la marina estadounidense que podía cerrar el mediterráneo a las influencias soviéticas.

En este contexto, dos aviones militares de la Fuerza Áerea de los Estados Unidos, concretamente un avión cisterna y un bombardero estratégico B-52 colisionaron a poco mas de 10.000 metros de altura mientras se encontraban realizando una maniobra de repostaje sobre la pequeña localidad de Almería. Como consecuencia se desprendieron cuatro bombas termonucleares Mark 28 que transportaba el bombardero. Siete de los onces tripulantes murieron en el accidente. Los tres pilotos del B-52 y cuatro del avión de repostaje.

Cada una de las bombas caídas al mar tenía un potencial destructivo 70 veces mayor que las lanzadas en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial. Contaban con una potencia de 1,5 megatones y un peso de 800 kilos cada una. Dos de estas bombas no sufrieron daños al caer con paracaídas, pero las otras dos restantes si que llegaron a explotar, aunque con el explosivo convencional. No llegó a ser una reacción en cadena gracias al sistema que lo impide en caso de impacto.

Dos de las bombas caídas en Palomares Archivo

El resultado fue la formación de grandes nubes compuestas por finas partículas que contenían materiales altamente radiactivos, asentándose en zonas de monte bajo, cultivos e incluso zonas urbanas.

El vicepresidente del Gobierno, por aquel momento Agustín Muñoz Grandes, ordenó una investigación del accidente al comandante del Ejército del Aire, Guillermo Velarde, quien examinó restos de plutonio en las bombas termonucleares.

El silencio sobre lo ocurrido en Palomares ha terminado

El Gobierno no suministró protección de ningún tipo a los Guardias Civiles que participaron en las acciones de limpieza y se mantuvo bajo secreto, presionado por Estados Unidos, los informes médicos. Cuando se desclasificó en 1986, el 29% de la población de Palomares contenía trazas de plutonio en su organismo.

De aquella fecha nos quedan las famosas fotografías del ministro de Información Manuel Fraga junto al embajador estadounidense y otras autoridades locales bañándose en las aguas de la playa de Palomares (Almería) para convencer a la opinión pública de que no existía contaminación de ningún tipo en el mar. Claro que siempre hubo polémica sobre esas imágenes, ya que muchos consideraban que el baño se produjo en Mojácar, a 15 kilómetros del lugar del accidente.

Sería hace poco más de un año cuando el Consejo de Seguridad Nuclear publicó una lista de los lugares geográficos de España con presencia radiactiva, siendo encabezada por Palomares.

Según el físico nuclear Francisco Castejón, dirigente de la ONG Ecologistas en Acción, afirmó que “Palomares es el lugar más contaminado por Plutonio de Europa”. “Para limpiar el territorio, habría que remover unos 50.000 metros cuadrados de tierra”.

Ahora serán los juzgados norteamericanos los que determinarán si debe haber indemnización a todos los soldados que de algún modo pueden presentar enfermedades asociadas al contacto con la radiación.