La covid-19 catapulta el teletrabajo y coloca a España a un paso de su potencial

Mujer universitaria, mayor de 44 años, empleada en los sectores de la información o financiero, el colectivo con mayor capacidad para trabajar en remoto en nuestro país

Los empresarios españoles en tiempos de covid-19 han hecho suya la aseveración del ilustre Miguel de Unamuno “el progreso consiste en renovarse”. Por eso, ante la tesitura de “renovarse o morir” durante el confinamiento de toda la población activa, han tenido clara su elección, adaptar con celeridad a sus plantillas al trabajo en remoto desde sus casas, práctica poco habitual en España hasta la declaración del estado de alarma el pasado 14 de marzo. En tan sólo unos meses, se ha invertido la tendencia y se ha pasado de unas tasas de teletrabajo en 2019 del 8,3% de la población activa al 30% actual. En estos momentos, tres de cada diez personas han convertido su hogar en su oficina, al amparo de la pandemia global. De esta manera, el virus ha colocado a España a un paso de su potencial de trabajo en remoto. Se estima que el 32,6% de los trabajadores españoles podría perfectamente desarrollar sus profesiones desde sus domicilios.

A escasa distancia de alcanzar este porcentaje, el coronavirus ha aproximado también a nuestro país a las cifras de teletrabajo que registran, en estos momentos, las economías líderes de la eurozona, como los Países Bajos, donde cuatro de cada diez personas tienen montadas sus oficinas en sus domicilios, y Luxemburgo, donde teletrabaja el 33,1% de los empleados.

Así lo advierte CaixaBank Research en su último informe correspondiente al presente mes, en el que se calcula que el 32,6% del total de los empleados en España podría transformar su hogar en su despacho. Esta estimación está basada en datos de la encuesta de población activa (EPA), que elabora el Instituto Nacional de Estadística.

Cuestión de género, edad y educación

El teletrabajo está estrechamente vinculado al género, a la edad y al nivel educativo. De ahí que las mujeres universitarias, con más de 44 años de edad, pertenecientes a los sectores de la información o financiero constituyan el colectivo que más lo práctica y con mayores posibilidades de hacerlo en un futuro inmediato. En nuestro país, 22 de cada 100 jóvenes de entre 16 a 24 años podrían teletrabajar, esta proporción sube hasta 33 de cada 100 empleados con edades comprendidas entre 25 y 44 años que podrían tener la oficina en casa, se estanca en el 32% a partir de los 45 años y se dispara al 38% a partir de los 65 años.

Algo similar a la edad ocurre con la formación. A más estudios más posibilidades de trabajar desde casa. Sólo el 11,1% de trabajadores con estudios inferiores a bachillerato podrían trabajar en su hogar, frente a un 23,5% con título de bachillerato, Mientras, la mitad de los empleados con grados universitarios y superior podrían cumplir sus horarios laborales desde sus domicilios. Pese al impulso registrado en nuestro país de la mano del covid-19, la realidad es que aún estamos lejos del recorrido en teleempleo que presentan nuestros socios comunitarios.

El potencial promedio de la antigua Unión Europea a 28 se sitúa en el 37%, como consecuencia de la elevada capacidad de países muy avanzados respecto al trabajo en remoto, como es el caso de Luxemburgo, Suecia o Reino Unido, mercados en los que aún tiene bastante recorrido el teletrabajo y en los que la mitad de sus empleados podrían desarrollar sus labores desde casa.

No obstante, esta evolución depende sobremanera de los sectores predominantes en cada país. Un profesor universitario puede seguir dando sus clases fácilmente desde casa a través de videoconferencias, mientras que un camarero no tiene la posibilidad de servir mesas desde las plataformas digitales. Así, las economías con un mayor peso de los servicios de elevado valor añadido, como la información y las comunicaciones o los servicios financieros, presentan una mayor capacidad para que aumente el teletrabajo, frente a los países donde prevalecen sectores como la construcción o el comercio minorista, en los que es más difícil que crezca por la propia naturaleza de este tipo de actividades económicas, como es el caso español.

Como botón de muestra, los dos sectores con mayor potencial para la realización del teletrabajo, información y comunicaciones y actividades financieras y de seguros, contribuyen conjuntamente casi el doble al PIB del Reino Unido (12,5%) que al PIB español (6,7%), lo que sitúa al Reino Unido, sin duda, en una posición privilegiada para beneficiarse del empleo en remoto.

En este escenario, los países con una alta capacidad para el teletrabajo se verán menos afectados por el shock del coronavirus, según el informe de CaixaBank Research. A su juicio, el empleo en remoto se ha revelado como una pieza fundamental de la actividad económica. Por eso considera muy probable que las empresas redoblen su apuesta por la transformación digital en la era postcovid, lo que facilitará que el teletrabajo continúe creciendo.

El estudio enumera también los beneficios del teletrabajo en la era postcovid, como unas condiciones laborales más flexibles, lo que permitirá mejorar la conciliación de la vida laboral y familiar o la posibilidad de vivir en áreas más alejadas de las grandes ciudades, con un aumento de la calidad de vida de los trabajadores, lo que permitirá, de paso, unas ciudades menos congestionadas y más limpias.