Trump cede a la polémica y mantiene su sala de crisis contra el coronavirus

El presidente estadounidense dio marcha atrás a su plan de desmantelar a su equipo qye trabaja contra la COVID-19 y afirmó que este se mantendrá “indefinidamente”

(EFE). El presidente de EE.UU., Donald Trump, dio marcha atrás este miércoles a su plan para desmantelar el equipo de trabajo contra el coronavirus y mantendrá "indefinidamente" esa sala de crisis, mientras admitió que la pandemia ha sido peor para su país que los ataques del 11-S o el de Pearl Harbor.

Trump cedió así a la polémica que generó la revelación este martes de que planeaba eliminar su grupo de trabajo, en un momento en que el COVID-19 sigue expandiéndose en EE.UU. y el número de muertes aún podría duplicarse en los próximos tres meses hasta superar las 134.000, según cálculos de la Universidad de Washington.

“El grupo de trabajo continuará indefinidamente, concentrado en la seguridad y en reabrir nuestro país de nuevo. Podemos añadir o retirar gente, según sea apropiado”, escribió Trump, quien agregó que el equipo también se centrará mucho en “las vacunas y los tratamientos terapéuticos”.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, había confirmado este martes su plan de desmantelar su equipo de respuesta al COVID-19, lo que dejaría al Gobierno sin su sala de crisis cuando los expertos advirtieron que el número de muertes por coronavirus en el país podría duplicarse hasta agosto.

El grupo de trabajo se creo a finales de enero y está compuesto por una veintena de altos cargos de distintas agencias del Gobierno de EE.UU., que en ocasiones han chocado con el consejo de los expertos en salud como Fauci o Birx.

Las recomendaciones de ese grupo de trabajo no siempre han gustado a Trump, impaciente por reactivar la economía, y Fauci ha contradicho varias veces al mandatario, la última de ellas este lunes, cuando dijo en una entrevista que no hay “pruebas científicas” de que el coronavirus surgiera en un laboratorio chino.

UN MITIN EN LA FÁBRICA DE MASCARILLAS

A medida que se acercan las elecciones de noviembre, aumenta la impaciencia de Trump por reactivar la economía y conectar con sus votantes, y la visita del mandatario este martes a una fábrica de mascarillas en Phoenix tuvo muchas similitudes con sus mítines de campaña.

Poco antes de proclamar que Estados Unidos ya está “en la fase siguiente de la batalla” contra el coronavirus, centrada en la reapertura, Trump invitó a subir al escenario a los dueños de un restaurante mexicano en Tucson (Arizona) que fueron criticados en marzo por su apoyo al mandatario.

“De parte de muchos latinos que nosotros conocemos, sé que su voto va a ir para usted”, dijo en español una de ellos, Betty Rivas, consciente de la importancia que esos electores tienen para Trump en el estado clave de Arizona. Aunque por la mañana aseguró que lo haría, Trump no se puso ninguna mascarilla para visitar la fábrica en Phoenix, y solo se tapó los ojos con unas gafas protectoras.