Albergues en Paraguay: la trinchera contra el COVID-19

Con más casos del nuevo coronavirus en América Latina y pese a su frágil sistema sanitario y su economía informal, Paraguay apenas ha reportado un puñado de muertes por el virus

A family takes a walk in the garden of a religious property being used as a government-run shelter where citizens returning home are required by law to quarantine for two weeks and pass two consecutive COVID-19 tests, as a preventive measure amid the COVID-19 pandemic on the outskirts of Asuncion, Paraguay, Thursday, June 18, 2020. While Paraguay appears to be controlling the disease, it faces concerns about a predicted 5% drop in gross domestic product for an economy that was already struggling, and a health system that remains unprepared for a large-scale epidemic. (AP Photo/Jorge Saenz)
A family takes a walk in the garden of a religious property being used as a government-run shelter where citizens returning home are required by law to quarantine for two weeks and pass two consecutive COVID-19 tests, as a preventive measure amid the COVID-19 pandemic on the outskirts of Asuncion, Paraguay, Thursday, June 18, 2020. While Paraguay appears to be controlling the disease, it faces concerns about a predicted 5% drop in gross domestic product for an economy that was already struggling, and a health system that remains unprepared for a large-scale epidemic. (AP Photo/Jorge Saenz)Jorge SaenzAP

(AP). Uno de los pilares del control de la pandemia fue la rápida apertura de una red de albergues adonde son ingresados en forma obligatoria para cumplir una cuarentena mínima de 14 días todos los que arriban al país, un programa que ha despertado tantas quejas como elogios.

“Es un gran desafío para el gobierno nacional buscar el equilibrio”, dijo a The Associated Press el viceministro y asesor de la presidencia Federico González, quien indicó que desde que comenzó la pandemia 8.500 compatriotas regresaron al país.

“Los albergues están llenos y la población segura”, agregó González.

Sin salida al mar, con poca densidad de población y siete millones de habitantes, Paraguay es una de las economías más humilde e informal de Sudamérica. En 2019 tuvo un crecimiento nulo.

Además comparte 1.300 kilómetros de frontera con Brasil, convertido en el epicentro de los contagios y muertes por COVID-19 en América Latina.

Paraguay fue una de las primeras naciones en reaccionar a la amenaza sanitaria. En febrero canceló las visas para los ciudadanos chinos y en marzo cerró las fronteras imponiendo a sus ciudadanos y residentes que volvían al país la obligación de ingresar a estos albergues de los cuales sólo pueden salir luego de que dos test consecutivos arrojen resultados negativos al coronavirus. Actualmente hay 175 en todo el territorio nacional.

Instalados en academias militares o de policía, moteles transitorios o instituciones religiosas, los albergues se sumaron a la suspensión de las clases y las actividades públicas, entre otras restricciones.

“Creo que han sido muy acertadas las medidas tomadas por el gobierno”, dijo a AP la senadora por el opositor e izquierdista Frente Guasú, Esperanza Martínez, quien además fue ministra de Salud.

Hasta el jueves la nación sudamericana había reportado 2.303 contagios y 19 muertes por COVID-19.

La AP contactó a casi una decena de personas que pasaron por los albergues o que se encuentran en ellos. Algunos se quejaron del maltrato -sobre todo de los militares-, la calidad de la comida, la atención médica deficiente y el hacinamiento.

Un joven de 21 años que compartió su experiencia indicó que, aunque nunca dio positivo al COVID-19, estuvo dos meses y 18 días en uno de estos centros junto a otras 100 personas al regresar de Sao Paulo, donde trabajaba.