Medio Ambiente
Eva Martínez Rull

Avispa asiática: el insecto letal causa estragos en Galicia

Se la llama «avispa asesina» porque es una gran depredadora de abejas. Su picadura no es más tóxica para los humanos que la de cualquier otra, pero acostumbra a atacar en enjambre y cada vez está más cerca del hábitat humano

Las tres muertes ocurridas esta semana en Galicia han levantado las sospechas en torno a la vespa velutina, avispón asiático o avispa negra, una especie invasora que llegó a España a través de Francia en 2010 y que sigue extendiéndose por la Península. El primer caso de muerte por su picadura se dio en Galicia en 2015 y este jueves fallecía un vecino de Porriño (Pontevedra) a los 78 años de edad por al menos una veintena de picaduras de vespa velutina mientras desbrozaba en su finca. Esta misma semana, dos hombres morían en Galicia tras sufrir picaduras de avispa. Sin embargo, en estos dos casos la picadura era de una especie autóctona y no asiática como se apuntaba al principio. Lo que sí se sabe es que los fallecidos eran alérgicos. Y es que aunque la vespa velutina soporte motes como el de avispa asesina no se ha constatado que su veneno sea más peligroso que el de cualquier otra especie autóctona. «No nos consta que sea más tóxica que cualquier otra avispa común o cualquier otro himenóptero venenoso que también puede causar la muerte. Tampoco los datos de que disponemos permiten afirmar que esta especie sea más agresiva. Cuanto más contacto tenga con la población más pueden darse estos casos, pero no es peor que el avispón europeo o vespa crabro», explica Joan Pino, profesor del departamento de Biología Animal, Biología Vegetal y Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona e investigador del centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales.

«El peligro es el mismo que con cualquier otra avispa. En el caso de que haya habido una picadura anterior, aunque sea de otra especie se puede dar una reacción cruzada que puede ser peligrosa para los alérgicos. Pero hay que tener en cuenta que normalmente estas avispas hacen el nido en sitios altos. La única diferencia con otras especies es que ataca en enjambre y que es muy protectora con su nido, pero en esto se parece a los avispones autóctonos. Estos sí suelen poner el nido cerca del suelo y, de hecho, son las que más picaduras provocan en España», explica Leopoldo Castro, especialista en véspidos y miembro de la Asociación Española de Entomología. «Las picaduras son muy dolorosas, aunque no son más peligrosas. La mayoría de personas atacadas por las avispas presentan síntomas locales como dolor, enrojecimiento e hinchazón en la zona de penetración del veneno, que desaparecen en varios días. En las personas alérgicas, pueden aparecer reacciones como picor generalizado, subida de la temperatura corporal, bajada de la tensión arterial, problemas respiratorios, problemas cardiovasculares, síntomas nerviosos, edema de glotis, etc. En los casos de picaduras múltiples, la inoculación de veneno puede ser muy elevada y provocar síntomas generales, como lipotimia, cefalea intensa, fiebre etc. En estos casos el daño causado puede ser importante aunque no haya alergia previa. Si después de un ataque del avispón asiático se observan síntomas generales, sin perder la calma pero de forma urgente hay que acudir a un centro médico para recibir el tratamiento adecuado, pues estos síntomas son graves y pueden conducir a un shock anafiláctico», dice el Manual para la Gestión del Avispón Asiático del Gobierno Vasco (una de las CC AA con más presencia de velutina).

La avispa asiática llegó en 2004 a Europa y desde entonces ha ido conquistando terreno, tanto por la Península como por medio continente. Su presencia es habitual en toda la cornisa cantábrica, especialmente en Galicia: sólo en 2017 se retiraron 18.000 nidos. Ahora se expande por las costas, tanto por la portuguesa, donde se ha llegado a detectar en Lisboa, como por la de Levante; hace unos días agentes rurales de la Generalitat confirmaban el hallazgo de un nido de velutina en Barcelona. Sólo hasta enero se habían detectado 370 nidos en Cataluña y en Baleares se contaban 20 esta primavera. El centro peninsular todavía no cuenta con su presencia: «Probablemente no le gusta el clima. La avispa asiática prefiere las zonas húmedas y templadas todo el año», matiza Castro.

Manuel Barquín, responsable de apicultura de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos, cree que la velutina llegará al centro peninsular el próximo lustro. «Y el problema no es tanto para los apicultores como para la población general porque hacen sus nidos primarios muy cerca de donde está el hombre, donde está muy urbanizado. Estos primeros nidos no son peligrosos porque la reina tiene que hacer todo ella sola hasta que tenga una primera generación criada. Es muy vulnerable en esta fase y muy poco agresiva. Una vez hecho esto, establece un segundo nido y ya cuenta con numerosas obreras (pueden ser hasta 3.000 individuos). Si siente que su nido está en peligro es cuando ataca y ahí puede hacer daño porque son varias decenas las que salen a defenderlo. Esto ocurre más después del verano». Otro problema es que se reproducen con mucha facilidad, pudiendo llegar a las 300 reinas por temporada.

A pesar de la alarma, el verdadero peligro lo representa para las abejas melíferas que son parte de su dieta. Las avispas asiáticas se alimentan de todo tipo de insectos de donde obtienen las proteínas y, cuando están en zonas humanizadas, el pasto más fácil de encontrar son las abejas. Por eso se han ganado el mote de asesinas porque su método de caza de insectos es de lo más eficiente y mortífero. Además de la depredación directa, que también realizan las especies de avispas autóctonas, merman la capacidad productiva de las colmenas porque las inmovilizan. Cuando los ataques son masivos las abejas se encierran en la colmena, no salen a recolectar y «van tirando de reservas, adelgazan y crían menos. Este es el daño mayor que le hacen a las colmenas, mucho más que la depredación directa», continúa Barquín. Un apicultor que se ha encontrado con su ataque constante puede perder toda la cosecha del año y eso son entre 15.000 y 20.000 euros dice el apicultor.

Trampas con feromonas

Tanto los apicultores, como las administraciones autonómicas y nacionales han declarado la guerra a la vespa velutina. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación puso en marcha en 2015 una Estrategia de gestión, control y posible erradicación del avispón asiático y cuenta con el Plan Apícola Nacional 2017- 2019 para luchar contra las enfermedades y agresores de las colmenas, entre los que ya se encuentra esta especie invasora. «Una de las formas más efectivas que se ha puesto en marcha es el trampeo selectivo de reinas. Se pone unas botellas con líquido atrayente como alguna solución azucarada para atraparla», explica Barquín. También, y dentro de la línea destinada al desarrollo de proyectos de investigación del Plan Apícola se ha aprobado un proyecto sobre uso de feromonas; una mezcla atrayente para vespa velutina que se basa en el estudio de compuestos presentes en glándulas salivares y abdominales. La existencia de un atrayente específico mejoraría la eficiencia de las campañas de vigilancia y el trampeo sin afectar a otras especies de polinizadores.

Sin embargo, Paco Bello, de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores de Galicia, cree que «el problema de la proliferación también está relacionado con que tiene pocos enemigos naturales. La sensación es que proliferan más que los que se quitan. Hacen falta más medios porque hasta ahora cada uno ha hecho lo que ha podido y ha habido algo de descoordinación». Eso es precisamente lo que piden las asociaciones: una actuación coordinada para que se ponga freno de forma efectiva a la vespa velutina tan dañina para las abejas melíferas y cada vez más cercana al hábitat humano. Y es que los apicultores muchas veces se ven obligados a recoger sus colmenas y trasladarlas a zonas libres de esta avispa para no perder sus producciones. «Además falta investigación porque sabemos algo de la velutina pero no todo», opina Castro.