Medio Ambiente
Eva Martínez Rull

Los enjambres de abejas provocan 909 salidas de bomberos sólo en Madrid este año

La lluvia y las flores han multiplicado la cría de reinas que se dispersan para formar colmenas. En la capital se han triplicado las recuperaciones

Sólo en lo que va de año los bomberos de la Comunidad de Madrid han realizado más de 909 intervenciones para rescatar enjambres de abejas. Esta cifra triplica el número de salidas del año pasado (244) y del anterior (680). «Este año estamos batiendo récords tanto en Madrid como en el resto de la Península. Y por el ritmo diario de salidas que estamos realizando probablemente superemos las mil», explica a este dominical José Manuel López, bombero de Pinto y apicultor, quien además se encarga de la formación en rescate de estos animales dentro del cuerpo de bomberos de la comunidad. Además de por la multiplicación, este año los rescates se caracterizan por lo tarde que han empezado a enjambrar las abejas. «En abril llevábamos sólo seis o siete salidas y ahora no paramos», detalla López. Rafael Fernández de la Fuente también es bombero, pero él en el Ayuntamiento y también confirma que «desde el 11 de marzo hasta esta semana hemos realizado unas 121 intervenciones en el municipio. No hemos hecho ninguna salida a principios de año; han tardado en llegar». Fernández está trabajando en una tesis sobre abejas urbanas y afirma que otros años se han contabilizado hasta 400 intervenciones sólo en el municipio para quitar tanto enjambres de abejas como avisperos.

La causa que ha llevado a que este año los apicultores estén de enhorabuena tras un 2017 bastante malo y que los bomberos no paren de salir a rescatar enjambres, y además tan avanzado el verano, es básicamente las circunstancias climatológicas de estos meses. Por un lado, tanta lluvia ha aumentado la floración y con ella la cantidad de polen y de alimento para las abejas, que han aprovechado la bonanza para criar más reinas. Y es que las colmenas son uno de las grandes ejemplos de eficiencia en la organización social.

Si hay más alimento, la reina cría más y se producen más divisiones de la colmena en nuevos enjambres, un proceso natural que sirve a las abejas para sobrevivir y al que se conoce como enjambrazón. Una reina es capaz de poner más de mil huevos todos los días. Las obreras, cuando realizan la función de nodriza (también se harán cereras o pecoreadoras según su edad...) se encargan de alimentar a las larvas. A las que van a ser reinas se las alimenta durante 16 días, lo que tardan en criarse, con jalea real exclusivamente. A las obreras se les alimenta desde el tercer día con pan de abeja hasta las tres semanas, tiempo total que necesitan para formarse.

Tormentas

Las jóvenes reinas una vez crecidas, abandonan la colmena para establecer una nueva comunidad. Primero enjambran donde pueden, desde un árbol a una sombrilla –como ha pasado en Barcelona este año– a un conducto de gas o una persiana. Desde esa primera bola saldrán algo más tarde las exploradoras para buscar el sitio definitivo para enjambrar y si la comunidad sigue creciendo se convertirá en una nueva colmena.

Eva Miquel desarrolla su actividad apícola al sur de la comunidad. Lleva poco tiempo en este sector, pero este año se ha sorprendido porque sus 50 colmenas, a las que ha ido dividiendo con cuidado cuando ha podido este invierno para hacer crecer el número, también han ido enjambrando a su aire hasta convertirse en 150 nuevas colmenas. «No es normal lo que ha pasado estos meses. Este año se han hecho muchas reinas. En mi caso lo he ido controlando porque las voy a ver con regularidad, pero en el de algún apicultor que haya pasado varios días sin ver sus colmenas, yo no sé la cantidad de abejas que se habrán escapado para enjambrar de forma silvestre. Además, con toda la lluvia que ha habido muchos días que no se ha podido ni abrir las colmenas para ver qué había sucedido en el interior», dice la apicultora y portavoz de la Fundación Amigos de las Abejas.

Por otro lado, al haber tantos episodios de tormentas tan seguidos, las abejas que intentaban formar un nuevo enjambre y una futura colmena (resumiendo mucho, el nombre varía por el tamaño que tenga) se han visto sorprendidas por nuevos aguaceros y han tenido que volver donde estaban o enjambrar precipitadamente. «Se han solapado las floraciones y cuando ha dejado de hacer frío, las abejas han salido en tropel y han hecho lo que han podido donde les ha pillado», afirma López.

El cuerpo de bomberos actúa por ley en el rescate de personas, animales o semovientes (dicho de otra forma, cabezas de ganado). Las abejas están incluidas en esta categoría por lo que están protegidas y no pueden ser sacrificadas. Así que lo que debe hacer si divisa un enjambre en su casa de vacaciones cuando llegue es avisar a los bomberos. Estos retirarán el enjambre probablemente el mismo día, sobre todo si se trata de uno apenas establecido. «En sus primeros tres días, las abejas no tienen nada que defender. Sólo está la reina y cuentan con sus reservas de alimento. Cuando ya van ensanchando los panales con intención de hacer colmena y se van agotando sus reservas puede llevar más tiempo trasladarlas. Hay varias formas de moverlas pero lo más sencillo es atrapar a la reina. Una vez que se consigue moverla a la caja caza enjambres todas las demás van solas detrás», explica López.

También los apicultores colaboran en estas acciones de rescate. Javier Pérez es apicultor en la zona de Peguerinos y también ve inusual lo que está ocurriendo estos meses. «Otros años me llaman un par de veces. En 2018 ya llevo seis o siete intervenciones. No he vivido un año como éste», dice.

Declive del 20%

Una vez retirado el enjambre, los bomberos lo ponen en manos de algún apicultor para que las lleve a un buen recaudo y puedan desarrollarse de forma segura como colmena. En el caso de las avispas la actuación es más sencilla porque sólo se trata de destruir el avispero, entre otras razones porque las avispas tienen un comportamiento imprevisible. Las abejas, sobre todo melíferas, tiene además, un valor especial en el ecosistema. Primero porque «son los insectos más eficaces para la polinización. Con su trabajo diario de recogida de polen o néctar (salen entre 15 y 20 veces al día) prestan una auténtico servicio agrícola; en España los cultivos sometidos a polinización por abejas van desde frutales como el almendro, el melocotonero o el cerezo a leguminosas como la alfalfa y cultivos hortícolas como fresas, frambuesas, espárragos y fibras textiles», explican desde la Fundación Amigos de las Abejas.

No son sólo fundamentales para garantizar la seguridad alimentaria, sino que, además y pese al boom de esta año, están en serio peligro. Desde hace varias décadas se observa una mortandad en los panales que se cifra en un 20% de media en los últimos años. Las causas principales son la urbanización de los campos, la introducción de nuevas especies, el cambio climático y el uso de pesticidas. Hay que recordar que en abril de esta año la UE votó a favor de prohibir tres insecticidas neonicotinoides por el peligro que representan para los insectos polinizadores.

Otro de los grandes males de las colmenas son las enfermedades que provoca el ácaro varroa o la Nosema. «Uno de los problemas de los enjambres silvestres es que sin tratamiento están destinados a desaparecer en tres años como máximo», explica Miquel.

PROTOCOLO DE ACTUACIÓN

Desde su ingreso en el Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid, los profesionales reciben formación específica y obligatoria en el manejo de enjambres de abejas. En esta formación, además de personal especializado del propio Cuerpo, colaboran apicultores profesionales de la región.

En caso de que en el hábitat de una persona surja un enjambre, los bomberos de la Comunidad de Madrid aconsejan alejarse, al menos, 100 metros. Si las abejas están dentro de una casa, deben cerrarse las puertas de la habitación donde se localice y avisar inmediatamente al 112. La intervención de los bomberos consiste, básicamente, en recoger el centro del enjambre, donde se encuentra la reina, e introducirlo en la «piquera». El resto de los insectos entra voluntariamente detrás de su reina y se va instalando en los panales que hay en la colmena a lo largo del día. A última hora de la tarde, cuando la actividad de las abejas disminuye, la colmena es recogida por los bomberos y se entrega a los apicultores que colaboran con el Cuerpo de Bomberos. Los apicultores se encargan de reubicar los insectos en el campo, en las zonas más favorables para la actividad de las abejas, en función del tipo de vegetación y de la climatología.