Energía solar
Eva Martínez Rull

Nivalis, la primera ciudad solar inteligente de España

Integrada en la naturaleza y preparada para autoconsumir su propia energía fotovoltaica. Así es el «Living Lab» que se construirá el año que viene en la sierra de Granada

Plantearse una actuación urbanística de la envergadura de la futura Nivalis en Granada equivaldría a emitir a la atmósfera unas 13.000 toneladas de CO2 anuales sólo por cubrir las necesidades básicas de luz de los edificios residenciales y terciarios, para la movilidad y el alumbrado eléctrico. Sin embargo, los autores de Nivalis han bautizado a este nuevo barrio como «la ciudad solar inteligente» porque aquí todo está pensado para neutralizar las emisiones y hacer posible la convivencia de los vecinos con el entorno natural. Algo así como montar un «Living Lab» en la sierra granadina. Incluso la localización y orientación ha sido consensuada entre el arquitecto Richard Rogers y la firma U·rb atelier y el Centro Nacional de Energías Renovables para beneficiar al máximo la captación solar y cubrir la demanda de energía al 100% con renovables. Y ya de paso reducir a cero las emisiones de CO2. «El diseñado tiene tres objetivos: ser un espacio libre de emisiones, que al cabo de un año el balance entre la energía generada y la consumida sea positivo y que el 100% de la energía que se consuma provenga de fuentes renovables», explica Juan A. Cantalapiedra, director de Nivalis Zero E y de U·rb atelier.

El desarrollo, de 237 hectáreas totales, se ha planteado alrededor de una espina verde; un área de paseo natural de cuatro km de longitud, que se complementa con unos dedos o espacios que engarzan las parcelas construidas con el paisaje natural de los alrededores. Gracias también a los jardines comunitarios de cada manzana se consigue liberar más de un 60% de la superficie del nuevo barrio para jardines. «El «masterplan» identifica una serie de rasgos naturales en la finca que se convierten en elementos estructurales del territorio. De esta forma el barranco de la Zapatera y el barranco Hondo dan origen a una primera distribución espacial en la que las zonas situadas al sur conforman grandes áreas de conservación ecológica. Las áreas urbanas que concentran la mayor edificabilidad se ubican hacia el norte, aprovechando la orientación sur de sus colinas. El territorio que se conforma entre ambos barrancos a través de una intervención paisajística de conexión, proyecta ese gran recorrido lineal, la espina verde», continúa Cantalapiedra.

Entre los equipamientos que se van a construir destacan hoteles, terrenos para usos comerciales y deportivos, pero también áreas destinadas a la transformación de productos ecológicos. Contará también con granja vertical de alimentos y se sustituye el diseño tradicional de campo de golf por un área dedicada a recorridos botánicos y refugios. Las obras comenzarán previsiblemente en 2019 y durarán unos siete años, aunque todo depende de las decisiones de los próximos meses, porque en la medida de lo posible se quiere por ejemplo incrementar los cultivos ecológicos.

Coches eléctricos

Para alimentar energéticamente todo este desarrollo se van a combinar varios tipos de energía, elegidas tras un análisis de los recursos renovables de la zona. «Por diferentes motivos (escaso recurso renovable o incompatibilidad con el objetivo de ser neutral en emisiones), se descartaron la biomasa y la energía eólica, la energía solar térmica está presente a pequeña escala», matiza Cantalapiedra. Una de las apuestas es la geotermia, es decir aprovechar la estabilidad de la temperatura en el interior de la tierra para climatizar los edificios a través de canalizaciones o tuberías de aire. La protagonista de la producción renovable es, sin embargo, la energía fotovoltaica, cuya potencia instalada total ascenderá a los 15MWp. Sólo en la zona residencial del primer barrio, asociado a 899 viviendas, la potencia media por vivienda instalada permitiría cubrir de forma neta los consumos domésticos y las cargas necesarias para que un coche eléctrico recorra 12.000 km anuales. «Toda la instalación está optimizada para consumir en la modalidad de autoconsumo la mayor parte de la energía generada (es posible que con un componente de acumulación eléctrica que se está evaluando actualmente), e inyectando el excedente instantáneo en la red», afirma el director.

Se quiere aprovechar cualquier superficie y tejado para instalar paneles, de manera que se cubran las necesidades térmicas y eléctricas de las viviendas, pero también pueden alimentar las farolas del nuevo barrio al mismo tiempo que sirven para cargar las baterías de los eléctricos enchufables. Y es que en este desarrollo se quiere potenciar la movilidad eléctrica y restringir el acceso de vehículos con motor de combustión.

Se controlará desde una única plataforma, la energía de la ciudad. Por una parte se visualizará en tiempo real, el consumo de energía –térmica y eléctrica–, desagregado por usos (residenciales, no residenciales, movilidad eléctrica, equipamientos urbanos, alumbrado público, etc.). De esta manera «se puede hacer un seguimiento de los patrones de consumo, identificar consumos anómalos o fallos, etc. La plataforma también permitirá conocer la producción fotovoltaica, de manera que se podrán realizar balances energéticos instantáneos y prever con antelación la producción», explica Florencio Manteca, director del departamento de Eficiencia Energética del Cener. En cuanto a la gestión del agua, el futuro desarrollo incluye la captación de aguas pluviales o reutilizar las aguas residuales.

Una tendencia mundial

La tendencia a proyectar desarrollos respetuosos con el entorno es creciente; la ciudad de Friburgo es pionera en el uso de solar. Algunas de sus viviendas superan los estándares de construcción Passivhaus y producen cuatro veces la energía que consumen. Otros proyectos como Regens Villages (Holanda) o Helsinge Haveby (Copenhague) combinan el uso de renovables con diseños integrados en la naturaleza que incluyen huertos y granjas verticales para conseguir alimentos ecológicos.