Cáncer
A. T. S

Primeros indicadores de pronóstico para el cáncer de mama más agresivo

Investigadores del CNIO han identificado seis proteínas que predicen su evolución

El cáncer de mama menos común, pero también más agresivo y más difícil de tratar, es el llamado triple negativo. En este cáncer no ha sido posible identificar marcadores que permitan clasificar a las pacientes según su pronóstico, o su probabilidad de responder a un tratamiento u otro. Investigadores del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) han desarrollado una clasificación exitosa de pacientes de cáncer de mama triple negativo que, por primera vez, discrimina a las que se curan de las que podrían recaer. También identifica nuevas dianas farmacológicas, y apunta a que en pacientes con estas dianas podrían ser efectivos tratamientos combinados con fármacos ya existentes.

En concreto, se han identificado seis proteínas quinasas cuyo estado funcional predice la evolución del cáncer de mama triple negativo. Además, los investigadores han hallado la manera de que el estudio de estas proteínas pueda hacerse en los hospitales, de forma que en el futuro sea una prueba clínica habitual.

El cáncer de mama triple negativo se debe a numerosas mutaciones que actúan conjuntamente y en combinaciones únicas para cada paciente. No ha sido posible, por ahora, hallar mutaciones genéticas dominantes que sirvan como indicador de pronóstico o de respuesta a fármacos. «Hasta ahora no ha sido posible establecer una relación entre la presencia de determinadas mutaciones en cáncer de mama triple negativo y un pronóstico, o la respuesta a fármacos», explica el oncólogo Miguel Ángel Quintela, director de la Unidad de Investigación Clínica de Cáncer de Mama del CNIO y autor principal del trabajo que acaban de publicar en la revista «Nature Communications». «Nosotros demostramos por primera vez que la proteómica puede usarse para predecir la evolución de este cáncer de mama y para seleccionar combinaciones de parejas de fármacos candidatos a ensayos clínicos».

La validación de los resultados con 170 pacientes confirmó el valor de las seis quinasas como marcador. Aquellas pacientes en que ninguna de estas proteínas estaban activas tenían un 95% probabilidad de curarse, o al menos de no haber recaído 12 años después del tratamiento. En cambio bastaba con que sólo una de las seis quinasas estuviera activa para que el riesgo de recaída se multiplicara por 10. Estas seis quinasas se pueden inhibir farmacológicamente, y contra algunas de ellas ya hay fármacos en uso. Es más, para probar la relevancia clínica de su hallazgo los investigadores estudiaron en xenoinjertos y en xenoinjertos derivados de pacientes –tumores de pacientes trasplantados a ratones– la actividad antitumoral de 15 combinaciones distintas de fármacos, y hallaron combinaciones en que se consiguió una «prometedora actividad antitumoral».