Boxeo
La Razón

Me estoy quitando

Época de verano, de vacaciones, toca alguna cenita para saltarme y darle la vuelta a la maldita dieta. Restaurante gallego donde siempre que me dejó caer quedo atrapado en las garras del pescado y del buen albariño. Lubina a la Navarra y unos mejillones a la marinera, la marca del vino no la expongo pues desde que rozo la instagramermanía me hago valer. Estas cenas se dilatan bastante en el tiempo lo que me da lugar a mirar un poco a mi alrededor, cotillear que diría aquel... unas ocho mesas ocupan la fantástica terraza con vistas al mar de las cuales, seis con niños. Diversidad de edades pero con algo en común, qué curioso: todos los críos en una misma postura, cabeza abajo con cuello laxo y mirada a la mesa. Mira que eché ojeadas y no conseguí ver los ojos a ninguno de los pequeños en ningún momento.

Simultáneamente los padres ni se preocupaban de la cruel postura adoptada por sus pobres vástagos... ¡Vaya! Estos chiquillos son carne de fisio en los próximos días, si estoy yo así una hora me quedo sin mover el cuello tres días... Pero parece ser que los progenitores prefieren la flagelación vertebral de sus peques a que les anden turbando su paz gastronómica, ¡error! Que tú sosiego alimenticio no hipoteque el futuro psicológico de tus hijos, así, como suena, sin vaselina. No podemos sacrificar las conductas futuras de ellos por nuestros placeres banales. Lo primero de todo es asumir que somos padres y por tanto tenemos una responsabilidad, la de educar a nuestros niños. Si no aceptamos esa misión mal vamos, no me gusta oír que la educación se labra en el colegio, ¡otro error!

Los valores que son el sustento firme de una buena educación se absorben en casa, principalmente de los padres. Así que en el rol de comandantes de la familia debemos de coger el toro por los cuernos.

Los aparatos electrónicos y las redes sociales no son malas, nada más lejos de la realidad, lo nefasto es su mal uso y los que tenemos que ser generosos en el esfuerzo de indicarles por el buen camino de su uso somos nosotros.

Os aseguro que tenerles desconectados en presencia de otras personas enganchados a estos aparatos no es el buen sendero.

Porque quien lo hace en una cena, lo hace en casa para evitar que no moleste el niño. Le quitamos la posibilidad de estar en el aquí y el ahora, en el participar en las conversaciones aunque sea de oyente y así poder interactuar con personas más mayores. Le provocamos perder estimulación a cambio de una anestesia constante que con el tiempo nos harán pagar. Los niños tienen que aburrirse, a veces en ese sopor esta la llave de la creatividad y con nuestros comportamientos les estamos evitando la búsqueda de algo más.

No voy a entrar en elementos químicos como la segregación de dopamina a nivel cerebral pues eso es harina de otro costal, pero la capacidad de enganche que estos elementos provocan a nuestra prole desembocará en un mar de futura frustración.

Y que no sólo afecta a nuestro retoños, mirémonos el ombligo ¿quién no tiene un móvil parecido a un plasma con llamadas? ¿quién no tiene alguna red social? ¿cuánto tiempo perdemos en ellas? Si el periodo que estamos a diario en el móvil o en las redes lo utilizáramos para leer, el nivel de cultura de este país se elevaría estratosféricamente e incluso no estaríamos tan anestesiados política y socialmente... Ya lo dijo Unamuno “cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.

Pero yo no estoy escribiendo esto en el teléfono, no redacto esto para colgarlo en una red social, no estoy de vacaciones y no me había prometido no tocar el móvil ni bucear por mis redes, no, no, no... nada más lejos de la realidad. Tampoco me escondo de vez en cuando a ver cómo van mis cuentas para evitar la mirada homicida de mi querida esposa diciéndome con los ojos: te corto la mano. No que va... Para nada.

Nótese la ironía.

Pero les digo una cosa, lo llevo bien, lo hago por trabajo, no por la necesidad imperiosa de un like, a ver si va a estar pasando algo importante y no me entero, que mi primo está en la playa, que mi vecino en la montaña y que mi carnicero ha puesto una frase de la ostia.

Pero os lo digo, no, no, no, mejor lo escribo en mi muro.

Os juro por lo más sagrado que me estoy quitando.

Postdata: Estoy escribiendo esto en el baño escondido, guarden mi secreto.