Hogar
La Razón

Gracias por la familia

Carmen Serrano

Llega el verano y, con él, las rebajas, los abuelos cuidando de los nietos en los parques, los estudiantes volviendo de Erasmus y los viajes de vacaciones regresando al pueblo. Son días inicialmente intensos y complejos, en los que los obstáculos existentes para alcanzar un nivel adecuado de conciliación laboral, personal y familiar en nuestra vida diaria sólo pueden ser superados acudiendo, una vez más, a nuestra familia. Son días después, una vez ya de vacaciones, para desconectar del estrés diario, para abandonar el mundo virtual, para volver con los nuestros, para recuperar el significado del mundo analógico.

Este verano encontramos también otras historias sobre la familia. Por una parte, expresiones más amables, como el emocionado discurso de agradecimiento de Mariano Rajoy a su familia, especialmente a su esposa, en su despedida a la vida política. Un sueño que sólo fue posible gracias al apoyo, poco visible y muchas veces apenas valorado, de su familia. Porque hoy en día sigue siendo necesario elegir, realizar sacrificios, entre la vida personal y familiar y la vida profesional. Alcanzar el éxito profesional tiene un importante coste personal y familiar que casi siempre pasa desapercibido. Y viceversa. Ojalá algún día no sea necesario elegir.

Por otra parte, dentro de la cara más amarga de la dura realidad, atisbamos con esperanza la posibilidad de poner fin a la pesadilla de cientos de niños separados de sus familias como consecuencia de la política migratoria en Estados Unidos. Con el corazón encogido hemos escuchado los lamentos y llantos de niños separados de sus padres, que entraron de manera irregular en territorio norteamericano, niños que eran desesperadamente buscados por sus tías, por sus primos, por sus familiares, y cuyo drama parece (esperamos) tener los días contados. Desesperación que lamentablemente se repite en los campos de refugiados repartidos por tantos países, en cada patera que llega a las costas del sur de Europa. Historias de desesperación de familias que lo abandonan todo huyendo del terror y la muerte, de la desolación de las bombas, de la condena del hambre, buscando un futuro mejor para los suyos. Historias de hombres y mujeres que se lanzan al mar buscando un sueño que muchas veces se verá roto, perdido en la inmensidad del Mediterráneo. Ojalá algún día los sueños no nos obliguen a abandonar nuestra familia, nuestro país.

Como nexo de unión de todas estas historias, la familia, pilar esencial de nuestra (mi) vida. Porque la familia es la raíz del árbol que nos permite no perder el contacto con nuestros orígenes, con nuestro pasado, mientras desarrollamos alas que nos permitan volar hacia nuestro futuro. Es la fuerza que nos ayuda a superar los obstáculos, ese puerto seguro en caso de tormenta, la brújula con la que recuperar el sentido y el rumbo. La familia, tan plural y distinta, pero siempre necesaria. La familia, de sangre y de corazón, esa parte importante de nuestros sueños y proyectos. A los abuelos y abuelas, felicitarles por su día este 26 de julio.

Disfrutad de la familia, europeístas. Feliz verano. Volvemos en septiembre.