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La Razón

Puig abriga a los independentistas

Tres largos años llevo denunciando que los pactos anti-PP no escondían detrás nada más (y nada menos) que un discurso de odio, rupturista con España y de ocupación del poder sin tener en su punto de mira el bienestar ciudadano. En esos ya casi cuarenta meses en los que el tripartito formado por PSOE, Compromís y Podemos dirige los destinos de la Comunidad Valenciana se nos acusaba a los populares de exagerar pero el transcurrir de los días, a buen seguro, demuestra que nos quedábamos cortos.

La llegada a la Moncloa de Pedro Sánchez, en manos de socios de parecido cariz, en unos casos, o miméticos, en otros, no ha hecho más que acelerar las consecuencias del caos implantado previamente a nivel autonómico allá donde los “gobiernos del cambio” han abdicado de sus responsabilidades públicas.

Y he aquí que la convivencia, uno de los principales tesoros de la Transición, está en riesgo. La fractura en Cataluña es patente y Sánchez deja hacer a los políticos independentistas y a sus fervientes seguidores callejeros que actúan con una creciente virulencia.

Compromís participa de las tesis independentistas de Puigdemont y Torra y ya no lo disimula. En realidad nunca lo escondió. Y tampoco queda un ápice de duda sobre la permisividad y connivencia del PSOE valenciano, al menos, de quien dirige sus destinos actualmente como es Ximo Puig. Ha tenido que ser la segunda autoridad autonómica, digo bien, ¡la segunda!, la que explicite aún más esa realidad.

Enric Morera, presidente de las Cortes Valencianas, ha pretendido recuperar protagonismo dentro de Compromís y para ello ha expresado en público que: “No tiene ningún sentido ni base jurídica mantener en prisión preventiva a los ex consellers catalanes”. Esto es, que la segunda autoridad institucional de la Comunidad Valenciana apoya el proceso independentista, afirma la existencia de presos políticos y esboza que los jueces prevaricaron en esta causa.

Tamaña barbaridad no puede manifestarla el presidente de las Cortes autonómicas sin que el presidente de la Generalitat y líder del PSOE valenciano, Ximo Puig, lo censure. Pues sí, Puig y también Mónica Oltra, defienden a Morera amparándose en una libertad de expresión que, obviamente tiene, pero que en ningún caso puede representar a la institución que conforman todos los valencianos.

Quim Torra también hacía uso de su legítima libertad de expresión hace unos días y aseguraba que no aceptará ninguna sentencia que no sea de absolución. Estas expresiones son la muerte del Estado de Derecho y de la democracia representativa. Y más que libertad de expresión dibujan un pensamiento totalitario.

Esa desazón que invade a los ciudadanos de Cataluña quieren trasladarla a la Comunidad Valenciana personas como Morera bajo el paraguas y el abrigo de Puig. Inaudito para un PSOE donde hay dos almas cada vez más irreconciliables. Escuchar a Susana Díaz y a Ximo Puig reflexionar sobre la unidad de España revela esas antípodas ideológicas de quien cree en un proyecto nacional y quien da alas a los independentistas.

Pedimos la reprobación de Morera en la Cámara autonómica. Por decoro. Y por defender a los ciudadanos de la Comunidad Valenciana que nada tienen que ver con la deriva independentista e intervencionista de sus actuales dirigentes.

Los valencianos se merecen que Puig disuelva las Cortes y permita que ellos elijan entre estabilidad o pactos de perdedores que en tres años solo han ofrecido caos y desgobierno. Ahora los socios de gobierno se pelean por conservar sus sillones pero llegado el momento volverán a juntarse para continuar con su única hoja de ruta: la catalanización de la Comunidad Valenciana que en esta legislatura se ha visto con especial relevancia en la educación y en las subvenciones a entidades independentistas.

No es casual que un emblema de la ciudad de Valencia como la Estación del Norte haya amanecido esta semana llena de lazos amarillos y es que manifestaciones como las de Morera abrigan estas actitudes que, si queremos mantener la convivencia, debemos erradicar desde el principio.

Puig es el presidente de la Generalitat y debe defender a esta tierra, condenar estas actitudes y dejar clara su apuesta por el civismo y la unidad de España. Si no es capaz debe dejar paso al PP que ya ha demostrado tener agallas y principios para mantener esa defensa de los valores que nos llevaron a un periodo de prosperidad y que ahora, de nuevo con el PSOE en el Gobierno, amenaza con retroceder.

Hay síntomas preocupantes y no deberíamos relajarnos porque el contexto internacional no va a hacer de tractor de un país débil. A simple vista observamos la elevadísima destrucción de empleo como la del pasado mes de agosto; enfrentamientos ciudadanos en Cataluña; efectos perniciosos de la subida de la factura de la electricidad y también de los impuestos de Pedro Sánchez (que ahogará a las empresas y a los autónomos); la asunción de tesis independentistas por políticos en Baleares y Comunidad Valenciana; erráticas políticas migratorias; eliminación de la libertad de elección en educación y sanidad... Demasiados flancos abiertos.

Por ello, hay que tomar nota y garantizar la pervivencia de los valores democráticos y evitar tics autoritarios que los españoles no merecen. El PP trabaja duro para conseguir que nuestro Estado de Derecho y el bienestar queden blindados frente a tanta provocación, desafío e incapacidad.