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La Razón

España, la camisa blanca de mi esperanza que José María Íñigo tiñó de color

Por Luis Miguel Belda

Si en su momento un directivo de TVE hubiera dejado en manos de José María Íñigo ponerse al frente de la Carta de Ajuste, hasta a esa popular e inerte carátula le hubiera dado una vuelta el que, sin duda alguna, ha sido uno de los periodistas de televisión más disruptivos de la historia de la televisión en España. Cuando fallece quien ha destacado en su profesión, y si es alguien popular mucho más, corremos el riesgo de incurrir en un exceso de alabanza a toro pasado. Pero, como periodista y, sobre todo espectador, tengo la feliz sensación de que a José María Íñigo se le reconoció en vida todo lo que aportó a la profesión, pero en particular a la convulsa sociedad de su tiempo. Él mismo lo admite en uno de sus libros: “Sí, siempre he tenido el cariño de la gente”. Si con Hermida subimos a la Luna a través de la televisión, con Íñigo pisamos de nuevo la Tierra, entre bromas y veras, entre la necesidad de cerrar heridas y la oportunidad de construir algo nuevo, en un tiempo en que la televisión era el espejo en el que España se asomaba a sí misma.