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Jorge Vilches,Almudena Negro

El voto de Clara Campoamor

Editorial Renacimiento ha reeditado, con prólogo de Blanca Estrella Ruiz Ungo, “El voto femenino y yo: mi pecado mortal”.

Cuando en 1888 nació en Madrid Clara Campoamor el analfabetismo femenino rondaba el 80%. Aunque ella, hija de una costurera y un contable que fallecería cuando la niña tan solo tenía diez años de edad, lo superó gracias a su curiosidad innata. Ganó una oposición a auxiliar del Cuerpo de Telégrafos, pero siguió opositando, obteniendo en 1914 otra al Ministerio de Instrucción Pública que le permitió regresar a la capital. Diez años después, en 1924, se licenció en Derecho. Fue la segunda mujer española en inscribirse en el Colegio de Abogados. Lo hizo un mes después de Victoria Kent, su gran rival del PSOE, que se opuso al voto femenino aquel histórico 1 de octubre en 1931, día en que Campoamor se dirigió a España desde la tribuna del Congreso femenino para reclamar el sufragio universal. Algo que consiguió gracias a 161 votos.

Pese a ser hoy un icono de la izquierda, lo cierto es que Campoamor se definía a sí misma como demócrata, republicana, liberal y humanista y abjuraba del comunismo. Tampoco se consideró jamás feminista. A tal punto llegó su distanciamiento con la izquierda que huyó de España por miedo a que la matasen. Jamás regresaría y moriría de cáncer exiliada en Lausana (Suiza) en 1972.

Ahora, Editorial Renacimiento ha reeditado, con prólogo de Blanca Estrella Ruiz Ungo, “El voto femenino y yo: mi pecado mortal”, un libro que retrata la apasionada y brillante campaña de Campoamor a favor del derecho de la mujer al voto.

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