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Neil Simon, la luz se apaga en Broadway

En la segunda mitad del siglo XX, Simon fue el dramaturgo más exitoso y prolífico del teatro estadounidense. En sus obras abordaba los temores a los que se enfrentaba la clase media de aquella época.

Neil Simon amonedó el éxito, lo convirtió en algo de uso corriente, como el dólar, el euro o las rupias. Su nombre era una de las luces de Broadway, uno de los tipos que acuñaron la leyenda teatral que hoy atrae a cientos de turistas, aunque el público jamás se preguntara por las raíces de su ingenio. En esas décadas sin psicólogos ni recetas de Prozac, Simon, que falleció ayer a los 91 años, acudió a la comedia como antiestamínico para paliar el vendaval de mugre y pobreza domiciliaria que rodeaba su infancia, lo que da la medida del fuste de aquella gente del Bronx, de la que esta sociedad, con tanto depre y alicaído, debería tomar buena nota. El escritor había nacido en los años treinta, cuando Al Capone aún dirigía esa Babel de alcohol y ametralladoras que se montó por Chicago y alrededores. Creció en el seno de una familia de origen judío, pero de padres malavenidos, de los que, al menos, recibió en legado esa mirada escéptica sobre las mundanidades que después trasladaría a los textos. Valle-Inclán, un gallego extraño que decía lo que pensaba, a diferencia de otros, apuntó «que solo en español se puede meditar a gritos» al referirse a determinado teatro. Pero Neil Simon acuñó un humor de tono suave que arrancaba de lo habitual, lo inmediato, y que le dio mucho juego para reflejar las contradicciones de la intimidad, que es lo que aflora en «Descalzos por el parque», ese «rompetaquillas» con Robert Redford y Jane Fonda, que tomaba la casa como desventura de los recién casados, como «arruina-pasiones», adelantándose así al planteamiento exagerado de «Esta casa es una ruina», con Tom Hanks. Lo mismo hacía con «La extraña pareja», protagonizada por Jack Lemmon y Walter Matthau, sacando así a relucir las frustraciones de compartir piso y planteando la convivencia como una guerra de temperamentos. Neil Simon, que alcanzaría reconocimientos más altos con «Perdidos en Yonkers», una de sus obras esenciales, y «Rumors» daba alas así a una comedia de clase media, la que, en definitiva, acude al teatro, que le brindó mucho prestigio y le sirvió para adentrarse en la charca de la tele y saltar al cine, donde rubricó guiones como el de «Un cadáver a los postres», una parodia de los detectives y las novelas policiacas que contaba con la presencia de Truman Capote y que, en medio de este «boom» del género negro, no estaría nada mal recuperar.

El dramaturgo Kristoffer Díaz dijo simplemente: "Esto duele".

Los éxitos teatrales de Simon incluyen "The Prisoner of Second Avenue", "Last of the Red Hot Lovers", "The Sunshine Boys", "Plaza Suite", "Chapter Two", "Sweet Charity" y "Promises, Promesas, "pero también hubo otras obras de teatro y musicales, más de 30 en total. Muchas de sus obras fueron adaptadas al cine y una, The Odd Couple, incluso se convirtió en una popular serie de televisión.

Simon recibió cuatro premios Tony, el Premio Pulitzer, los honores del Kennedy Center (1995), cuatro premios Writers Guild of America, un premio de trayectoria de los premios American Comedy Awards y, en 1983, incluso tuvo un teatro de Broadway con su nombre cuando Alvin fue rebautizado como el Teatro Neil Simon.

En 2006, ganó el Premio Mark Twain de humor estadounidense, que honra el trabajo que se basa en la experiencia estadounidense. En una entrevista de 1997 con The Washington Post, Simon reflexionó sobre su éxito. "Sé que he llegado al pináculo de las recompensas. No hay más dinero que alguien me pueda pagar del que necesito. No hay premios que puedan darme que no haya ganado. No tengo ninguna razón para escribir otra obra, excepto que estoy vivo y me gusta hacerlo ", dijo.