Teatro
Julián Herrero

Cuidado, el inquisidor acecha

Desde México llega Jaime Chabaud al Corral de Almagro con su clásico contemporáneo «Divino Pastor Góngora».

Si hay un ejemplo claro de la etapa que estrena Almagro bajo el gobierno de Ignacio García es el que trae desde México «Divino Pastor Góngora». «El festival como puerta de entrada al teatro del Siglo de Oro en español, que no español a secas», se ha cansado de repetir el director desde que presentase su línea programativa. Y en esas aparece esta pieza del repertorio contemporáneo mexicano –bien controlado por García– para completar, junto a otros, la idea. Una obra que, a pesar de estar girando por el mundo durante 17 años y de llevar el apellido del responsable del «Manuscrito Chacón», nunca había pisado nuestras tierras. Su responsable, Jaime Chabaud, sabe el motivo: «Porque, aunque compartamos un mismo código lingüístico, seguimos siendo dos grandes desconocidos. Algo que pasa en toda Latinoamérica. Es triste lo solos que estamos cuando hablamos de nuestro teatro. Nos conocemos bastante poco», explica el autor del texto.

Así, Chabaud une en un mismo montaje a dramaturgos de acá y de allá, para goce de García: José Macedonio Espinoza, Lope, Calderón, Luis Sandoval... También Góngora, claro, aunque su protagonista poco tenga de ello. Lo mismo que del resto de su nombre: «Ni divino tu arte, ni pastor de ideas y lo de Góngora solo adorno te es», espeta el personaje al caer preso. «Conocí a un mimo que se llamaba así y enseguida lo vi». Un titiritero que encima de las tablas va pasando de «De lo fingido verdadero», de Lope, a «El alcalde Chamorro», de Espinoza: «Se mezclan las palabras de un lado y de otro» a través de una decena de monólogos que van y vienen. Lo hace un ficticio actor de la Nueva España del siglo XVIII en el que «habitan los 7 pecados capitales», dice, y que ahora ocupará el Corral de Comedias almagreño los días 17 y 18. Tras haberse codeado con lo mejor del mundo de la interpretación y haber logrado reconocimiento y fama, Divino Pastor (José Sefami) tiene que huir perseguido por un inquisidor obsesionado con darle caza. ¿Su pecado? Una vida licenciosa además de participar en los primeros círculos de conspiradores por la independencia de México.

«México rebelado»

Enlaza

aquí Chabaud con la Historia real –«pero sin pretender hacer historiografía porque el teatro no está para eso», se justifica– y con el «México rebelado» que fue censurado en 1792 por «exponer las atrocidades y torturas que llevaron a cabo los conquistadores españoles sobre la realeza indígena mexicana», comenta su autor. «Se generó un revuelo muy grande en su estreno porque se aprovechó la enfermedad del censor oficial para lograr la aprobación del sustituto que no sabía muy bien qué hacer –continúa–. La propia situación es de risa porque le pasan la comedia y no juzga bien». La obra en las tablas «para el enojo de los peninsulares y los aplausos de mestizos y criollos», añade de un veto que se terminaría consumando. Y Divino Pastor, en la ficción, como chivo expiatorio de una conspiración detrás de la obra en cuestión.

Arranca así el montaje desde la mazmorra provincial a la que ha ido a parar el supuesto Góngora y donde ahora espera las pisadas del inquisidor, con su consiguiente final. «Los tiempos del relato son en presente, pero pronto empieza un juego con los ''flashbacks'' en los que el espectador tiene que reorganizar los pasajes». En su azarosa huida, el protagonista representa, narra y canta fragmentos de su alucinante vida teatral junto a sainetes, canciones y otros versos de la época que revelan a un actor virtuoso, «pero también a un divertido antihéroe enamorado y sensual», presenta.

Encarna Sefami ahora la segunda etapa de un título que ha llamado la atención del propio dramaturgo por su evolución: «Me sorprendió que no fuese una trama tan específica como pensé en 2001, cuando monté la función para Carlos Cobos. Después la obra ha tenido mucha vida independiente y se ha traducido a cinco idiomas y viajado por Estados Unidos, Escocia, Colombia, Francia, Argentina...», recuerda Chabaud de un proyecto que se paralizó con la enfermedad, y posterior fallecimiento, de Cobos. «Luego, –habla el mexicano– José [Sefami] estuvo cocinando en su cabeza durante cinco o seis años llevar esto de nuevo a las tablas hasta que lo logró. Yo no pensé que lo consiguiera, pero sí».

Una etapa diferente que encara con un México «de izquierdas e ilusionante», explica Chabaud. «Cuando estrenamos Diego Fernández de Cevallos sonaba fuerte, un político conservador con un fuerte discurso contra el aborto y los homosexuales. Justo el mismo nombre de un inquisidor barroco que representó la intolerancia de Dios y los hombres ante la posibilidad de la inteligencia y la libertad». Ahí a donde pretende llegar Divino Pastor Góngora con sus representaciones. Por su parte, Jaime Chabaud lo tiene claro: «Esto se trata de jugar a hacer Barroco, por eso hasta me he inventado un lenguaje que suene como entonces», cierra.