Automovilismo
Javier Trinidad

A rueda: Salvaje Fernando

«Tengo ganas de disfrutar un poco de la vida que no he tenido en los últimos 18 años». Con esa frase, sacada del manual básico del deportista de élite que se retira, Fernando Alonso parece intentar transmitir que su adiós a la F-1 se va a traducir en algo así como en comprarse un rancho y contemplar las estrellas mientras recuerda con cierta nostalgia los tiempos en los que vivía peligrosamente. Y, la verdad, me cuesta mucho, muchísimo creerlo. Por mil razones, empezando por algo que vi ayer en el circuito de Silverstone, mientras ganaba por tercera vez consecutiva en el Mundial de resistencia, aunque luego fuera descalificado por irregularidades técnicas en su coche. Fernando tenía a tres coches delante de su Toyota, una curva se acercaba y las luces de freno de sus rivales se encendían. No las de Fernando. El asturiano adelantaba por el exterior de la curva a los tres en una maniobra salvaje, manteniendo la aceleración del coche, pilotando otra vez al límite. ¿Ésa es la actitud de alguien que está en el otoño de su carrera deportiva? No. El hambre sigue ahí.

Su plan

Fernando ha anunciado que en 2019 no correrá el Mundial de Fórmula Uno. Y punto. Ni ha dicho que se retira, ni que quiera dedicarse en exclusiva a otras categorías. Alonso, simplemente, ha abierto un paréntesis en su objetivo de lograr el tercer Mundial de su vida. La razón ya la sabemos: McLaren ha sido incapaz de darle un coche para luchar por el título y se ha cansado de esperar y poner buena cara. Así que como el resto de puertas ganadoras las tiene cerradas, da un paso atrás, se centra en lograr la triple corona (tiene entre ceja y ceja la victoria en las 500 millas de Indianápolis) y da un amplio margen a McLaren para fabricar una máquina con la que poder ganar el Mundial. ¿Un año? ¿Dos? ¿Cinco? Fernando Alonso esperará el tiempo que haga falta, pero volverá a la Fórmula Uno. Estoy seguro.