Consumo
Jesús Rivasés

España, a la cola de Europa en ingresos por impuestos al consumo

Equiparar estos tributos a la media europea elevaría la recaudación en 17.000 millones de euros

España es el segundo país de la Europa de los 28 que menos recauda por los impuestos al consumo y estaba a la cola de todos en 2004. Ahora, tan sólo Irlanda ingresa menos por ese concepto. Esa es una de las explicaciones de la brecha de recaudación fiscal entre España y otros países europeos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quiere abrir un debate sobre un sistema fiscal «justo» y conseguir «un sistema fiscal de primera para tener un Estado del Bienestar de primera». No obstante, la idea del Gobierno, a juzgar por los últimos globos sonda y sus propuestas desde la oposición, pasa más por tocar otros impuestos, como los del trabajo o a las empresas.

El sistema fiscal español presenta una particularidad con respecto al resto de Europa desde el inicio de la democracia y la reforma impulsada por Enrique Fuentes Quintana y Francisco Fernández Ordóñez. España, de forma recurrente, tiene unos ingresos fiscales varios puntos porcentuales inferiores –en relación con el PIB– con respecto a los principales países europeos. La paradoja aumenta por el hecho de que los tipos impositivos –incluido el IRPF– no son muy inferiores a los de otros países y, en algunos casos, incluso superiores. Algunos expertos alegan que existen infinidad de desgravaciones, pero la verdadera explicación es otra, como demuestra un informe de BBVA Research. No es el único. Conclusiones parecidas alcanzaba un estudio de Pablo Hernández de Cos –actual Gobernador del Banco de España– y David López Rodríguez.

Las grandes diferencias del sistema fiscal español frente al de las principales economías europeas se basan en tres puntos, según el documento de BBVA: «Baja imposición sobre el consumo, cotizaciones sociales elevadas y menor imposición sobre el trabajo, una vez excluidas las cotizaciones sociales». Los impuestos sobre el capital, sin embargo, están en línea con el promedio de los principales países de la UE. En definitiva, la diferencia estriba en los impuestos indirectos, mayores y con más capacidad de recaudar en los países punteros de Europa que en España.

Es el modelo de los tan «admirados» países nórdicos, como Dinamarca que, según BBVA «se caracteriza por una elevada imposición indirecta y bajas cotizaciones sociales». Hay datos sorprendentes. Desde 1995, España ha tenido en promedio una imposición de las cotizaciones sociales –suma de aportaciones de empresarios y trabajadores– superior en 3,5 puntos porcentuales a la media de las ocho mayores economías de la UE, un 22,9% frente a un 19,4%. Y en algunos países, las cotizaciones sociales no alcanzan ni tan siquiera el 2%.

La «diferencia» española, porque es el único país en el que ocurre, es la baja imposición sobre el consumo, que llega a ser 9,4 puntos porcentuales inferior a la media de los principales países de Europa (un 14,5% frente al 23,9%). España recaudó en 2016 por impuestos al consumo 105.225 millones de euros, el 9,4% de su PIB. Sólo con que hubiera llegado a la media europea de ese año, el 11,1%, la recaudación hubiera aumentado en más de 17.000 millones. Por último, los expertos del BBVA han analizado los efectos sobre la economía de un aumento de presión fiscal del 1% del PIB y concluyen que los impuestos «más distorsionadores» son los que recaen sobre el capital y las cotizaciones sociales y los que menos, los impuestos al consumo. No está claro, sin embargo, que el Gobierno comparta ese diagnóstico, como tampoco lo compartía el anterior que presidía Mariano Rajoy. Sin embargo, la brecha fiscal entre España y Europa está ahí.