Distribución
A. G.

La naturalidad y el amor convertidos en cosmética

MiVUB, una pequeña empresa valenciana de cosméticos ecológicos, es la idea de un joven con ganas de triunfar.

- Juventud, formación, una buena idea y una promesa que cumplir. Son los ingredientes que se unieron en la vida de Francisco Giner, un joven valenciano de 31 años, cuando en mayo de 2015 decidió crear su propia empresa. Quería poner en práctica todo lo aprendido durante su trayectoria académica, devolver así a sus padres el esfuerzo invertido en él, y hacerlo con algo sostenible, hermoso y, por supuesto, tratándose de una empresa, rentable.

El resultado, MiVUB, una pequeña empresa de cosmética ecológica cuya facturación crece ya a un ritmo del 30 por ciento interanual. Sus pasos son pequeños, pero firmes. A Francisco (Fran para sus allegados), el emprendedurismo le viene de familia. Su bisabuelo, su abuelo y su padre crearon sus propios negocios. «Supongo que lo llevo en el ADN», bromea Fran.

Posiblemente por eso tenía claro que las cosas se hacen bien desde el principio. Tenía claro que los productos de MiVUB debían de ser ecológicos cien por cien, su producción sostenible, libres de parabenos y respetuosos con el medio ambiente. Para ello debía de conocer de cerca a los proveedores. Junto a su padre, cogieron el coche y se dedicaron a visitar a los fabricantes más destacados del sector, todos ellos en España.

De aquel periplo, largo aunque muy fructífero, surgió la cartera de proveedores con la que cuenta en la actualidad, a la que respeta y agradece la confianza que depositaron en él cuando MiVUB era sólo un proyecto escrito en un pedazo de papel.

Después llegaron ellas, Paloma, Marta y Claudia, las empleadas que están día a día en la tienda situada en la emblemática Estación del Norte de Valencia. Pero no son sólo unas trabajadoras. Son el alma máter de la compañía, «pilares básicos», como las define el fundador. «Su profesionalidad y su disciplina han hecho que sigamos avanzando», asegura el joven, quien confiesa que ellas se encargan de muchos asuntos que él no puede atender por estar en el «back» de la compañía.

Jabones, cremas, maquillaje, pero también inciensos, velas y mikados. Son los productos que completan una tienda que no es sólo eso, relata, sino que es una «experiencia» en la que sumergirse con entrar en el local. «Huímos de los muebles de metacrilato, donde los productos están apilados; queremos que sea algo bonito, que recuerde a la naturaleza, que el comprador lo pueda tocar, oler».

La Estación del Norte fue elegida como localización por ser un enclave neurálgico, en el centro de la ciudad; un bello edificio, con otro aliciente añadido: un gran tránsito de personas cada día. Viajeros a los que han logrado fidelizar, que vuelven cada vez que otro viaje les espera, con encomiendas y nuevas demandas de productos. «Incorporamos cosas que la gente nos pide. Hemos llegado a introducir un nuevo producto en sólo 48 horas». Pero no sólo se acercan los viajeros, sino que también lo hace gente que vive en las proximidades de la estación y que también han descubierto ya los encantos de esta tienda.

Próximos pasos

Pero hay que crecer. La pequeña experiencia de MiVUB ha de seguir y lo hará pronto. El objetivo es abrir la próxima tienda en Valencia este mismo año. De hecho son varios los enclaves que ya se están estudiando. «Hay que pensarlo bien, estudiar el punto, la cantidad de gente que pasa...Por tí y por la gente que vas a contratar». Después de Valencia, quizá, por qué no, seguir ampliando horizontes, crecer en otras autonomías, pero despacio. «Roma no se construyó en dos días», asegura Fran, quien sabe ya que la paciencia y la perseverancia producen buenos frutos.

La venta «on-line» es otro de los pasos a dar. El comercio electrónico forma parte ya de casi todos los negocios y habrá que llegar también ahí. Pero, para ello, antes habría que conocer bien al público, a sus clientes, sus demandas y necesidades. «No tiene sentido que quieras mejorar el mundo sin antes haberlo conocido».