Unión Europea
Mirentxu Arroqui

Los Veintiocho quieren que la tasa Google esté lista antes de 2019

Se comprometen a llegar a un acuerdo por unanimidad pese a las recientes dudas de Berlín

Después de la tormenta, llega la calma. La primera sesión del encuentro entre ministros de Economía y Finanzas de los Veintiocho se vio ensombrecida por las dudas de Alemania sobre la imposición de la tasa a los gigantes digitales, la conocida como tasa Google. Una iniciativa patrocinada por las cinco grandes economías europeas: Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España. A pesar de este impulso, para que esta iniciativa pueda convertirse en realidad necesita la unanimidad de todas las capitales, un escenario poco probable en estos momentos. Por eso, que Berlín se baje del barco condena a esta iniciativa a la muerte súbita. No sólo eso: abre un nuevo frente en el eje franco-alemán en un momento de pesimismo sobre la reforma de la zona euro. En estos meses, el ímpetu europeísta de Macron se ha mostrado impotente para conseguir resultados tangibles.

En consonancia –aunque el acuerdo todavía no ha llegado y puede que llegue nunca– ayer se trataba de insuflar algo de optimismo. Para desatascar la situación, Francia propone poner en marcha esta tasa de manera provisional a la espera de que haya un acuerdo global. Pretende instaurar una «cláusula de extinción», según la expresión acuñada ayer por el ministro de Economía y Finanzas Bruno Le Maire. El propósito es convencer a los Estados más reticentes, como Irlanda, Suecia y Dinamarca. «Lo que hemos logrado hoy es el reconocimiento común de trabajar en una solución de corta duración hasta final de año, basada en la propuesta de la Comisión Europea», aseguró el ministro de Finanzas austríaco, Hartwig Löger, cuyo país ostenta la presidencia semestral de los Veintiocho y ha sido el anfitrión del encuentro.

La propuesta del Ejecutivo comunitario consiste en introducir un impuesto que grave el 3% de la facturación de ciertos servicios digitales, destinado a las compañías que facturen más de 750 millones de euros en todo el mundo y más de 50 millones en la UE. El propósito de establecer este umbral es no perjudicar a las pymes europeas con dificultades para competir ante el poderío estadounidense. Para la CE es también un motivo de justicia fiscal ya que las empresas digitales pagan una media del 9,5% en el impuesto de sociedades, frente al 23,2% de los negocios tradicionales.

Como modo de mostrar confianza en que esta iniciativa pueda salir adelante, ayer los titulares de Economía francés y alemán comparecieron ante la prensa, a su entrada a la reunión, de manera conjunta. A la salida, La Maire reconoció que su homólogo alemán mantiene «interrogantes» sobre varios asuntos como la base imponible y la dificultad de asegurar que los impuestos van a ser generados allí donde se generan los ingresos –no siempre coincide con la base física de la empresa–. El ministro de finanzas alemán reconoció la necesidad de seguir trabajando en la propuesta, aunque se unió al compromiso de llegar a un acuerdo antes de que acabe el año.

Dublín, temeroso de que Bruselas se entrometa en su laxitud fiscal, lidera la oposición. Peter Donohoe reconoció que algunos «países ven riesgos en su recaudación» y reiteró su oposición a que la UE introduzca esta medida de manera unilateral. Por su parte, el Ejecutivo de Sánchez, ha cogido el testigo de Rajoy y está dispuesto a introducir este impuesto, aunque todavía se desconocen los cálculos del Gobierno sobre cuánto dinero se recaudará.