El precio de los carburantes
Roberto L. Vargas

Una operación retorno con el combustible un 13% más caro que hace un año

Llenar el depósito de gasolina cuesta siete euros más que a finales de agosto de 2017 y de diésel, 8,15 euros

El fin de semana marcará el zénit de la operación retorno estival. La vuelta de vacaciones siempre es dura y a los que la hagan este año en coche se les hará más cuesta arriba todavía. Al menos para sus bolsillos. La gasolina y el gasóleo marcan esta semana precios un 12% y un 15% superiores, respectivamente, a los de hace un año. Según el último Boletín Petrolero de la UE, el precio medio del litro de super en España es ahora de 1,329 euros, frente a los 1,189 euros de hace un año. En el caso del diésel, ha subido desde los 1,067 euros hasta los 1,230 euros. Con estos precios, llenar un depósito medio de 50 litros de gasolina le cuesta ahora a un conductor español 66,45, frente a los 59,45 de hace un año. Hacerlo de diésel tiene un precio de 61,5 euros, cuando en la última semana de agosto de 2017 costaba 53,35 euros.

El encarecimiento de los combustibles ha corrido paralelo a la subida de su materia prima, el petróleo. A finales de agosto del pasado año el barril de Brent, de referencia en Europa, cotizaba a 50,88 dólares el barril. Ayer cerró en los 77,58 dólares, lo que representa un encarecimiento del 52%. Aunque el precio de los carburantes no depende en exclusiva del crudo, que viene a representar 18 euros de cada 50 euros que se repostan, según los cálculos de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), sí que impacta de forma importante en el mismo. En el último año, diversos factores han llevado al petróleo a escalar de forma tan pronunciada. El primero y más evidente es el impulso de la demanda después de un periodo de crisis que introdujo incertidumbre y echó el freno al consumo. Pero ha habido otros igual de decisivos, como el movimiento de los países de la OPEP y Rusia a comienzos de 2017 de retirar del mercado 1,8 millones de barriles diarios del mercado para contener el derrumbamiento de los precios que se estaba produciendo y cuyos efectos tardaron pero acabaron por notarse. Ni siquiera el poderoso rebrote de la producción de crudo mediante la técnica del “fracking” en Estados Unidos -se prevé un incremento del 10% para este año- ha podido detener una escalada de los precios a la que también ha contribuido la inestabilidad política. Al progresivo aumento de las tensiones entre EE UU e Irán con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se han sumado conflictos internos en Arabia Saudí. Los “hedge fund” también han aportado su grano de arena al aumento.